Washington. Los demócratas de Estados Unidos eliminaron un controversial impuesto a los bancos de su proyecto de ley de reforma al sistema financiero, mientras luchan por conseguir los votos necesarios para aprobarlo en el Congreso.

Los demócratas esperaban que el cambio acercara a los republicanos moderados, que habían amenazado con retirar su respaldo debido al impuesto de US$17.900 millones sobre las grandes instituciones financieras, el cual fue añadido la semana pasada.

El nuevo plan, aprobado este martes por los negociadores, elimina el impuesto. En cambio, cubre los costos del proyecto cerrando el Fondo de Alivio para Activos en Problemas (TARP), de US$700.000 millones y elevando el monto que los bancos deben pagar para asegurar sus depósitos.

"Estoy preparado para hacer algunos compromisos para aprobar este proyecto tan importante", dijo el representante demócrata Barney Frank, quien ha supervisado el proceso.

Se esperaba que el proyecto de ley fuera aprobado por ambas Cámaras del Congreso esta semana, a tiempo para que el presidente Barack Obama lo promulgara el 4 de julio.

Líderes de la Cámara de Representantes alistaron el escenario para una rápida votación el miércoles, mientras que los senadores esperan hacerlo para finales de semana.

Analistas dijeron que aunque la aprobación no está asegurada para esa fecha, la legislación posiblemente se convertiría en ley.

El proyecto, que apunta a evitar una repetición de la crisis financiera que entre 2007 y 2009 golpeó a la economía global, es una importante prioridad para Obama y le daría a él y a sus compañeros de partido una gran victoria legislativa de cara a las elecciones del Congreso en noviembre.

Retiro anticipado de asistencia. La legislación obligaría a los bancos a reducir pero no a cesar operaciones e inversiones riesgosas, implementar un nuevo proceso de gobierno para liquidar firmas financieras nacionales y establecería una nueva oficina de protección al consumidor.

Wall Street y muchos republicanos han tratado de retrasar o diluir el proyecto, que se ha fortalecido en su viaje de un año en el Congreso, ya que los demócratas han manejado el disgusto público hacia una industria que ha generado para sí misma enormes cantidades de dinero, mientras que el país lucha con un elevado desempleo.

Un puñado de republicanos moderados, conscientes de la popularidad de la medida, lograron ganar concesiones a cambio de ayudar a los demócratas, pero muchos amenazaron con retirar su apoyo debido a la aplicación del impuesto bancario.

El nuevo mecanismo de financiamiento cerraría el políticamente impopular TARP, que fue creado en 2008 para comprar activos tóxicos de bancos, pero que fue utilizado para rescatar a tambaleantes gigantes de Wall Street y automotrices de Detroit.

El programa está programado para terminar en octubre, excepto para compañías como General Motors que aún dependen de él. Cerrarlo con anticipación ahorraría US$11.000 millones al fisco, según los demócratas.

El proyecto sumaría otros US$5.700 millones al elevar los impuestos que los bancos pagan a la Corporación de Seguros de Depósitos Federales (FDIC, por sus siglas en inglés) por asegurar sus depósitos de 1,15% a 1,35%.