Universia Knowledge Wharton. La Unión Europea, el mayor mercado del mundo y que hoy representa más del 30% del PIB mundial, entrará en recesión el año que viene, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). A finales de noviembre, la OCDE pronosticó que la economía de la zona euro, constituida por 17 de los 27 miembros de la Unión Europea, experimentaría una caída del 1% en el cuarto trimestre y un 0,4% más en el primer trimestre del año que viene. Mientras, la economía de Reino Unido se contraerá un 0,03% y, posteriormente, un 0,15%.

La OCDE prevé que el crecimiento mundial retrocederá del 3,8% este año a un 3,4% en 2012 debido, en gran medida, a los problemas en Europa. Aunque se espera que el comercio mundial crezca un 6,7% para finales de año, la OCDE estima que los intercambios comerciales experimenten una caída del 4,8% en 2012.

Mauro Guillen, profesor de Gestión de Wharton, dice que la crisis de la deuda europea, y la inminente contracción de la economía mundial, jugarán un papel decisivo en la desaceleración del comercio. Como Europa tendrá menos dinero para gastar, la demanda de exportaciones en todo mundo caerá. "Europa es un gran mercado para todos", dice Guillen, añadiendo que la región representa un 50% de los ingresos de algunas multinacionales americanas.

Además del impacto sobre el comercio mundial, Guillen advierte de que las dificultades de Europa pueden llevar a una nueva inestabilidad en el sistema financiero internacional que restringiría el acceso al crédito asfixiando el crecimiento. Él destaca que J.P. Morgan Chase y Goldman Sachs revelaron recientemente a los accionistas que habían vendido derivados equivalentes a más de US$ 5 billones de deuda global. Pero las dos instituciones financieras no especificaron cuánto de ese montante fue emitido por los países europeos con problemas de deuda soberana, como Grecia, Italia y España. "Todo hace suponer que parte de ese total está formado por la deuda de países de Europa", dice. "Por lo tanto, sin lugar a dudas no se trata de algo bueno".

Franklin Allen, profesor de Finanzas de Wharton, teme también que una crisis bancaria en Europa pueda desencadenar un nuevo tumulto en los sectores financieros mundiales, inclusive en EEUU. El nivel de preocupación en ese sentido ya está cerca del que se vivió en 2008, cuando Lehman Brothers se derrumbó dando lugar, a continuación, a la crisis financiera mundial. "La diferencia ahora es que no se ha producido un evento semejante al de Lehman. Sin embargo, si un banco de gran tamaño como UniCredit [en Italia], BNP Paribas o Société Générale [de Francia] quebraran, tendríamos un gran problema".

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 "Crecimiento muy lento". Tras la pasada cumbre de la UE en Bruselas, los días 8 y 9 de diciembre, los políticos de la zona euro anunciaron nuevas medidas conjuntas para poner fin a la crisis, y reforzar la disciplina presupuestaria. Sin embargo, según Allen, cada vez que se anuncia un nuevo plan, las autoridades políticas admiten que será una tarea compleja y difícil llegar a un acuerdo con cada uno de los miembros de la zona euro y poner en práctica un plan de recuperación que sea ampliamente exitoso.

Aunque los efectos colaterales de una recesión en Europa sobre las exportaciones americanas preocupen menos que una posible crisis bancaria, aún así se sentirá el impacto. Howard Pack, profesor de Negocios y Políticas públicas de Wharton, dice que una caída de la demanda europea se sentirá porque la recuperación que está teniendo lugar en EE.UU. es muy frágil. "EE.UU. está creciendo despacio. Por lo tanto, una posible recesión en Europa no será un problema", dice Pack. Allen también cree que una recesión en Europa transformaría lo que se consideraba un crecimiento de ritmo lento a moderado en EEUU en un "crecimiento muy lento".

Según Pack, las dificultades económicas de Europa podrían provocar la devaluación del euro, lo que haría más difícil para los fabricantes americanos comercializar sus bienes en Europa, ya que serían relativamente más caros que los fabricados en la UE. Por otro lado, dice, el mercado bursátil americano podría atraer nuevas inversiones de inversores europeos preocupados por la fragilidad de la economía local.

