China se ha transformado en un país de ingreso medio gracias a sus poco más de 30 años de reforma y apertura, en tanto lucha por construir una sociedad modestamente acomodada en todos los aspectos.

     Para lograr esa meta y el crecimiento sostenible, China tiene que enfrentar un desafío enorme, urgente e inevitable, como lo es la trampa del ingreso medio.

     Dicha trampa se presenta cuando un país de ingreso medio es incapaz de dar el próximo salto para convertirse en una nación de ingreso alto debido a problemas tales como la distribución injusta de los ingresos y la excesiva desigualdad de los mismos, lo que supone un obstáculo para su desarrollo económico y social.

     Estadísticas del Banco Mundial (BM) muestran que solo 13 de los 101 países y regiones que entraron en la etapa del ingreso medio en la década de los años 60 del siglo pasado lograron escapar a la mencionada trampa. Las cifras manifiestan además cuán difícil fue la tarea para China, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) per cápita alcanzó los US$4.920 en 2011, según el BM.

     Además, no existe un ejemplo a seguir para China, segunda mayor economía del orbe, ya que las 13 economías que lograron superar la trampa son mucho más pequeñas. Por eso, China debe innovar, teniendo en cuenta sus propias condiciones nacionales, para crear un camino de desarrollo sostenible apropiado.

     Sin embargo, la historia muchas veces se repite. China puede aprender de algunas experiencias típicas y comunes y las lecciones de quienes han estado en el mismo barco.

     En América Latina, los países atrapados han enfrentado en su mayoría cambios del ambiente externo y un lento crecimiento económico, así como una grave disparidad entre ricos y pobres, conflictos sociales visibles e intereses poderosos, pero a la vez desafiantes.

     Todos estos males afectan generalmente la ambición y el coraje de los gobiernos para emprender reformas, conduciendo a repetidos disturbios políticos y sociales.

     En un nivel superficial, el fracaso de esos países en su intento por lograr avances adicionales ha sido justificado por la insuficiente demanda nacional. Virtualmente, la verdadera causa radica en la injusta distribución de los ingresos y la excesiva disparidad de los mismos.

     El coeficiente de Gini, una medida de la desigualdad social, de las naciones latinoamericanas de ingreso medio que cayeron en la trampa en la década de los años 70, se mantiene muy por encima del nivel de advertencia de 0,4 establecido por las Naciones Unidas. El nivel está considerado además por expertos como el punto en que las tensiones sociales pueden detonar en una crisis.

     Cheng Siwei, presidente de la Asociación de Amistad China-América Latina, considera que algunos de los problemas enfrentados por los países latinoamericanos en el pasado son los mismos que encara ahora China, cuyo coeficiente de Gini ha sobrepasado los 0,4 puntos en el último lustro.

     Por otra parte, al mirar a los países de ingreso medio que pasaron con éxito a la fila superior, como Singapur y Corea del Sur, uno se da cuenta que todos han concedido gran importancia a la educación, la innovación tecnológica y la justicia social.

     El PIB per cápita de Corea del Sur se elevó a casi US$20.000 en 2010, de apenas 87 dólares en 1962. Sin embargo, su coeficiente de Gini exhibió un mero 0,33 en 1980 y 0,31 en 2010, según la revista The Economist.

     Las políticas adoptadas por el gobierno para promover la reforma tributaria, oportunidades iguales de educación, empleo y un sistema de seguridad social han reducido eficazmente las disparidades rural-urbana y de los ingresos, materializando un "crecimiento inclusivo".

     Todas las lecciones y experiencias destacan que un paquete de medidas políticas y sociales salvaguardará la justicia y mejorará la gobernación con el propósito de evitar la trampa del ingreso.

     En el proceso de transición, un gobierno debe desempeñar un papel de liderazgo y cumplir con su parte. El BM indica que un gobierno activo y eficiente es una de las cinco características comunes de las 13 economías para no caer en la trampa.

     Justin Yifu Lin, ex vicepresidente del BM, ha manifestado que los esfuerzos de los países en vías de desarrollo para alcanzar o superar a los desarrollados dependen de qué tan activo sea su gobierno.

     Consciente de los riesgos potenciales y comprometido a construir una sociedad socialista armoniosa y modestamente acomodada en todos los aspectos, el gobernante Partido Comunista de China (PCCh)estableció un plan de desarrollo en su XVIII Congreso Nacional, en noviembre pasado, para perseguir un crecimiento inclusivo más vigoroso, implementar de manera integral el imperio de la ley y salvaguardar la justicia social para hacer que el pueblo chino pueda disfrutar más y mejor de los beneficios del desarrollo.

     Tal campaña es impulsada constante y enérgicamente, y en las sesiones anuales de la Asamblea Popular Nacional (parlamento) y el Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (máximo órgano consultivo político), previstas para inaugurarse el 5 y el 3 de marzo, respectivamente, se discutirán las propuestas del PCCh con el propósito de convertirlas en políticas nacionales.