Después de casi dos décadas de pesimismo, América Latina ha entrado a una fase de progreso económico y crecimiento robusto, con un promedio de expansión anual del 4,7% entre el 2003 y 2008, el mayor registrado en cerca de treinta años. Ahora tiene el reto de impulsar empleo productivo e inclusivo, aumentar la productividad de una manera creíble y sólida.

Estos fueron parte de los enunciados que se expusieron el jueves y viernes pasados en Caracas, durante la presentación del estudio Visión para América Latina 2040, impulsado por CAF Banco de Desarrollo de América Latina.

“No hay receta mágica”, dijo repetidas veces Enrique García, presidente ejecutivo de CAF, sobre cómo mantener a largo plazo el crecimiento robusto que hoy tiene América Latina en un contexto de dura crisis en otras regiones como la Unión Europea; sin embargo, en declaraciones posteriores señaló que al final el problema en algunos países es político.

Enfatizó que el desarrollo no es función exclusiva de un solo actor económico, es una tarea de todos. “Los sectores productivos no se desarrollan solo con el Gobierno ni con el sector privado, hay que trabajar conjuntamente (...)”, agregó.

Según el estudio elaborado por Centennial Group, “ya logrados los equilibrios macroeconómicos y la estabilidad de precios por tanto tiempo eludidos, la región finalmente se enfocó en políticas y temas importantes para su crecimiento de más largo plazo y su bienestar”.

Pero no todo fue elogios para América Latina. En el análisis a largo plazo, el informe señala que la región aún sufre las disparidades más grandes del mundo y que está perdiendo a un ritmo constante –si no lo ha perdido ya– su larga trayectoria como región en desarrollo más avanzada y próspera.

El estudio reseña, a manera de ejemplo, que en 1981 América Latina representaba el 31% del PIB en los países en desarrollo. En el 2009 esa proporción había caído solo al 20%.

En general, se agrega que el aumento y disminución de la importancia de la región en la economía del mundo ha seguido los ciclos de precios de las materias primas en vez de reflejar un desarrollo sostenido y autogenerado.

Los datos sugieren que si se continúa cerrando la brecha de productividad e ingreso con las economías desarrolladas, la región se estaría ubicando en lo que se denomina “trampa del ingreso medio”, que se refiere a países que se estancan y no crecen a los niveles de naciones avanzadas.

Entre las conclusiones del estudio, analizado en un foro junto a editores de economía de medios de comunicación, con el apoyo de la FNI (Fundación Nuevo Periodismo Internacional), se señala que universidades y diversos actores busquen soluciones pragmáticas y no ideológicas. A la luz del ejemplo de Asia, se hace énfasis en la estabilidad y rendición de cuentas, en el buen gobierno corporativo, mejorar el capital humano con acceso a la educación; el ambiente de negocios y otros.

Perspectiva. Plazo: Mirando a largo plazo, el panorama no es tan halagador para la región. En 1965, América Latina representaba el 5,6% del PIB (Producto Interno Bruto) global.

Crecimiento: Cuarenta años más tarde, en el 2005, América Latina tenía apenas el 5,7% (a tipos de cambios de mercado).