Un informe divulgado en noviembre por la gestora de activos AllianceBernstein muestra que una caída de las exportaciones a Europa afectaría a la economía americana, pero no sería muy drástica. El informe señala que la cuota de bienes americanos exportados a Europa pasó del 19%, a principios de los años 90, a un 13% hoy en día. Si Europa redujera en un 10% las importaciones de EE.UU., la reducción de la producción americana sería sólo del 0,2%, señala el informe.

China: un impacto real. Desde que el colapso de Lehman Brothers desencadenara la crisis financiera mundial, en 2008, buena parte de las expectativas en torno al crecimiento económico mundial se fijó en China. Ahora, sin embargo, ni incluso los chinos se muestran tan entusiasmados como antes. Una recesión en Europa podría sofocar la economía china, lo que tendría efectos desastrosos para los mercados globales.

Marshall Meyer, profesor de Gestión de Wharton, dice que aunque la mayor amenaza para la economía americana sea una recesión en Europa, lo que llevaría al contagio financiero por medio del sistema bancario, los grandes bancos estatales chinos "no se verán afectados" por las complicaciones de la deuda europea. Por el contrario, el impacto de una posible recesión tendría lugar en la economía real china.

La ausencia de crecimiento, o el crecimiento lento de la Unión Europea —mayor socio comercial de China— reduciría las exportaciones chinas, lo que podría tener como resultado el cierre de empresas y despidos en el país. Meyer cita cifras relativas al coste de los gastos de envío de Clarkson Securities, empresa londinense de servicios de corretaje del sector, según las cuales la demanda en Europa es hoy en día bastante más débil que, por ejemplo, en EE.UU. De septiembre a noviembre, el precio del envío de los productos chinos a Europa cayó un 39%, frente a un 18% de China a EE.UU.

 

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 Una caída significativa del empleo en China, advierte Meyer, provocaría protestas y agitación social, lo que desde hace tiempo despierta el temor de las autoridades de Pekín. "La mayor preocupación de la economía china no es la economía financiera. Es siempre el estado del espíritu de los trabajadores", dice Meyer. El Gobierno no "quiere incidentes a gran escala en el país, y las últimas cifras muestran que la inquietud ya ha adquirido proporciones descomunales".

Según Meyer, la crisis en Europa acentúa la necesidad de que China rompa con su modelo económico de activos fijos orientados hacia la exportación incentivando mayores gastos por parte de empresas y consumidores en el mercado interno. Sin embargo, añade Meyer, China es un país de gente que ahorra, y mientras las reformas embrionarias de la red de seguridad social nacional del Gobierno no se consoliden, es poco probable que los chinos cambien. El mayor volumen de gastos internos podrá también ayudar a estimular la industria china a innovar más y a desarrollar nuevos productos, en vez de concentrarse en la producción de volúmenes elevados y productos de bajo valor, dijo. Es difícil decir qué políticas adoptará China después del cambio de liderazgo en Pekín el año que viene. "La previsión es de que el Gobierno actual se extienda a lo largo de 2012", dice Meyer. "¿Después de eso? Nadie lo sabe".

Perder lo mínimo. Respecto al resto del mundo, Allen dice que la India tiene poco que perder con la recesión europea. Al igual que China, las perspectivas de crecimiento de la economía india son más esperanzadoras que en otros lugares, sobre todo porque el país es relativamente independiente de otras partes del mundo, inclusive de Europa.

Mientras, Pack dice que los países productores de commodities de América del Sur y de África no podrán vender directamente a Europa, y se verán perjudicados por la disminución de la demanda de los fabricantes chinos debido a la recesión en Europa.

Guillen dice que Rusia y otras naciones de Europa central y oriental, más próximos a la UE, pero que no pertenecen a la zona euro, dependen en gran medida de sus vecinos occidentales y se verán perjudicados por la disminución en el volumen de exportación de gasolina y de commodities.

