Sala de Inversión. Instrumentos de inversión existen de los más variados tipos, acciones, bonos o forwards solo por nombrar algunos. Sin embargo los ETFs se han convertido en la actualidad en uno de los instrumentos más populares para inversores de todo el mundo.

Un ETF es una canasta de acciones que pueden comprarse y venderse en el mercado con la misma facilidad que cualquier papel de una compañía.

De esta manera, los inversores pueden acceder de manera instantánea y transparente a los beneficios de una cartera diversificada, sin necesidad de pagar los costos (en término de tiempo y dinero) que implican los tradicionales Fondos Comunes de Inversión.

Otra de las grandes ventajas de los ETFs radica en la enorme cantidad de alternativas que brindan, ya que se pueden elegir activos de los más diversos sectores, países, commodities e incluso instrumentos de renta fija o estrategias de inversión sofisticadas.

Sin embargo, a la hora de elegir en cuál invertir, a veces aparece el problema de que existen alternativas similares para un determinado sector o país. Es allí, donde hay que aprender a analizar las tenencias de cada instrumento para determinar cuál es el que mejor se adecua al perfil de cada uno.

El ejemplo chino. China es hoy en día el país que ocupa el centro de atención de muchos inversores alrededor del planeta, y no es de extrañarnos que así sea. A pesar de los riesgos y la volatilidad que conllevan sus activos, se trata de uno de las naciones con mejores perspectivas de crecimiento de largo plazo.

Así las cosas, muchos desean participar de las prometedoras oportunidades que implican las acciones chinas. Para esto se pueden utilizar dos ETFs: el iShares FTSE/Xinhua China 25 Index (FXI) y el Claymore/AlphaShares China Small Cap (HAO).

En primera instancia, salta a la vista una diferencia muy clara: el FXI está enfocado en empresas de gran tamaño con una capitalización promedio de mercado de más de 65.000 millones de dólares, mientras que la de las empresas que componen el HAO es de apenas un poco más de 1.800 millones (firmas pequeñas y medianas).

Este dato podría indicar que HAO es más riesgoso que el FXI. Sin embargo, una mirada más detallada podría poner en duda esta afirmación. La cantidad de acciones que componen la cartera del FXI es de sólo 25 activos, mientras que la del HAO consta de más de 150 acciones. Si algo grave llegara a pasar con una compañía, la incidencia en el primero podría resultar ser mucho mayor que en el otro.

Otra diferencia importante es que al analizar la cartera del FXI, nos damos cuenta que existe una amplia proporción de bancos dentro de los sectores que componen al ETF. La última crisis financiera global ha demostrado que es muy difícil analizar con claridad los balances de estas instituciones, lo que implica un importante riesgo agregado para el FXI.

Particularmente, este dato es esencial en este momento en el que el gobierno chino está tomando toda una serie de medidas importantes para frenar el crecimiento del crédito especulativo.

Hablando del gobierno chino, muchas de las empresas grandes que componen el FXI tienen alta participación del estado dentro del grupo de accionistas. Sectores como banca, energía y telecomunicaciones, son áreas en las cuales lleva un riguroso control de la dinámica de la industria, no sólo mediante leyes y regulaciones, sino también manteniendo importantes porcentajes dentro del capital de control de las firmas.

Analizando la cartera de cada uno de los ETFs, llegamos a la conclusión de que el FXI a pesar de estar compuesto por compañías de mayor tamaño, tiene una menor diversificación y está expuesto a sectores más riesgosos, lo cual lo convierte en la alternativa de mayor riesgo de los dos instrumentos comparados.