Universia Knowledge Wharton. Hace diez años, Colombia estaba luchando contra la inestabilidad política y social, una economía débil y la violencia generalizada. Con inversiones directas externas (IDE) en torno a los US$2.000 millones de 1999 a 2003, era evidente que la comunidad financiera internacional no consideraba que el país fuera un buen lugar para invertir capital. Pero con la elección del presidente Álvaro Uribe, en 2002, Colombia decidió hacer frente a la cuestión de la violencia y de la seguridad nacional sentando las bases del boom económico que ha tenido lugar en el país en los últimos diez años.

Durante su mandato, Uribe se empeñó en cambiar la imagen negativa que la comunidad internacional tenía de Colombia reduciendo de forma drástica la violencia y atacando el problema del narcotráfico en el país. En 2002, Colombia lideraba la tasa de homicidios per cápita en América Central y del Sur. Estadísticas recientes de la ONU, sin embargo, muestran que ha habido una reducción de más del 50% de los homicidios. En cuanto a la economía, el país experimentó también un crecimiento explosivo. Desde 2002, el Producto interior bruto (PIB) ha crecido tres veces más, la Renta Bruta Nacional (RNB) prácticamente se triplicó y hoy en día la IDE es seis veces mayor.

Al mismo tiempo, Colombia introdujo una estructura regulatoria para apoyar a la industria de capital riesgo, que daba entonces sus primeros pasos, y que se convertiría en uno de los sectores más dinámicos de la región. Según Bancoldex Capital, se crearon 17 fondos de capital riesgo en 2010, frente a dos fondos tan sólo cinco años antes. Aunque existan dificultades para la industria de capital riesgo en Colombia en el futuro próximo, las perspectivas parecen mucho más prometedoras que hace diez años.

Primero ciclo de inversiones

Antes de los esfuerzos realizados por Uribe para consolidar la estabilidad económica y política del país, la industria de capital riesgo era insignificante en Colombia. Según dijo Hernán Cely, de Advent International, "el periodo de 1997 a 2006 fue, básicamente, una década perdida para el capital riesgo en Colombia. La crisis internacional y las cuestiones de seguridad doméstica dificultaron el avance de la industria de capital riesgo". Antes de 2005, no había regulación gubernamental para la creación de empresas de capital riesgo; tampoco existían las estructuras legales necesarias para su formación, así como las protecciones imprescindibles de los intereses de los accionistas minoritarios indispensables para la estructuración de inversiones en acciones de ese segmento.

Aprobado en 2005, el decreto 964, entre otros, estableció los derechos de los accionistas minoritarios y creó una estructura de transparencia que especificaba la composición adecuada de su dirección, exigía la formación de comisiones de auditoría y determinaba la divulgación temporal de informaciones financieras, según Latin American Law & Business Report. Esos cambios ponían las prácticas de gobierno corporativo de Colombia en situación de igualdad con los estándares internacionales, lo que aumentaba la credibilidad del país frente a los inversores y, básicamente, posibilitaba las inversiones tradicionales en capital riesgo.

No obstante, pocos inversores pensaban en invertir en Colombia en aquella época, según Euromoney, es decir, fondos de prospección [search funds], familias de patrimonio neto elevado, así como empresas internacionales del tamaño de AIG, Darby, Newbridge Capital y The Carlyle Group. Vale la pena señalar que, desde 2006, dos empresas de capital riesgo locales, Tribeca Partners y Altra Investments, crearon sus primeros fondos y llamaron la atención de otras empresas de capital riesgo locales, como Southern Cross Latin America, Linzor Capital, Mesoamérica y SEAF, bastante activas desde entonces. A pesar del buen momento del mercado de capital riesgo en Colombia en aquella época, fueron pocas las transacciones efectuadas y escasos los detalles hechos públicos.