Otros coinciden con este punto de vista. La profundización de la crisis en la zona euro "debería llevar a buena parte de la Europa emergente a la recesión en el transcurso del año que viene", según una nota de investigación del 7 de diciembre de Capital Economics, empresa de investigaciones de Londres. La nota hace referencia no sólo a una caída en el volumen del comercio, sino también a la disminución de los flujos de capital lo que afectaría al sector bancario. "Las vulnerabilidades del sector financiero indican que los riesgos de recesión son mayores en Hungría, Ucrania y en los Balcanes, de hecho, en última instancia, podría ser necesaria la ayuda del FMI para evitar una crisis financiera externa en todas esas economías".

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 En el ámbito de la zona euro, el impacto de la recesión repercutirá más allá de la frontera de los países. "En el caso de las naciones que se encuentran más en la periferia, como Grecia y Portugal, no se trata de buenas noticias", dice Allen. "Sus problemas se intensificarán. No creo que sea bueno para Italia y España". Incluso las economías de Francia y de Alemania se verán afectadas a medida que la recesión vaya penetrando en el continente, añade Allen.

Crece la impaciencia. A principios de diciembre, los mercados festejaron cuando la Fed comenzó a trabajar en asociación con el Banco Central Europeo, Banco de Inglaterra, Banco de Japón y Banco Nacional de Suiza para inyectar dinero en los bancos europeos. Guillen dice que tal acción coordinada por parte de los bancos centrales muestra que está creciendo la impaciencia con los políticos y con su incapacidad de resolver los problemas de la deuda soberana de los países de la zona euro.

Para Guillen, las dificultades de la deuda europea son una continuación de la crisis que sacudió profundamente a EEUU en 2008. Pero debido a que la recuperación de las economías mundiales ha sido más precaria de lo que se esperaba, los gobiernos están bajo fuerte presión en su tarea de gestionar economías muy endeudadas y con déficit de ingresos debido al desempleo y otros factores propios de la crisis. En muchos países, eso significa, probablemente, una ola de nuevas medidas de austeridad. El temor a una posible recesión "lo empeora todo", dice Guillen. "Se trata de un fenómeno dinámico que se retroalimenta. Tengo la impresión de que las personas tienen unas expectativas muy tímidas respecto al futuro de las finanzas".

Guillen añade que por mínimas que sean las noticias sobre la resolución del problema de la deuda en Europa, la tendencia es que se produzca un pequeño rally en los mercados financieros, pero eso parece desvanecerse rápidamente cuando surgen nuevos obstáculos. "Las personas son muy optimistas, sin embargo hay problemas de fondo: los políticos en Europa, en EEUU y en Japón", evalúa Guillen. "Ellos necesitan llegar a un acuerdo y dejar de conformarse con soluciones parciales".

Según Guillen, el modo ideal de lidiar con la situación financiera de Europa consistiría en poner en marcha programas de austeridad intentando al mismo tiempo evitar las caídas de los ciclos de negocios. Economías más sólidas, como las de Alemania y de China, podrían seguir gastando, mientras las economías más endeudadas buscarían resolver sus dificultades a través de los programas puestos en práctica.

Pero el problema es paradójico, dice Guillen. Recortar gastos a corto plazo reducirá la deuda, pero empeorará la recesión y agravará aún más las dificultades económicas de largo plazo. "Sería mejor implantar políticas que favorecieran el equilibrio fiscal y redujeran los déficits presupuestarios en un plazo de cinco a diez años". Pero para el año que viene, y posiblemente para 2013, el objetivo debería ser obtener estímulos fiscales que estabilizaran las frágiles economías nacionales y los sistemas bancarios en apuros. "Cuando la economía comience a crecer, será más fácil", prevé Guillen. "Intentar hacer todo en poco tiempo no sólo es difícil; es también trabajar a favor de la propia derrota". Pack dice que la incertidumbre es grande, ya que no está claro el grado de severidad de la recesión que golpeará a Europa. En general, desde la Segunda Guerra Mundial, las recesiones tuvieron como resultado una caída de un 3% a un 5% del PIB nacional. La mayor parte de ellas, sin embargo, fueron inducidas por gobiernos que intentaban reducir la inflación. "En un escenario como el actual, cuando no se tiene certeza de la solidez financiera de los bancos y los gobiernos promueven grandes recortes en el gasto público, la magnitud exacta" del impacto de la recesión es difícil de prever.