La Habana. La nueva clase empresarial que emergerá en Cuba incluirá albañiles, carpinteros y jardineros, pero también negocios menos tradicionales como cuidadores de baños, forradores de botones y hasta cartománticos.

Esos son algunos de los oficios que los cubanos examinaron el viernes entre las 178 actividades que el presidente Raúl Castro autorizará desde octubre, en un intento por dinamizar el pequeño sector privado en la isla de gobierno comunista.

Tras leer los detalles publicados en el diario oficial Granma, muchos tejían planes de montar pequeños negocios privados.

Armando Jiménez, un albañil que hasta ahora trabajaba para el Estado, quiere por ejemplo montar una pequeña empresa de reparación de viviendas, aprovechando la posibilidad hasta ahora impensable de contratar empleados.

"Este será un nuevo espacio para trabajar limpio, sin problemas. Pero depende de cómo serán las regulaciones para el pago de impuestos", dijo a Reuters.

Granma no dijo a cuánto ascenderán los impuestos, pero según un documento del gobernante Partido Comunista filtrado a los medios rondarían 35% de los ingresos brutos.

"Hay criterios divergentes. Unos están satisfechos para poder legalizar lo que hasta ahora habían hecho por la izquierda. Otros tienen dudas y preocupación por los impuestos que tendrían que pagar", dijo Alberto Martínez, que redondea su jubilación vendiendo caramelos en la puerta de un hospital de La Habana.

Castro busca triplicar así un sector privado que emplea a unas 143.000 personas para absorber a los 500.000 empleados públicos que planea despedir en los próximos seis meses, en una drástica medida para reducir los costos del Estado.

"Las nuevas licencias le dan paso a la gente que se esfuerza en impulsar su economía personal y es una opción para los que quedarán desempleados en breve", dijo Ricardo Calderín, un reparador de cocinas que pescaba en el paseo marítimo de La Habana.

El presidente ha descrito su plan como una "actualización" del modelo socialista instalado en Cuba desde hace medio siglo por su hermano Fidel Castro, separado desde hace cuatro años del poder por una enfermedad.

La apertura al sector privado parece ir más allá de un limitado experimento realizado a mediados de la década de 1990 cuando la economía cubana tocó fondo tras la desaparición de la Unión Soviética, su benefactor.

Esta vez, por ejemplo, los cubanos podrán montar pequeños restaurantes de hasta 20 sillas -casi el doble que hasta ahora- e incluso alquilar viviendas.

"He estado esperando que abran nuevas licencias. Lo mío es rentar ahora 'autorizadamente' el apartamento de mi hermano que vive en Alemania con permiso del gobierno", dijo René Pérez, un técnico químico de 32 años.

Al autorizar los negocios, el gobierno espera regularizar la vasta economía sumergida de Cuba. Muchas personas ya alquilan habitaciones o viviendas enteras por debajo de la mesa.

Y muchos cubanos consultados el viernes dicen estar dispuestos a subirse al vehículo de las reformas con negocios como ofrecer masajes, vender flores, fabricar alimentos, trabajar como electricistas, manicuras, mecánicos y niñeras.