La Habana. El comerciante de objetos de plomería Luis Miguel se siente aliviado porque finalmente podrá vender su apartamento en La Habana y comprar otro dentro de las reformas liberalizadoras emprendidas por el presidente cubano, Raúl Castro.

Pero también está molesto por los meses que permaneció luchando contra el laberinto de la burocracia intentando intercambiar su propiedad bajo el controlado régimen pasado para la compra-venta de viviendas.

"Llevo varios meses tratando de permutar (intercambiar) la vivienda y todo son trabas y más trabas", dijo con disgusto el hombre de 45 años.

"Ya rompí todos los papeles y ahora a buscar un comprador, sin tantos papeles, ni falsos controles y sin tener que darle dinero a nadie", agregó.

Un congreso del gobernante Partido Comunista en abril aprobó un plan de reformas que flexibilizan las regulaciones para ejercer la actividad económica individual y la mayoría de los cubanos las han celebrado.

Sin embargo, la relajación de las restricciones que obstaculizan gran parte de la vida diaria en una de las últimas economías centralizadas de estilo soviético parece destapar también la incomodidad sobre el por qué de las prohibiciones existentes que ya se están levantando.

Además hay inquietud acerca de las que aún permanecen.

"En definitiva tantos controles no controlaban nada", dijo Margarita Rojas, una ama de casa de La Habana. "Lo que hacían era propiciar la corrupción y mucha gente hizo dinero con todas esas medidas, muchas de ellas absurdas", añadió.

Granma, diario del Partido Comunista, anunció este mes que los cubanos pronto podrán efectuar la compra-venta legal de sus casas y los autos por primera vez desde la revolución de 1959.

El periódico precisó que la comercialización de esos bienes comenzaría antes de finalizar el 2011 y se realizaría mediante la aprobación de un notario y el pago a través de la banca estatal, además de abonar un impuesto que está por definir.

Muchos cubanos irritados por el cúmulo de trámites se veían obligados a encontrar soluciones ilegales durante años.

"Tenía un auto y necesitaba venderlo. Como no podía hacerlo inventé un truco y se lo 'presté' a otra persona. Ahora tengo que ver cómo arreglo los papeles para traspasar legalmente lo que vendí hace más de tres años", dijo Jorge, un empleado estatal que prefirió no revelar su apellido.

"NECESARIO PERO PELIGROSO"

El presidente Raúl Castro dijo en un discurso en diciembre del 2010 ante el Parlamento cubano que "el Estado no pretende regular las relaciones entre dos individuos" pues lo que puede regular son sus relaciones con los individuos.

Un economista local dijo que la realización de las reformas era fundamental.

"Las reformas son necesarias, pero peligrosas, ya que están obligados a abrir los ojos y las mentes, y los llevan a la demanda de una mayor flexibilización", expresó el economista que prefirió no revelar su nombre.

Las autoridades cubanas parecen haberse dado cuenta de que el exceso de regulaciones no conduce a una sociedad sana.

Sin embargo, los retrasos en su aplicación y la regulación han generado frustración en una generación que se pregunta el por qué las limitaciones deben existir en todo.

El propietario de un "paladar", como suelen conocerse los pequeños restaurantes privados, bromeó acerca de cómo el Gobierno definió el número de clientes permitidos que podrían ser atendidos.

"En primer lugar se nos permitió 12 sillas, luego 20 y ahora 50. Pero ¿por qué poner un límite de sillas en la casa de alguien", dijo una mujer que no quiso ser identificada.

A los cubanos se les seguirá permitiendo poseer una única vivienda bajo su propiedad en la isla y necesitan de un permiso estatal para comprar un auto nuevo, dijo Granma.

Los extranjeros y los cubanos que viven fuera siguen teniendo prohibido la compra de propiedades en Cuba, a menos que sean residentes permanentes.