El atractivo de China como principal destino mundial de las inversiones extranjeras disminuyó en 2012 por el freno de su economía y el aumento de sus costes laborales, y varios analistas vislumbran ya un cambio de tendencia que sitúa al gigante asiático más como inversor.

Según datos oficiales del Ministerio de Comercio, la inversión extranjera directa en China en 2012 sumó US$116.010 millones (unos 87.050 millones de euros), una cifra que, por primera vez en varios años, supone un descenso con respecto al año anterior, en este caso del 3,7%.

Durante la última década, el gigante asiático solamente registró una caída en la entrada de capital extranjero y fue en 2009 cuando la crisis financiera mundial hizo mella en las principales economías y también primeros socios de China (Estados Unidos, la Unión Europea y Japón).

Después de ese bache, las inversiones en el país aumentaron un 17,4 por ciento en 2010 y un 9,72 por ciento en 2011, una tendencia que se ha truncado este año, cuando el indicador ha caído de nuevo.

A pesar de que este revés puede atribuirse a factores temporales como la ralentización de la economía del país o la débil recuperación de otras, también existen factores de carácter estructural que están influyendo en la decisión de las empresas foráneas de instalarse en China, un mercado al que antes se abalanzaban y al que ahora se piensan más su entrada.

En declaraciones a Efe, la profesora de Dirección de Empresas y experta en inversión extranjera de economías emergentes de la Escuela de Negocios Ceibs, Zhang Yan, explica que el atractivo de China hasta ahora se basaba en una política favorable de las autoridades y en los bajos costes laborales, ya no tanto tras años de incrementos de más del 10 por ciento en las zonas urbanas.

"Estamos ante el comienzo de una nueva tendencia", asegura Zhang, quien apunta que desde 2004 las empresas chinas -especialmente las más grandes- aumentan la productividad y los mercados se vuelven más competitivos en China.

"Las compañías extranjeras ya no tienen tanta ventaja competitiva, lo que, junto al aumento de costes, hace que muchas busquen mercados alternativos", precisa Zhang.

Además, augura que "no se trata de una situación temporal" y que ahora las empresas chinas, alentadas por el Gobierno, están buscando invertir en una amplia gama de sectores en el extranjero, algo que los datos también reflejan.

El volumen de inversión directa que salió del gigante asiático se disparó un 28,6 por ciento en 2012 y alcanzó el récord de 77.200 millones de dólares (60.152 millones de euros), unas tasas que, de seguir así, confirmarían este mismo 2013 que la inversión saliente de China ya superaría la entrante.

"Es el momento de no depender tanto del exterior y cambiar hacia un mayor protagonismo de las empresas chinas", dice Zhang.

Los intereses de las firmas chinas se basan principalmente en los recursos naturales, en cuyo caso priman las inversiones en Latinoamérica y África, regiones abundantes sobre todo en energía.

En este ámbito, en 2012 destacó la compra de la canadiense Nexen por la petrolera china CNOOC -de propiedad estatal- por valor de 15.100 millones de dólares (11.765 millones de euros), una transacción que supuso la mayor adquisición de una empresa china en el exterior hasta el momento.

"También están muy interesadas en Europa y en menor medida en Estados Unidos, pero por cuestiones de búsqueda de nuevos mercados", señaló la experta.

Los analistas aseguran que, a pesar de los costes crecientes y la reorientación de la política económica exterior del país, se espera que en China siga manteniéndose como "la fábrica del mundo", principalmente debido a las economías de escala -ventajas en costes que se obtienen gracias a las enormes dimensiones- que varias industrias consiguen, por ejemplo, en áreas sureñas como Cantón.

Preguntada por si a largo plazo se puede esperar una deslocalización de empresas desde China hacia otros países, Zhang asegura que "las compañías que ya están aquí (en China) no se irán, pero las nuevas quizás dudarán más a la hora de instalarse".