El pujante crecimiento económico de Costa Rica le ha permitido regresar a los niveles de recaudación tributaria que registró en octubre de 2008, momento en el que aún no sacudía la debacle financiera mundial que deprimió a las economías.

Al cierre del último año fiscal tico— que va de marzo de 2011 a febrero de 2012— las arcas públicas lograron recaudar, en concepto de tributos, cerca de US$6.034 millones (¢3.1 billones).

La interpretación de Fernando Herrero, ministro de Hacienda sobre esta recuperación de los ingresos públicos expresada en un comunicado de prensa es que “esta aceleración es un indicador del repunte de la actividad económica y de los esfuerzos institucionales por combatir el fraude, el contrabando y la evasión.”

Pero aunque otrora estos niveles le significaron un superávit fiscal, es decir, que el gobierno costarricense gozaba de un presupuesto saludable en el que tenía más ingresos que egresos, este año son solo un aliciente para las desmejoradas finanzas.

El desequilibrio sobrevino por el incremento desmedido del gasto corriente, apilando un déficit que, actualmente, es de casi US$1.761 millones (¢905,000 millones).

De tal suerte que desde el año pasado, con estas dificultades financieras encima Ferrero envió al congreso la Ley de solidad tributaria que pretende recaudar casi $700 millones con nuevos y más impuestos.

El economista Hermann Hess, en entrevista con el periódico Nación, dijo: “La mejora en la recaudación tiene dos componentes: un panorama económico menos sombrío, al menos por el momento, y posiblemente una mejor recaudación. Ambos aspectos influyen en que se pueda mantener la recuperación.”