La reactivación económica mostrada por la mayoría de los países de América Latina y el Caribe durante 2010, permitió que el desempleo en la región bajara 0,6 puntos porcentuales y se espera un descenso adicional de entre 0,2 y 0,4 puntos en 2011, según un informe conjunto elaborado por la Cepal y la OIT.

En el boletín Coyuntura Laboral de América Latina y el Caribe Nº 4, ambas instituciones señalan que las condiciones comerciales y financieras internacionales, así como el repunte de la demanda interna impulsada por las políticas macroeconómicas, generaron un crecimiento económico en torno a 6% para la economía de la región en 2010.

El documento indica que esta reactivación ha incentivado la generación de empleo formal, el aumento de la tasa de ocupación, el descenso del desempleo y la subida moderada de los salarios reales. Sin embargo, advierte que el desempeño de los países y subregiones ha sido muy desigual.

La publicación destaca que la recuperación económica no garantiza un crecimiento con trabajo decente a largo plazo. “Para reforzar la mejora de los indicadores laborales y generar más empleo productivo y trabajo decente, los países de la región deben fortalecer sus políticas macroeconómicas, mejorar la coordinación de políticas a nivel regional y global, identificar y eliminar cuellos de botella en el mismo mercado laboral y reforzar los instrumentos que promuevan una mayor igualdad”, señalan Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, y Jean Maninat, director de la Oficina Regional de la OIT para América Latina y el Caribe en el prólogo del boletín.

Específicamente, en el documento se subraya que la región –así como el mundo entero– enfrenta el reto de transformar su manera de producir, para desarrollar economías sustentables en el largo plazo. El cambio climático y el reto correspondiente de desarrollar y fortalecer maneras de producir y de consumir que sean bajos en emisión de carbono también afectarán la manera de trabajar.

Por ello dedica un capítulo especial a la generación de “empleos verdes”, definidos como aquellos que contribuyen de forma decisiva a promover el tránsito hacia una economía con menores emisiones de carbono con el fin de evitar los efectos irreversibles y peligrosos del cambio climático sobre las empresas y los trabajadores.

Aunque el debate en torno a este tema es relativamente reciente en la región, ya existen ejemplos concretos, como el caso de Costa Rica, que ha formulado una Estrategia Nacional de Cambio Climático que incluye la formación profesional en el ámbito de la gestión de recursos naturales.

En tanto, en Brasil se ha incrementado la producción de combustibles a partir de la biomasa y se están construyendo viviendas sociales con paneles solares. Asimismo, varios otros países de la región están avanzando en áreas como el ecoturismo, la agricultura sostenible, la infraestructura para la adaptación al cambio climático y la formalización de las personas que trabajan en el reciclaje de residuos domésticos.