Ciudad de México. El valor de las facturas apócrifas presentadas por los contribuyentes ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT) para comprobar gastos y solicitar devolución de impuestos durante los ejercicios fiscales de 2007 a 2009 totalizó US$3.466 millones, reveló Fernando Martínez Coss, líder de facturación electrónica del órgano fiscalizador de la Secretaría de Hacienda.

“Durante esos ejercicios, de 2007 a 2009, tenemos más de US$3.466 millones en documentos apócrifos que el SAT identifica en los contribuyentes”, dijo el funcionario, al dar a conocer resultados de un estudio elaborado por el Colegio de México (Colmex) de manera conjunta con el propio SAT, para valuar la defraudación fiscal por esa vía.

Alerta. Sin embargo, advirtió que esa estimación es solamente “la punta de Iceberg” de lo que podría ser un problema mayor, pues podría haber muchos más documentos apócrifos que no fueron detectados por la autoridad fiscal en esos y otros ejercicios fiscales que no formaron parte del estudio realizado por el Colmex y el SAT.

El funcionario federal también reveló que la facturación con comprobantes impresos en papel tiene otros costos que perjudican directamente a las empresas, porque de acuerdo con otros estudios se sabe que el almacenamiento de ese tipo de documentos durante un periodo de cinco años vale por lo menos US$12.

“En un proceso fiscal, en el que estamos hablando de cinco años de almacenamiento, y en un proceso mercantil, que dura diez, llega a costar más de doce dólares al sector empresarial”, lo que movió a este sector a exigir a autoridad fiscal avanzar hacia una nueva forma de facturación menos costosa, más simple y más efectiva.

Y fue así como se tomó la decisión de aprovechar las ventajas que ofrece el desarrollo tecnológico, para avanzar de manera gradual en la sustitución de comprobantes fiscales impresos por una factura electrónica digital que hoy conocemos como el Comprobante Fiscal Digital por Internet (CFDI), a través del cual se reducen costos y se brinda seguridad jurídica al contribuyente.

“Esto lleva a la administración tributaria a establecer un estándar y llega a combinar la norma tributaria con elementos tecnológicos y nuestro país crea lo que hoy se denomina el estándar de factura electrónica que técnicamente conocemos como Anexo 20, que distingue a México de los modelos de Chile, Brasil y países nórdicos, que son también punta de lanza en el tema”.

Sin embargo, dijo, lo que hace la diferencia es que el modelo mexicano de factura electrónica asegura lo que calificó como neutralidad e interoperabilidad, características que abonan a la simplificación, porque el resultado es la creación de un documento digital que es fácilmente operable en diferentes sistemas y máquinas.

Cuando arrancó este proceso andábamos en un promedio de 35 mil transacciones, hoy estamos en un promedio de 20 millones de transacciones diarias; y sin duda, hacia adelante, la simplificación nos permitirá generar proceso más ágiles.