Que Argentina lidere la tabla de posiciones de un campeonato latinoamericano de desempeño y expectativas económicas resulta tan contraintuitivo que la primera reacción de muchos, incluidos los editores de AméricaEconomía, es que algo debe andar mal en el método de medición.

En respuesta, Juan José Cruces, académico de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella, entrega razonamientos convincentes para explicar por qué Argentina ocupa el primer lugar este año: “El estudio anual que hemos bautizado como La Copa América Bursátil mide la mejoría de expectativas”, dice Cruces, autor del instrumento creado y realizado por el centro académico argentino. El símil a ocupar equivale a ver a ese país como a “alguien que acaba de salir de terapia intensiva, pero que sigue grave, puede haber tenido la máxima mejoría, mientras que alguien saludable y que se quebró un pie es una persona cuya salud ha empeorado”, expone.

Es así como la copa no mide cuál economía anda mejor, sino cuál es la que más ha mejorado en la visión de los inversores bursátiles. ¿Por qué no basta, entonces, con mirar los índices selectivos de acciones de cada una de las bolsas de la región? Sucede que en América Latina hay pocos sectores económicos representados en las bolsas. Por ejemplo, en el Perú el 38% del valor del índice nacional se explica por el sector minero, del cual hay muy poco en los otros países, exceptuando a Chile. En Colombia el 35% proviene de bancos, sector que en México constituye solo el 10%. En Argentina el 15% proviene de tecnología, mientras que no hay casi nada de dicho sector en el resto de la región. Visto así, una caída de los precios de los minerales tendrá un impacto mucho mayor en el índice peruano que sobre el de México; y una caída de las empresas de internet, como la que hubo en 2001, afectará mucho más al índice argentino que al de Chile.

Índices gemelos. “Conscientes de este problema –explica Cruces– no comparamos directamente los rendimientos entre países, sino que comparamos cada índice nacional contra un índice mundial [gemelo], que cada mes tiene exactamente la misma composición por sector económico que el índice nacional”. El gemelo utiliza como rendimientos el promedio de acciones de esos sectores industriales en todo el mundo. A su vez, como no todos los países importan y exportan lo mismo –prosigue el académico– “hacemos un ajuste por la variación de los términos del intercambio del país.

Sumando este componente al índice gemelo, obtenemos el índice de referencia de cada nación”. Entonces Argentina juega un partido contra su índice mundial de referencia. Y el ranking surge de la diferencia de rendimiento entre los países y sus portafolios globales de referencia.

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Dados estos antecedentes, se entiende cómo Argentina obtuvo el primer puesto por segundo año consecutivo. No es que su performance sea maravillosa en términos de expresar lo que ocurre en su economía real, sino que sus rendimientos bursátiles han superado a los de su índice gemelo (explicar las razones de esto excede la materia de esta nota, pero está relacionado, en parte, con el uso de diversas operatorias bursátiles para ‘exportar’ activos monetarios).

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El segundo lugar del ranking es para el Perú, con un excelente desempeño de 8,3%, que se destaca como el país de la región que generó las más importantes mejoras del sentir inversionista durante el año.

Chile subió tres lugares en la copa, del sexto al tercer puesto, pero terminó el año perdiendo 2,8% de valor. Colombia tuvo una caída de 2,9%, y subió del quinto al cuarto lugar en la copa. México, que baja del segundo al quinto lugar, tuvo una caída de 6,3%, más importante que la de Chile y Colombia. Brasil terminó último, luego de un desempeño llamativo por sus altibajos.
Es importante destacar que el análisis se basa en los rendimientos de los índices bursátiles nacionales computados por Standard & Poor’s y Dow Jones, medidos en moneda local, ajustados por inflación y expresados en términos logarítmicos. O sea, son rendimientos en términos reales o de bienes de cada país.

Dado todo lo anterior (ver cuadro en la parte superior que ilustra el rendimiento promedio regional y el rendimiento promedio de los índices mundiales de referencia para cada año desde 2000 a 2014), resulta claro que –en la visión de los inversionistas– el futuro latinoamericano no es tanto más próspero que el del resto del mundo desde 2012, como mayormente venía siendo el caso durante la primera década del siglo. Ojalá esto cambie y los recintos bursátiles vuelvan a ser expresión de una prosperidad asentada en pies más firmes.

En el sitio web de la Copa América Bursátil en la Universidad Torcuato Di Tella,
http://www.utdt.edu/copaamericabursatil, pueden verse los informes de años anteriores y algunos impactos de prensa.