Buenos Aires. Tras la fuerte devaluación del peso argentino en enero pasado y con la aceleración de los precios, todo hace prever que en los próximos meses la economía del país suramericano desacelere su marcha o incluso entre en recesión.

Los primeros signos de enfriamiento ya son palpables: menor consumo y caída de producción en algunos sectores clave, como la industria automotriz.

Según las últimos datos oficiales disponibles, la actividad económica acumuló en los primeros 11 meses de 2013 una expansión del 5,1%, pero para los consultores privados el alza no fue más allá del 3%, con signos de caída en el último cuatrimestre.

Pese a la tormenta económica desatada en enero último, el gobierno no ha modificado sus proyecciones presupuestarias de crecimiento para 2014: 6,2%.

Los consultores no vaticinan lo mismo, algunos prevén caídas en la actividad de hasta el 1,4% para este año y otros recesión al menos durante el primer semestre.

Además, la devaluación del peso argentino, de un 22% en enero, y la inflación, que el propio gobierno admite que fue del 3,7 % en el primer mes del año, impactarán en el consumo.

La inflación erosiona el poder de compra de los trabajadores, cuyos salarios difícilmente crezcan este año por encima de la inflación real, con tarifas que ya aumentaron (transporte) y otras con alzas en puerta (gas y electricidad).

A ello se suman mayores tasas de interés -producto de las políticas del Banco Central tras la devaluación-, que reduce y encarece la financiación al consumo.

"La primera variable que se modificará será el consumo, que ha venido siendo el principal motor del crecimiento en los últimos años. Es de esperar que se dé una caída en la demanda debido a que el salario real de los trabajadores tendrá una pérdida de poder de compra ante la inflación", sostuvo el gerente de Análisis Económico de la consultora Abeceb, Mariano Lamothe.

Los resultados ya se palpan: en enero, las ventas minoristas registraron una caída interanual del 3,8%.

Las compras de autos, récord en 2013, también están en declive (-1,9% en enero), con su consiguiente impacto en las terminales, cuya producción se desplomó un 17,9%, según datos del sector.

En términos generales, según cálculos privados, la actividad industrial se apuntó ya en enero un bajón del 1,5%.

"El golpe más negativo será para los sectores que denominamos 'no transables', es decir, aquellos cuyos productos no tienen una salida hacia la exportación. Esto es así porque serán los primeros en sufrir la baja de la demanda interna", apuntó Lamothe.

Los sectores exportadores, beneficiados en principio con un tipo de cambio más competitivo tras la devaluación, a mediano plazo también podrían verse afectados por mayores costos debido a la inflación.

El panorama para este año también es sombrío en la variable de la inversión.

"La elevada incertidumbre cambiaria, la fuerte suba de tasas de interés, la reducción de la obra pública y el continuo cambio en las reglas del juego, alejan el hundimiento de capital", dijo la consultora Ecolatina en un reciente informe.

Algunas provincias ya comenzaron a ajustar sus cuentas con la congelación de sus planes de obra pública y de la contratación de personal y el incremento en las tarifas de servicios públicos.

También se prevé un deterioro en el mercado laboral, con reducción de turnos de producción en algunas industrias, eliminación de las horas extras y una caída general de la demanda.