Una ley de 2007 fue el marco decisivo para la industria de capital riesgo colombiana. El Decreto 2175 definía jurídicamente las empresas de capital riesgo (Fondos de Capital Privado, o FCPs) como fondos mutuos cerrados que, según el Euromonitor, fueron "(i) creados con el objetivo de levantar y gestionar capital y otros activos; (ii) están constituidos por contribuciones de más de un inversor, cada uno de ellos con una participación de, como mínimo, US$150.000; y (iii) están formados por fondos gestionados colectivamente cuyos beneficios son distribuidos de forma proporcional entre los participantes". Ese decreto, es importante destacar, permitía a los fondos de pensiones colombianos invertir hasta un 5% de sus activos en fondos de capital riesgo locales. Tales cambios mostraron que el país estaba listo para las inversiones en capital riesgo y desencadenaron un crecimiento en el número de empresas de capital riesgo creadas. Entre 2007 y 2010, se crearon más de 20 fondos de inversiones en comparación con sólo cuatro antes de 2007.

Con nuevas fuentes de financiación, una estructura regulatoria bien elaborada, crecimiento económico y creciente atención internacional, la industria de capital riesgo de Colombia alcanzó un nuevo nivel y se está convirtiendo rápidamente en uno de los mercados más dinámicos de América Latina. Tanto es así que, de acuerdo con el conjunto de indicadores de la Asociación Latinoamericana de Capital de Riesgo (LAVCA), Colombia pasó de séptimo mejor país para invertir, en 2007, a cuarto, en 2012.

Actualmente, hay más de 20 fondos operando en el mercado colombiano, de entre ellos cinco con gestión del exterior, con un montante total de activos de US$ 2.200 millones, según Balcoldex Capital. Los últimos fondos cerrados por empresas locales son mucho mayores y hoy suman, de media, un total de US$200 millones. A finales de 2010, Latin America Enterprise Fund Managers (LAEFM) cerró su nuevo Fondo de Hidrocarburos por US$350 millones. En 2012, Altra Investments creó un nuevo fondo de un total de US$164 millones. Según LAVCA, 44% de las empresas de capital riesgo de Colombia están estructurando nuevos fondos, y la combinación de sus objetivos de captación podría agregar un montante adicional de US$2.000 millones al mercado.

A medida que esas empresas entran en nuevos ciclos de captación de fondos, los gestores locales comienzan a cumplir sus promesas de aprovechar las oportunidades y crear valor en Colombia a través de salidas bien ejecutadas. En 2010, Tribeca hizo su primera salida exitosa al vender Latco, empresa de perforación de petróleo, lo que permitió que sus inversores obtuvieran una tasa interna de retorno (IRR) de más de 50%. El año pasado, Altra Investments ejecutó una salida muy exitosa y de gran visibilidad, con el que duplicó su benefició a través de la venta de su participación en la empresa farmacéutica peruana de genéricos Corporación Infarmasa SA, que el fondo adquirió en 2007.

Mientras los gestores de fondos locales buscan crear fondos aún mayores, interesándose no sólo por fondos locales, sino también internacionales, un número mayor de empresas internacionales, inclusive fondos de fondos, reservan recursos adicionales para Colombia. En 2011, Advent, una de las principales empresas mundiales en el segmento de buyouts [adquisiciones], abrió una oficina en Bogotá. Carlyle Group y Southern Cross, otros dos gigantes del segmento de fondos, están haciendo un seguimiento del país. Para atraer inversores, esos grupos compensan la falta de experiencia de su recién constituido equipo local con un historial operacional consagrado y con la tranquilidad del valor de las franquicias que tienen sus marcas. Hay diferentes estrategias a la hora de ejecutar las transacciones entre fondos locales e internacionales. Según Hernán Cely, de Advent International, "las transacciones realizadas entre los fondos locales e internacionales son muy diferentes. Los primeros trabajan sus conexiones locales, muchas de las cuáles están constituidas por ex banqueros. Los fondos internacionales tienen una estrategia más estructurada y analítica que requiere estudios sectoriales".

Respecto a los grandes fondos, las empresas de capital riesgo están siempre en busca de negocios de gran tamaño, según muestra la SEAF. El primer fondo de la empresa invirtió, de media, sólo US$ 2,8 millones por empresa, casi siempre en posiciones de accionistas minoritarios. Pero su fondo actual tiene como objetivo ahora una media de US$10 millones por inversión, con un máximo de US$25 millones en contratos que incluyen inversores compañeros. Laura Lodoño, de Altra Investments, dijo acerca de ese cambio drástico en el volumen de inversiones que, "inicialmente, la mayor parte de las oportunidades en nuestros negocios era de US$15 millones a US$20 millones; hoy, nuestro meta gira en torno a US$30 millones y US$50 millones por transacción".

