La Habana. Cuba emprendió un debate sobre la remodelación de una de la últimas economías de estilo soviético del mundo y, si una reunión sostenida esta semana en una fábrica de habanos sirve de medida, los empleados estatales apoyan las reformas pero están frustrados por la falta de progreso hasta la fecha.

La ronda de debates en centros de trabajo y comunidades es la tercera orquestada por el presidente Raúl Castro desde que reemplazó hace cuatro años a su convaleciente hermano Fidel en el poder.

Castro está tratando de sacar al país de dos décadas de crisis económica, que desgarró lo que fuera una sociedad igualitaria, creó una burocracia intransigente y atizó el descontento.

"El problema es que a los agricultores se les paga una cantidad miserable por sus productos y también a nosotros por nuestro trabajo ", dijo Ariel Izis, empleado de la fábrica de tabacos José Martí en La Habana, que recibió un aplauso rotundo.

"Eso demuestra una total falta de respeto", agregó, dirigiéndose a la tribuna donde estaban sentados funcionarios del Partido Comunista y el sindicato, que tomaron notas y explicaron la necesidad de más disciplina y mayor productividad ante las quejas "justas" de los empleados.

Izis fue el último en hablar durante un debate a menudo acalorado el lunes en la tarde.

Unos 120 trabajadores se reunieron en la cafetería de la fábrica, donde aprobaron unánimemente 291 políticas económicas y sociales que, según las autoridades, mejorarán sus vidas.

Sobre la mesa hay propuestas que prometen transformar en cinco años a Cuba desde una sociedad paternalista en otra donde el Estado juegue un menor papel y el esfuerzo individual sea mejor recompensado.

“Democracia socialista”. Decenas de miles de reuniones como esta tendrán lugar a lo largo de Cuba hasta febrero.

Las propuestas, con ajustes populares, serán adoptadas en un congreso del Partido Comunista en abril, un proceso descrito como "un ejercicio de democracia socialista". Muchos de los planes ya están siendo, sin embargo, implementados.

Las propuestas reducirían el papel del Estado en la administración de la economía, descentralizarían la toma de decisiones y los flujos de ingresos.

El gobierno busca además transferir 20% de sus empleados al "sector no estatal" de pequeñas empresas, cooperativas y arrendadores de casas, reducir los subsidios estatales y dar más espacio a las fuerzas del mercado.

Un incremento de la productividad y menos derroche permitiría el gobierno pagar más a sus trabajadores por su trabajo y bajar los precios de los artículos de consumo, dijo Raúl Fernández Sierra, un representante del Partido Comunista en la reunión.

"Las ideas están muy bien. Pero ¿cómo van a aplicarse estos planes por las mismas personas que nos pusieron en esta situación? Ellos tienen sus propios intereses", dijo Roberto, que pidió no revelar su apellido, durante una entrevista telefónica desde Santiago de Cuba donde participó en un debate similar.

En la fábrica de habanos en La Habana, apenas un puñado de las propuestas discutidas por los trabajadores se centraron en los bajos salarios estatales y los elevados precios en una economía que todavía es controlada en más de 90% por el Estado.

"Una libra de carne de puerco en el mercado cuesta 35 pesos o más y yo gano 15 pesos al día", dijo Octavio Hernández, que criticó los precios, la calidad y la poca variedad en los mercados estatales, arrancando un aplauso rotundo durante el debate.

El mensaje es claro: al tipo de cambio oficial de 22 pesos por dólar, eso significa que Hernández gana bastante menos por día de lo que cuesta uno de los habanos que él enrolla en cuestión de minutos.