Desde hace un mes nadie discute que existe una desaceleración de la economía argentina. Incluso el viceministro de economía, Áxel Kicillof, dijo que había que “combatir la recesión”. Argentina se ha venido blindando contra los efectos de la crisis europea y preparando para pagar deuda pública. Este blindaje consiste en una serie de medidas macro, como la modificación de la carta orgánica del BCRA, la expropiación de YPF, las trabas a las importaciones y el control de cambios. No se puede acusar al gobierno de no haber actuado con anticipación.

En líneas gruesas, el desafío de Argentina es cómo crecer entre este año y 2015 a una tasa promedio que podría ser la mitad de la del período 2003-2010 (7%). El nuevo paradigma es que mientras las expectativas de crecimiento sean bajas, la intervención del estado será mayor con el objeto de resguardar los niveles de producción y el empleo. El economista Miguel Bein (de la consultora Bein & Asociados) dio hace poco algunas cifras: en 2012 el PIB de Argentina crecerá en 2%, en 2013 aproximadamente se moverá entre el 4% y 5%, y el dólar oficial a fin de año estará a 5 pesos, si la crisis no se profundiza y llueve (clave para la producción de soja).

Nicolás Tereschuk, politólogo y uno de los editores del blog artepolitica.com, pone énfasis en la obligación de las empresas mineras y de hidrocarburos de liquidar sus divisas en el mercado oficial, el lanzamiento de un plan de construcción de 400.000 viviendas, la obligación de que la banca privada preste US$ 3.300 millones a tasas bajas para fomentar la inversión, la creación de un mecanismo para subsidiar parte del consumo de los jubilados, la firma de un convenio con uruguay para perseguir la evasión impositiva de argentinos en ese país.

En cambio, para Enrique Dentice, economista y profesor de la Universidad Nacional San Martín, estas medidas contracíclicas son una “protección marginal al consumo”. Dentice advierte que el actual modelo tiene un alto costo en el deslizamiento de precios y agrega que “por más que yo quiera mantener el empleo, eso dependerá de la inversión y del ingreso de divisas al país”. Según él, equilibrar el gasto de este año (casi us$ 20.000 Millones) con el ingreso de divisas no será fácil, “sobre todo cuando encuentras que una parte de la cosecha de soja, el único ingreso importante que tendrá Argentina durante el segundo semestre, no está siendo liquidada, a la espera de que el precio suba algo más (aunque la tonelada ya está en us$ 650)”.

De qué depende. La cosecha de la soja y la relación con Brasil son los pilares en los cuales la economía argentina volverá a crecer. Al menos eso cree Dentice, quien ve la relación entre estos dos países como “un matrimonio mal avenido”. Por eso una reactivación de Brasil, de la cual ya hay algunos síntomas, influirá positivamente en Argentina.

La presidenta dilma rousseff ya lanzó la campaña “compre nacional”, que según el economista Andrés Asiain beneficiará a Argentina: “los anuncios en el país vecino de políticas para incentivar las ventas de autos y la solución parcial de las controversias comerciales con México, sumado al ingreso de Venezuela al Mercosur, pueden relanzar las ventas externas de automotores”. La caída de la industria automotriz es clave porque, según asiain, “si se hubiera excluido este sector habría habido una leve expansión en la industria en vez de la contracción que se produjo el primer semestre”.

La importancia de Brasil puede ser paradojal si se toman en cuenta las últimas misiones comerciales a angola y a Azerbaiyán. Juan José Llach, viceministro de economía de Carlos Ménem, en una columna en la nación analizó con quiénes argentina tendría que estrechar lazos comerciales.

Basándose en un estudio de la fundación producir conservando, Llach señaló que el factor más importante a futuro será “el crecimiento del conjunto de los países emergentes, mucho más allá de china o la india. Todas estas fuerzas superarán el contrapeso del envejecimiento demográfico de algunos países, con china a la cabeza”. De ahí que habría que pensar más en indonesia, Pakistán, Nigeria, Bangladesh, México, Filipinas, Etiopía y Vietnam.

Dentice agrega otra arista: mientras Argentina pierde mercados tradicionales, la esperanza es que se abran “supuestamente” nuevos mercados. “Y digo supuestamente, porque Argentina está en Azerbaiyán hace muchos años”, remata el economista.

Volviendo a lo bilateral. Pese a los esfuerzos del gobierno para demostrar que argentina es una economía abierta, a rosendo fraga, economista y analista político, le preocupa el aislamiento al que ha llegado, “dado que Europa, estados unidos, japón y otros 12 países han denunciado a la argentina por violar acuerdos de comercio ante la OMC”. Sin embargo, para Bruno Tondini, especialista en derecho internacional, habría que analizar las relaciones argentinas dentro de un contexto más amplio, con economías o “mercados totalmente abiertos” a partir de lo que se denominó “multilateralismo”. Argentina, en cambio, desde los años 90 ha vivido una “coyuntura de transición”, entre el modelo de apertura comercial de los 90 (menem) y el actual intervencionismo en el comercio internacional, “a partir de dos conductos prácticamente excluyentes: el comercio de soja con China y nuestra alianza con Brasil”.