Incluso si las empresas de capital riesgo han aumentado sus apuestas, el mercado colombiano todavía tiene un largo camino por recorrer. Hoy, el país tiene sólo 2% de capital de capital riesgo invertido en América Latina, y el total de activos del continente representa 2% del total de los recursos globales, según cifras de Proexport Colombia. Los especialistas en capital riesgo dicen que los fondos de pensiones locales deberían continuar siendo la mayor fuente de financiación adicional para el crecimiento futuro. En los últimos cinco años, los fondos de pensiones, voluntarios y obligatorios, crecieron más de 25% al año, en un total de activos combinados de más de US$72.000 millones desde marzo de 2012. Según la regulación actual, los fondos de pensiones considerados moderados, o de alto riesgo, deberían invertir de 5% a 7%, respectivamente, de su base total de activos en la clase de activos de capital riesgo. Considerando los activos actuales bajo gestión, un montante adicional de US$1.000 millones podría ser dirigido a inversiones en capital riesgo.

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Horizonte de inversiones: surfear la ola de crecimiento

Dada la tasa relativamente alta de crecimiento y la rápida expansión de la clase media, no debería causar sorpresa el hecho de que las demandas de capital continúen aumentando, sobre todo en el caso de las industrias más sensibles a los gastos arbitrarios del consumidor. A corto plazo, los inversores en capital riesgo consideran particularmente atractivos diversos sectores: comercio, enseñanza, salud, vivienda, turismo y entretenimiento. Además, las empresas de capital riesgo ya establecidas en América Latina han demostrado un interés constante por sectores que se beneficiarán del crecimiento macroeconómico generalizado del país, así como por contratos comerciales recientes que podrán redundar en un mayor volumen de exportaciones. Se trata de sectores como el de minería, agricultura, subcontratación de procesos empresariales, servicios de TI, software y educación.

Las oportunidades de inversiones están surgiendo también en más industrias de nicho. Un ejemplo de ello es Dynamo Capital, una empresa que invierte en proyectos relacionados con la televisión y las películas. En el transcurso de los últimos cinco años, Dynamo ha suplido la necesidad de capital de la próspera industria de cine de Colombia. Según Alejandra Guzmán, directora de inversiones de la empresa, esas inversiones no sólo se han mostrado atractivas desde el punto de vista financiero, también han contribuido al crecimiento económico generando empleos. Respaldados por incentivos gubernamentales cuyo objetivo consiste en promover la creación de empleos y la generación de gastos en Colombia, esos proyectos pueden ser particularmente lucrativos para los inversores locales con conocimiento especializado de mercado, como es el caso de Dynamo. Este es un ejemplo del posible impacto económico que las empresas de pequeño y tamaño medio de capital riesgo pueden tener en los próximos años en lo concerniente a la reducción de las limitaciones del capital y a la generación de empleos.

Al mismo tiempo, ninguna discusión sobre Colombia sería completa si no se tocara la cuestión de los proyectos de infraestructuras. A medida que el país continúa creciendo e imponiendo demandas adicionales sobre su infraestructura ya desgastada, el sector privado se ha involucrado cada vez más en la financiación de proyectos asociados a las necesidades más apremiantes de infraestructuras, como en el caso de las empresas de servicios públicos y de los sistemas de transporte. El interés del capital riesgo por las inversiones en infraestructuras continúa creciendo. Campañas recientes de recaudación de fondos indican que 27% del capital levantado se dirigió a ese sector.

La manera mediante la cual las empresas de capital riesgo usan ese capital, y la manera en que continuarán usándolo, será algo que probablemente se segmentará en dos categorías: inversiones básicas en proyectos de infraestructuras e inversiones periféricas en proveedores de servicios de infraestructuras. Los fondos mayores, como Ashmore y Brookfield, captaron volúmenes significativos de capital destinados, básicamente, a la inversión directa en proyectos de infraestructuras. Los fondos de mercados pequeños y medios se mostraron interesados, pero tienen, de preferencia, una estrategia centrada en inversiones en subcontratación o servicios que se beneficiarían del crecimiento esperado de esos proyectos. Esa estrategia mitiga los riesgos de plazos asociados a los proyectos permitiendo, al mismo tiempo, que empresas más generalistas participen en un crecimiento aparentemente ineludible que tendrá lugar en el sector de infraestructuras en los próximos años.

