Hace diez años que estalló la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, provocando una recesión. En el colapso del mercado bursátil los inversionistas vieron esfumarse casi siete billones de dólares. En el trascurso de dos años, casi nueve millones de estadounidenses perdieron sus trabajos. Los contribuyentes estadounidenses pagaron la cuenta. Con la Ley Dodd-Frank las autoridades le pusieron reglas más estrictas al mundo financiero.

Los bancos centrales de todo el mundo inundaron los mercados con dinero y redujeron las tasas de interés a cero. La idea era que los bancos prestaran dinero barato a las empresas, para así promover la inversión, y a los consumidores, para que consumieran más. El plan funcionó.

No todo lo que brilla es oro. La economía de Estados Unidos creció en los últimos trimestres en más del 4%, las empresas estadounidenses han logrado, trimestre tras trimestre, nuevos beneficios récord, el mercado laboral reportó casi pleno empleo, y los precios de las acciones en Wall Street se dispararon. En las últimas semanas, dos compañías estadounidenses han superado el tope de valoración de un billón de dólares: Apple y Amazon. La percepción positiva de los consumidores es la más alta de los últimos diez años. El presidente estadounidense, Donald Trump, celebra en Twitter los resultados. Incluso la Reserva Federal de EE.UU. ha expresado optimismo sobre la economía.

Récord de deudas. Pero hay una amarga realidad. La laxa política monetaria ha hecho incrementar, en todo el mundo, la deuda de hogares, empresas y gobiernos. La deuda ha subido desde la víspera de la crisis financiera en un 74%. Y este año se teme un monto récord de US$247 billones, así sugiere un estudio de la consultora de gestión McKinsey.

El economista Lakshman Achuthan, fundador del Economic Cycle Research Institute, que estudia los ciclos económicos, advierte que "la desaceleración de la economía estadounidense se acerca y es inminente”.

En comparación, la producción económica de EE.UU. ronda los US$19 billones. Solo en el primer trimestre de 2018, la deuda creció un 11%, en comparación con el año anterior, según el Instituto de Finanzas Internacionales. "Hay una relación entre el recalentamiento del mercado crediticio y una posterior recesión económica”, advierte Itay Goldstein, profesor de finanzas en la Universidad de Pensilvania.

Bonos corporativos de alto riesgo. La política de tasas de interés a cero tiene otro efecto tóxico: hace más atractivos los bonos de mayor riesgo, también llamados "bonos o préstamos basura”. Estos tienen un alto riesgo de incumplimiento porque las compañías emisoras presentan un balance negativo. A nivel mundial, el monto de los bonos basura emitidos en 2017 alcanzó los dos billones de dólares, más del doble que la media emitida en 2007. "Cuanto mejor marcha la economía, más disposición hay de asumir riesgos", apunta Goldstein.

Pero las enormes montañas de deudas son peligrosas cuando aumentan los incumplimientos. Y estos son más probables cuando las tasas de interés aumentan, tal como sucede actualmente. La mayor parte de la deuda es cancelada por las compañías contrayendo nuevas deudas, a una tasa de interés nueva y más alta. Eso aumenta sus costos.

Para empeorar las cosas: los consumidores tendrán que pagar mayores tasas de intereses por tarjetas de crédito, automóviles y préstamos hipotecarios. Los consumidores reaccionan entonces reduciendo el gasto. Consecuencia: los costos para las empresas crecen, a la vez que disminuyen sus ventas. "Esta vez, empero, los bancos no serán el problema, gracias a la más estricta regulación”, explica Susan  Lund, coautora del estudio de McKinsey sobre la deuda global acumulada por la empresa privada, que es de US$66 billones.

Precios de acciones inflados. Pero también el mercado de valores se caracteriza por el alto nivel de riesgos de la deuda. Esto, porque las empresas han comprado, sobre todo, sus propias acciones con el dinero prestado. Las recompras de acciones están actualmente en niveles récord y las 500 empresas que figuran en el principal índice de Wall Street, S&P 500, invertirán un billón de dólares en sus propias acciones este año.

Los precios récord en Wall Street se deben a que las empresas simplemente aumentan la demanda de sus propias acciones. Como resultado, las ganancias por acción también aumentan, lo que las hace parecer aún más atractivas. Las empresas europeas gastarán 10 mil millones de euros en recompra de acciones, solo este año.

¿Al final de un ciclo? En todo caso, el economista Lakshman Achuthan, fundador del Economic Cycle Research Institute, que estudia los ciclos económicos, advierte que "la desaceleración de la economía estadounidense se acerca y es inminente”.

Algunos inversionistas están de acuerdo con Achuthan: el multimillonario Ray Dalio, fundador de Bridgewater Associates, el fondo de alto riesgo más grande del mundo, cree que la economía estadounidense aún no es una burbuja, pero que está a punto de formarse. Estima que el riesgo de una recesión antes de las próximas elecciones presidenciales en 2020 es, con el 70%, "relativamente alto".