Pareciera que alguien le ha echado el mal de ojo a México. Ni la economía, ni la Reforma Energética, ni la seguridad pública andan en sus horas más altas.

La economía, desde luego, no termina de despegar. Recientemente el Fondo Monetario Interncional (FMI) volvió a pegar un hachazo a las previsiones de crecimiento de México.

Y no nada desdeñable: pasó de una estimación de crecimiento anual de 3% en sus proyecciones de abril, a 2,4% en julio, lo que lo sitúa en la parte baja de lo estimado por el propio gobierno, cuya expectativa de crecimiento es de un rango de entre 2,2% y 3,2%.

La razón es que los últimos indicadores han sido decepcionantes, y la economía, más que ganar músculo se está debilitando.

A medio motor. Eso es lo que se observa, al menos, en el sector industrial, que fungió de motor de crecimiento en México durante el año pasado. Pues bien, de repente la actividad en la industria se ha paralizado. Durante abril y mayo, la producción industrial se estancó al promediar una tasa de 0,1% respecto al mismo período del año pasado, comparado con 1,5% en el primer trimestre y 2,4% en el cuarto del año pasado. Y todos los componentes de la industria se han deteriorado respecto al primer trimestre.

La manufactura, que representa en torno a 50% de la actividad industrial, se incrementó 2,4%, en el período abril-mayo, frente a 3% en el primer trimestre y 4,6% en el cuarto.

La desaceleración de la manufactura está en consonancia con el menor ímpetu de la actividad fabril en Estados Unidos, debido a la fortaleza del dólar y la debilidad de la demanda global.

La producción industrial en Estados Unidos apenas se expandió 1.9% en el segundo trimestre comparado con 3,5% en el primer trimestre y 4,5% en el cuarto del año pasado, tendencia que ha sido muy acentuada en subsectores como maquinaria y productos de computación y electrónica.

Demanda externa, a la baja. Eso se ha reflejado, a su vez, en un menor auge exportador de México: al derrumbe de las exportaciones petroleras hay que añadir ahora una inesperada contracción de las exportaciones no petroleras en el período abril-mayo (-1,3%) que contrasta con un incremento de 6,2% en el primer trimestre y 9,3% en el cuarto.


Pero no sólo es la manufactura: la producción minera se despeñó 8,2% en el período abril-mayo como resultado de la caída del precio del petróleo y la reducción de la plataforma petrolera.

Moderado impulso interno. La recesión del sector de minería, arrastrada por el rubro de extracción de petróleo, ya se prolonga durante seis trimestres y se ha ido acentuando conforme pasa el tiempo, hasta el punto de que en el segundo trimestre podría registrar su mayor derrumbe desde al menos 1993, cuando inicia la serie de documentación por parte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Finalmente, la construcción frenó su ritmo de expansión al crecer a una tasa de 3.1% en abril-mayo, frente a 4,4% en el primer trimestre y 5.9% en el cuarto. En el sector de construcción hay que destacar dos cosas: por un lado, la edificación, que luego de la recesión que sufrió al principio del sexenio, debido al cambio de modelo de vivienda, lleva cuatro trimestres de crecimiento firme, en parte apoyado por una favorable base de comparación. Pero por el otro, el rubro de construcción de obras de ingeniería civil permanece deprimido y se ha contraído 2.1% entre los meses de abril y mayo respecto al mismo período del año pasado.

Motor a medio gas. Si hay algo frustrante en este sexenio es que la obra pública, que estaba destinada a convertirse en un detonante del crecimiento económico, ha registrado un comportamiento aciago. Desde que empezó el sexenio, ese rubro de la construcción se ha contraído sistemáticamente durante todos los trimestres, con la excepción del primer trimestre de 2015.

Lo peor es que será difícil impulsar la obra civil en lo que resta de sexenio ahora que se acaba el dinero público.

Por primera vez en muchos años, el gasto de gobierno será recortado en 2016 ante la insuficiencia de recursos para mantener el nivel de dispendios del pasado ante la caída de los ingresos petroleros: de ahí la urgencia por instrumentalizar el llamado “Presupuesto Base Cero”.

Con menos dinero, será aún más complicado acometer los proyectos de carreteras, puentes, puertos y aeropuertos, trenes, presas, etcétera, que nos prometieron y que no lograron sacar adelante en la primera mitad del sexenio, cuando existía mayor abundancia de financiamiento.

Inversiones, a paso lento. Pero ademas, la experiencia de la Ronda Uno nos hace pensar que tampoco la inversión en infraestructura petrolera será lo próspera que nos vaticinaban.

Para colmo, una extraña carambola hizo que la semana pasada, en vísperas de la primera fase de la Ronda Uno, Estados Unidos y otras potencias nucleares llegaran a un acuerdo histórico con Irán, un país que estaba sometido a rigurosas sanciones económicas desde la época de Ronald Reagan.

El acuerdo permite a Irán entrar al concierto de la energía nuclear, pero impidiéndole la fabricación de la bomba atómica. A cambio, las potencias occidentales levantarán las sanciones económicas al país persa, entre ellas, el embargo petrolero.

Impactos adversos. Eso tuvo dos repercusiones negativas sobre México. En primer lugar, las cotizaciones del barril de crudo entraron en una pronunciada senda descendente ante la expectativa de que, de sellarse un acuerdo, el petróleo iraní podría de nuevo comercializarse en los mercados internacionales.

Desde el pasado 23 de junio hasta el viernes pasado, el precio del barril del tipo WTI se ha desplomado 16,6% para cerrar en 50.89 dólares, un mínimo no visto desde principios de abril.

Pero además, Irán emerge como un serio competidor para atraer la inversión de las grandes compañías energéticas.

En México, aunque por distintas razones, la infraestructura petrolera está obsoleta y precisa de fuertes sumas de inversión extranjera, hasta ahora vetada y sólo satisfecha, a duras penas, por la rusa Gazprom y la china CNPC. Lo que pasa es que Irán puede resultar un bocado más apetecible que México.

Con mayor potencial. Irán cuenta con muchos más recursos petroleros, de más fácil acceso y más barato de extraer que México. Sus reservas probadas son de 157,000 millones de barriles (mdb), lo que lo sitúa como el cuarto país por tamaño de reservas y muy lejos de México, que en el lugar 18 sólo cuenta con 10.000 mdb. En lo que se refiere a gas natural, Irán es el segudo país con mayores reservas probadas frente al lugar 37 que ocupa México. Como es natural, Royal Dutch Shell, la francesa Total y la italiana Eni ya ojean las inversiones iraníes. Una desventura más que puede explicar, junto con los bajos precios del crudo y los errores que se pudieron cometer en el proceso de licitación, el poco apetito que despertó la Ronda Uno.

El mal fario parece corroer a México. La economía pierde lustre, y podría crecer en torno a 2% en el segundo trimestre comparado con una tasa de 2,5% en el primero, las circunstancias internacionales deslucen hasta niveles insospechados la ambiciosa Reforma Energética y la esperpéntica fuga de El Chapo Guzmán desbarata la buena imagen que la administración de Peña Nieto se había esforzado en levantar por México. Y cuidado, que antes de que acabe el sexenio los desdichados hados nos pueden traer una crisis financiera global.