Riesgos y desafíos futuros

Aunque el escenario de capital riesgo en Colombia esté expandiéndose junto con el rápido crecimiento de la economía, hay diversos cambios importantes que tienen que tener lugar como, por ejemplo, la introducción del historial operacional limitado para los fondos, un número de transacciones de suficiente tamaño, concienciación del emprendedor/gestor en lo que concierne al capital riesgo y oportunidades de salida en el futuro.

Un desafío elemental al que se enfrentan las empresas de capital riesgo está relacionado con la tarea de recaudar capital para fondos nuevos ante la ausencia de un perfil evidente de retornos. Con el aumento del número de fondos que están levantando capital y el aumento del tamaño medio de los fondos target [que invierten sólo en papeles de fecha de vencimiento específica], la lucha por el levantamiento de capital será más intensa, y muchos gestores de fondos tendrán que convencer a los inversores en potencia de su capacidad de tener éxito incluso sin tener un historial operacional de éxito en la región. Los gestores que tengan éxito en las actividades de captación de fondos podrán incluso enfrentarse a dificultades a la hora de encontrar transacciones de tamaño y escala suficientes para la eficiencia del capital a aplicar.

Además, la industria debe empeñarse en educar al emprendedor en lo referente al capital de capital riesgo y al papel que ese fondo puede jugar. La mayor parte de los dueños de empresas de Colombia sólo están comenzando ahora a familiarizarse con el capital riesgo. La gran mayoría aún no sabe lo que esos fondos representan y de qué manera podrán encajar en sus planes de crecimiento. El ambiente de negocios en un mercado como el colombiano es intrínsecamente distinto de otros mercados de capital riesgo más consolidados. La diferencia del ambiente de negocios tiene su origen en que muchas empresas de tamaño mayor son familiares, y sus dueños evitan aceptar capital externo y o/abrir el control de la empresa. Según observó Guzman: "Cultivar buenas relaciones con esas empresas familiares es algo que puede llevar mucho tiempo, y cuando eso suceda, ¿cómo convencerlas de que la inversión en capital riesgo es un buen negocio?".

Por último, está la dificultad de encontrar oportunidades de salida que permitan a las empresas obtener la liquidez necesaria para ofrecer retorno a sus inversores. Inicialmente, la mayor parte de los gestores de capital riesgo consideran la venta estratégica como la principal ruta de salida. Pero con la afluencia de grandes fondos internacionales deseosos de hacer grandes negocios, las salidas de patrocinadores a patrocinadores pueden convertirse en una opción real en el futuro próximo. El aumento de la actividad de OPV en 2011 y la fusión de las bolsas de Colombia, Chile y Perú puede también posibilitar otra trayectoria de liquidez para los inversores de capital riesgo. "El mercado bursátil ha crecido de manera significativa en los últimos tiempos, con doce OPV, sobre todo de valores de primera línea, que sumaron más de US$2.000 millones en los últimos 18 meses, un récord histórico para Colombia", dice Felipe Iragorri, de Tribeca Management. "Las OPV de empresas de tamaño medio serán una realidad más concreta en un plazo de dos a cuatro años".

La industria de capital riesgo de Colombia no será un mercado de tamaño mundial importante mientras no se haya establecido un historial operacional de retornos sólidos de inversiones. Ante la ausencia de ese historial, el próximo ciclo de inversión será decisivo para la industria. Si los gestores de fondos no tuvieran un buen rendimiento durante ese periodo de oportunidades ofrecidas por la economía, la industria de capital riesgo colombiana tendrá dificultades para crecer al mismo ritmo que viene manteniendo desde 2007. Pero en vista de las condiciones económicas favorables, de la estabilidad política y de la posición económica relativamente fuerte de la región, los gestores de fondos aptos para desempeñar esa tarea deberán obtener ganancias que continuarán alimentando el interés por la inversión en capital riesgo en el país.