En ese sentido las medidas que se están tomando en argentina “apuntan a centralizar el manejo de comercio internacional: la creación de las recientes misiones comerciales lo denotan”. Según Tondini, en términos prácticos lo que se ha hecho es subordinar la actividad del comercio interno al comercio internacional.

El economista Carlos Melconian (vinculado al pro de Mauricio Macri) precisa que el intercambio con brasil es el peor de los últimos años y “sólo con el sector automotriz podríamos justificar ponernos de novios”. Si volver a crecer depende de la relación con Brasil y de la soja, Melconian se queda con lo segundo. “Con la soja están claritos los porotos y los garbanzos; en cambio, con brasil no: los brasileños hacen su vida, son oportunistas y además nuestro modelo es muy diferente al suyo. Lo que pasa es que ellos no quieren romper vínculos y llevarse mal con nosotros, y por eso nos prestan atención en asuntos microeconómicos, pero ellos están en las grandes ligas y no los conmueve nada”.

Valor de marca. En este escenario han surgido empresas como Nac&Pop, ejemplo del singular ecosistema económico argentino. Hace dos años el empresario uruguayo Álex Gordon, luego de muchos años viviendo en israel, se paseaba por el centro de buenos aires. Observando detenidamente los locales gastronómicos y detectó dos oportunidades: la primera tenía que ver con la escasez de venta impulsiva. A diferencia del DF en méxico y de bogotá en colombia, buenos aires carecía de establecimientos en donde no fuera necesario entrar y sentarse a comer. La otra oportunidad era que no había prácticamente negocios que atendieran las 24 horas. “Decidí entonces”, cuenta hoy gordon, “conseguir un capital inicial (us$ 5.000) E instalarme con un negocio de comida rápida en donde se vendiera en la línea municipal, las 24 horas, en plena avenida corrientes, a pocas cuadras del obelisco”.

Eso sucedió en 2011 y el local no tenía nombre ni imagen corporativa. A finales de ese año ya tenía otros locales y había adquirido un nombre: Nac&Pop (que es la abreviación de nacional y popular, el eslogan del gobierno de cristina fernández). Su oferta va desde hot dogs hasta hamburguesas caseras, pasando por lomitos de posta y pechugas grilladas. Instauró una iconografía con imágenes de Diego Maradona, Andrés Calamaro, Fito Páez, Luca Prodán, entre muchos otros. Con precios al alcance de cualquiera, nacía este negocio que cuenta en la actualidad con ocho locales en las principales avenidas. Cada uno factura us$ 45.000 al mes, y emplea a 150 personas, de las cuales el mismo gordon se encarga muchas veces de entrevistar y seleccionar: “la idea es ir creciendo a un ritmo de un local por mes para llegar a los 12 a final de año”.

A este empresario no parecen preocuparle mucho los posibles efectos de la crisis internacional. Lo nacional y popular está lejos de ser solamente un nombre marketinero, ya que gordon comparte “la heterodoxia de la política económica de este gobierno”. En alusión a las medidas tomadas para enfrentar la crisis internacional, es partidario de “blindar al país frente al tsunami”, que según él se vendrá en los próximos meses. Advierte que si bien el control de cambios “entre determinados medios puede ser impopular”, a todas luces se hace necesario. Ve en la crisis una oportunidad, ya que no cree que un producto de promedio us$ 4 pueda verse afectado, sino todo lo contrario, porque podrá negociar mejor con proveedores y dueños de locales. “Si desaceleramos”, dice, “será para tener una mejor organización de la empresa, porque por el momento contamos con una estructura muy pequeña”.

Tal vez el aspecto más desconocido de este empresario sea su socio (y ex cuñado) gustavo wengrovski, dedicado a la construcción (powen) y a la hotelería (ayres). Actualmente su constructora tiene cinco edificios en ejecución, todos en barrios, como a él le gusta decir, “premium”. Fue wengrovski uno de los que aportó el capital inicial para Nac&Pop, luego de consultarlo con su hermana. Wengrovski destaca la creatividad de gordon, “tiene un especial olfato para las oportunidades”. Esta creatividad ha hecho pensar a alex gordon en ampliarse al negocio de los carritos y al delivery a un horario en el que nadie más lo hace. Creatividad que, además, avala una historia familiar. Fue con su padre con quien empezó con la pizza por metro, que en los años 70 fue toda una revolución en buenos aires. Su ex cuñado es un empresario que juega en ligas mayores, pero no deja de admirarlo, “porque lo que él hace tiene valor de marca”. Y puede que tenga razón, porque hoy en buenos aires todos hablan de Nac&Pop.