Quito. Los saludos quedaban a medias para los migrantes ecuatorianos que llegaban el mes pasado de Europa al aeropuerto José Joaquín de Olmedo de Guayaquil con la costumbre de poner las dos mejillas. En los primeros días de 2018 empiezan a despedirse de la misma forma: dos besos. Pero por lo general solo obtienen uno y hallan refugio en los abrazos efusivos de madres, hijos, hermanos, tíos, sobrinos. Los que se quedaron en Ecuador. Los que reciben las remesas como parte de un flujo de dinero clave para estas familias y la economía nacional.

“Esta es mi tierra mi país”, afirmó Lorena cuando llegó a Guayaquil el 19 de diciembre pasado al arrodillarse y besar el piso. Ella vive desde hace quince años en Italia y no retornaba al país desde hace tres.

Un problema, indica, es el alto costo para enviar dinero a sus familiares en Ecuador.

La Agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) pactada por los miembros de Naciones Unidas en septiembre del 2015 abarca el propósito diez (reducir la desigualdad entre los países). Una de las metas de este incluye que para 2030 los costos de envío de las remesas de los migrantes representen hasta el 3% del monto que se remita.

Incluso determina la eliminación de los canales de envío cuyo costo sea superior al 5%. Esto en la línea de “movilizar recursos adicionales procedentes de múltiples fuentes para los países en desarrollo”, otra de las metas de los ODS.

El sitio web del Banco Mundial que mide el costo por remesa indica que al tercer trimestre de 2017 –último cálculo disponible– el envío de US$200 de EE.UU. a Ecuador representó en promedio el 3,63% del valor (US$7.26). La proporción era del 4,57% y 5,12% si se enviaba desde España e Italia la misma cantidad cambiada a euros. Es una proporción que baja a medida que aumenta el monto enviado.

El año 2017 mostró una recuperación de recepción de remesas con un acumulado de US$2.076,8 millones.

La reducción de las remesas recibidas responde a la situación económica de los países de destino. La cifra récord de envío durante este siglo se dio en 2007 con US$2.262,4 millones (de enero a septiembre). Desde entonces bajó hasta US$1.741,1 millones en igual periodo de 2015, una reducción del 23% por la crisis económica en España e Italia y la apreciación del dólar. Sin embargo, hay una recuperación en 2017 con un acumulado de US$2.076,8 millones.

Desde 2010, el flujo total de remesas ha sido un 2,5% del Producto Interno Bruto (PIB) –el valor monetario de la producción de bienes y servicios de demanda final de un país durante un año– en promedio.

El 56,1% de las remesas llegaron a través de bancos privados. El 43,1% con las empresas remesadoras que acreditan a cuentas en entidades financieras corresponsales o pago en efectivo en sus oficinas. El 0,8% restante llegó con la intermediación de las cooperativas de ahorro y crédito y asociaciones mutualistas. Esto durante el primer semestre de 2017, según los últimos datos del Banco Central.

William Murillo, coordinador de la organización de asesoría legal 1800Migrante.com, afirma que la mayor parte del dinero recibido se gasta en consumo. “Lamentablemente, todavía no existen políticas públicas que ayudan a redirigir ese flujo de dinero hacia inversiones. El 90% de las remesas que llegan al país se van en pago de alimentos, de los servicios básicos, mantener a los padres o a los hijos que se han quedado según estudios”, afirma Murillo.

Ecuador recibió remesas durante los primeros nueve meses del 2017 de 176 países de los cinco continentes. De EE.UU., España, Italia, México y Chile, en su orden, provino el 93% del monto recibido.

El flujo menor llegó de Nepal (US$52), Fiji (US$94), de las dependencias inglesas: Islas Vírgenes Británicas (US$100) y Gibraltar (US$122), del aislado Corea del Norte (US$257), de la República del Congo (US$300) y de Timor Oriental (US$400).

La diáspora ecuatoriana también ve a Chile como otro de los países con oportunidades. Es el caso de Ingrid, de 35 años, que se fue a ese país hace 12 meses. En Guayaquil dejó a sus tres hijos. Envía dinero que se va en los gastos de manutención de su familia. No queda para ahorrar.

Murillo agrega que en provincias como Azuay y Cañar hay casas construidas a medias o que están sin habitar en proceso de deterioro. “Solo a Cuenca (capital de Azuay) han entrado más de US$4.500 millones en remesas durante los últimos diez años. Gualaceo recibe cerca de US$90 millones al año, Chordeleg unos 23 millones”, añade Murillo.

Es un monto mayor a la inversión estatal recibida durante la década que estuvo el expresidente Rafael Correa en el poder. La asambleísta Doris Soliz (AP correísta) indicó en un tuit publicado el 26 de noviembre pasado que Azuay recibió US$3.000 millones durante el correato. El monto incluye los proyectos hidroeléctricos Mazar, Sopladora, vialidad, centros de salud, la cárcel de Turi y unos US$200 millones para el tranvía, según Soliz.

Murillo indica que hay un nuevo flujo de ecuatorianos que sale del país, principalmente hacia EE.UU.

Entre quienes se fueron hace poco está Marjorie, quien migró a Italia hace tres años. En Guayaquil era profesora. “No alcanzaba el sueldo. La idea de ella es trabajar para reunir y comprarse una casa”, dice Ingrid, su hermana. Roberto, en cambio, se fue a Francia hace diez años. Por el momento envía dinero para sus padres.