Sala de Inversión. Cuando existe diversidad en los instrumentos financieros, el mercado de futuros, por lo general depende de lo que sucede en el resto.

Así, para ser un factor de éxito debe complementarse con las relaciones existentes entre las diferentes bolsas a nivel global, y entender cómo pueden repercutir tales relaciones en los contratos con los que negocia.

De este modo se puede recibir información anticipada de lo que va a suceder, al observar lo que pasa en otros lados. Por ejemplo, si ve que el valor del par de divisas dólar australiano-dólar estadounidense (AUDUSD) se incrementa rápidamente, puede buscar una subida correlativa del contrato de oro, afirma Research for Trader para Sala de Inversión.

El mercado de divisas y futuros. La subida de la demanda global de materias primas ha generado un estrecho vínculo entre el mercado de futuros y el de divisas. Prácticamente, todas las economías del mundo deben importar alguno de los commodities que consumen.

Para comprarlos, deben cambiar su moneda por la de la economía de la que trae los bienes. Esto incrementa la demanda de la divisa del exportador y, por consiguiente, el aumento de su valor. Asimismo, crece la oferta de la del país importador, lo que se traduce en una reducción de su precio, indica la entidad.

El dólar canadiense (CAD), el australiano (AUD) y el neozelandés (NZD) están estrechamente vinculados con las cotizaciones de las materias primas, porque son grandes exportadores de ellas. Cuando estas suben ocurre lo mismo con ellas y viceversa.
Cada una de estas “divisas ligadas a los commodities” mantiene una correlación con una diferente. Por ejemplo, el contrato del oro está en una estrecha correlación con el dólar australiano, que si bien no es perfecta, es significativa.

Los operadores de futuros pueden comprar y vender aquellos futuros que sirvan de representación de las propias materias primas. Puede hacerse de uno del dólar canadiense si creen que va a incrementar su valor, o vender uno del yen japonés si estiman que caerá.

El mercado de bonos y el de futuros. El mercado de renta fija es el segundo más grande del mundo. Los gobiernos, instituciones e inversores particulares participan activamente en él en busca de una rentabilidad para sus inversiones.

Los del estado representan el mayor porcentaje del sector y se los suele considerar libres de riesgo, porque están respaldados por la buena fe de los gobiernos nacionales más fuertes No obstante, no todos se emiten de igual modo ni muestran un mismo comportamiento. Algunos pagan un interés mayor que otros. Los inversores tienen en cuenta esto a la hora de decidir en dónde colocarán su dinero. Normalmente, los que ofrecen mayores tipos son más atractivos, siempre y cuando reine la estabilidad en las economías que los sustentan.

Los interesados en adquirirlos tienen que hacerlo con la divisa representativa del país. Si buscan los de los Estados Unidos, primero tienen que cambiar su moneda a dólares estadounidenses (USD). El incremento de la demanda del billete verde conlleva un aumento del valor del contrato sobre el índice que sigue su comportamiento. Al mismo tiempo, el incremento de la oferta de divisas internacionales, reduce el valor de ellas.

Saber qué estados ofrecen mayores tipos de interés en sus bonos y cuáles son los más populares, le ayudará a saber qué futuros sobre monedas debe adquirir y cuáles vender. Asimismo, puede negociar con contratos de deuda. Si observa que la demanda de los títulos japoneses o suizos se incrementa, por ejemplo, puede hacerse de los que están vinculados con ellos.

El mercado de renta variable y el de futuros. Los inversores de todo el mundo parecen fijarse en los mercados de acciones más que en cualquier otro. Cuando las Bolsas dan muestras de un buen comportamiento relativo, el dinero fluye para comprar “hot stocks” y viceversa.

Los operadores de futuros pueden beneficiarse de las subidas y bajadas a través de un contrato que represente los índices. Por ejemplo, para sacar partido del alza en Francia, con un futuro del CAC 40.
La globalización también ha facilitado que los inversores de un país puedan hacer negocios en otros. Si ven que los mercados del Reino Unido tienen buenos resultados, se lanzarán a comprar esos valores y si perciben que el de Japón muestra un mejor comportamiento relativo, puede que opten por sacar su dinero de Inglaterra para llevarlo a la bolsa nipona, con la esperanza de obtener una tasa de retorno más elevada.

Los valores cotizan en la divisa de la economía de la que forman parte. Para operar en Londres, deberán cambiar primero su moneda a libras esterlinas (GBP). Esto aumentará su demanda y, también, su valor y el de los contratos sobre ella. Al mismo tiempo, incrementará la oferta de las otras y reducirá su precio.

Los inversores siguen muy de cerca el comportamiento de los mercados de los principales países. Si uno comienza a arrojar mejores resultados que los otros, saben que es probable que se lleven su dinero del más débil al país al más fuerte. Esto se traducirá en un incremento del valor del contrato que represente a la divisa del que esté pasando un mejor momento y reducirá el del que esté peor. Al comprar un futuro de la moneda del primero y vender del otro es probable que obtenga grandes beneficios.