Santiago. Tras la triple catástrofe que ha vivido Japón: terremoto, tsunami y crisis nuclear, analistas opinan que el efecto que viene,y golpeará con fuerza al mundo, será el impacto económico de la caída de la cuarta economía del mundo.

Un efecto concreto se verá en el mercado de bonos del tesoro. Las revoluciones árabes vividas en los últimos días y la consiguiente caída de la denominada "pared de los petrodólares", se traducirá durante este año en la interrupción de las grandes compras de T-Bonds de los países del Golfo.

Por su parte, Japón interrumpirá justamente esas compras para financiar el costo de la estabilización, reconstrucción y reactivación de la economía nipona.

Japón y los países del Golfo, representan el 25 % del total de US$4.400 millones de la deuda federal estadounidense. La crisis que viven ambos sectores, sumado a la renuencia de China a suplir este falta de compradores implicará que habrá un sólo demandante, en este caso, la Reserva Federal de Estados Unidos.

"El contexto de la crisis de los títulos de las administraciones locales estadounidense y las deudas públicas europeas (toda la periferia de la UE incluido el Reino Unido) sólo exacerbará el fenómeno", señala un artículo del Boletín Global Europeo.

"La magnitud de las destrucciones, el impacto directo sobre las infraestructuras energéticas de la cuarta economía del mundo, la gravedad de los accidentes en las centrales nucleares, constituye uno de esas importantes conmociones que el sistema internacional actual ya no es capaz de resistir como lo anticipáramos", reza el mismo texto.

Indica que Japón, ya muy debilitado por una crisis económica que suma 20 años, arrastra una de las deudas públicas más elevadas del mundo. A ello se suma la doble tarea de, por un lado,  financiar la reconstrucción y por otro asegurar una transición luego de la catástrofe vivida.

Si el panorama se ve complejo sólo para este país lo es mucho más cuando se mira el impacto en el resto de las naciones. Japón es uno de los tres polos de gestión de los mercados de divisas junto con Londres y Nueva York.

Además, abastece a todo el mundo de componentes electrónicos vitales para la economía mundial. Y el último aspecto a considerar, es que Japón es considerado uno de los "flotadores" que permiten a Estados Unidos administrar los asuntos mundiales en materia económica, monetaria y financiera hace más de cincuenta años.

La crisis del gigante nipón podría traer como consecuencia el crecimiento a mayor ritmo de China, que finalmente podría incluso superar a Estados Unidos, que ya se encuentra muy debilitado tras las crisis subprime.

En la práctica, hoy sólo China se halla en situación de aportar una gran ayuda financiera a Japón y la manera para lograrlo es abrir su economía todavía más a las empresas oriundas de Tokio.

La duda es qué pasará en materia de inflación mundial con esta crisis japonesa. Por un lado se estima que aumentará demanda a tres productos esenciales: petróleo, gas y carbón.

Como segundo punto se aprecia una escasez de productos tecnológico y una consiguiente ralentización del desarrollo de fábricas.

Los precios de los alimentos y la energía subirían debido a la demanda por ambos ejercida por Japón, además este año a nivel global se prevé una escasez de granos debido al complejo escenario climático vivido en 2010 con la destrucción de cientos de cosechas.

El retroceso económico de Japón conllevaría a un paso atrás en el proceso de globalización dañando seriamente las exportaciones y limitaría así el efecto "deflacionario" de los intercambios globalizados.

Por último, el yen impulsaría a mayores tasas pues el Banco de Japón deberá inyectar masivas partidas de dinero para aumentar la liquidez de recursos destinados a la reconstrucción.