Bruselas. España finalmente reconoció que su economía podría necesitar un rescate y las autoridades europeas están considerando opciones para ayudar a reducir la carga de la deuda griega, dijeron funcionarios, mientras los mercados apuestan a que se tomen medidas radicales para sacar al continente de la crisis.

Los problemas de la zona euro escalaron tras un alza en los costos de endeudamiento de España y el reconocimiento por parte de autoridades en Bruselas de que Grecia está demasiado lejos de sus metas como para que funcione el segundo plan de rescate, acordado hace sólo cinco meses.

España, en la mira de los mercados, es por lejos más grande que los otros cuatro países de la Unión Europea que debieron ser rescatados, por lo que tirarle una línea de financiamiento exigiría nadar en aguas desconocidas. Analistas afirman que sería un precio que habría que pagar por salvar al euro.

A pesar de que su economía es mucho más pequeña que la española, Grecia tiene capacidad para generar turbulencias a lo largo de la región en caso de que se declare en default o deje el euro. Los funcionarios europeos consultados describieron el viernes a una nueva reestructuración de la deuda griega como un último recurso para hacer solvente al país.

En paralelo, un funcionario de la zona euro dijo que el ministro de Economía español, Luis de Guindos, había planteado esta semana la posibilidad de un rescate por 300.000 millones de euros (360.000 millones de dólares) durante un encuentro con el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble.

La fuente habló con la condición de no ser identificada porque no estaba autorizada.

"De Guindos habló sobre 300.000 millones de euros en el caso de un programa completo, pero Alemania no estaba cómoda con la idea de un rescate ahora mismo", dijo el funcionario a Reuters.

La fuente sostuvo que el tema sería pospuesto hasta que esté operativo el fondo de rescate permanente de la zona euro, el MEDE.

Además, señaló que Alemania parecía estar suavizando su oposición a dar al MEDE una licencia bancaria, paso que permitiría al fondo pedir prestado dinero y aumentar su poder de fuego si tuviera que usarse para rescatar a España.

Madrid ya ha tenido que aceptar un rescate para sus bancos, y aunque públicamente dice que no necesita un salvataje para el conjunto de su economía, el alza de sus costos de endeudamiento a niveles similares a los que forzaron a Grecia, Portugal, Irlanda y Chipre a pedir rescates reduce sus opciones.

"El Gobierno no va a pedir un rescate. Un rescate no es una opción para España", dijo Soraya Sáenz Santamaría, vicepresidenta y portavoz del Gobierno español.

La noticia de que se está considerando que los bancos centrales de la zona euro asuman parte de las pérdidas en el valor de sus bonos griegos era otra señal de que tras bambalinas se están considerando medidas radicales.

Los acreedores privados de Grecia ya han asumido pérdidas por sus tenencias este año durante una histórica reestructuración de la deuda.

Sin embargo, funcionarios dijeron que ahora se cree que Grecia sigue demasiado lejos de sus metas para salir de la crisis, con su economía en recesión por quinto año consecutivo.

Eso incrementa la posibilidad de que los prestamistas oficiales tengan que asumir pérdidas.

"Si tuviera que asignar un porcentaje de que eso ocurra en Grecia, diría 70%", dijo a Reuters un funcionario de la zona euro que participa del debate.

Los mercados mantenían su atención el viernes en la posibilidad de que el BCE intervenga.

El diario francés Le Monde dijo que el BCE y los gobiernos de la zona euro estaban preparando una acción coordinada para reducir los costos de endeudamiento de España e Italia.

El artículo se conoce un día después de que el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, prometiera hacer todo lo necesario para proteger al euro.

A esto se sumó una promesa conocida el viernes de la canciller alemana, Angela Merkel, y del presidente francés, Francois Hollande, de hacer todo lo que esté en su poder para proteger a la zona euro.

Sin embargo, el poderoso banco central alemán mantuvo su rechazo a que el BCE vuelva a comprar bonos públicos.