Rio de Janeiro/Brasilia. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, balanceará esta semana el eje presupuestario, pero probablemente no lo suficiente para convencer a los mercados de que la inflación generada por el gasto público está bajo control.

En la decisión más vigilada de su joven presidencia, el gobierno de Rousseff detallará recortes presupuestarios que se espera sumen alrededor de 40.000 a 50.000 millones de reales (US$24.000 a US$30.000 millones), buscando dar vuelta la página de un desorden fiscal dejado por su popular predecesor.

Los recortes, que se espera sean anunciados esta semana, podrían sonar impresionantes. Sin embargo, un examen más detallado probablemente revelará reducciones más modestas mientras Rousseff busca un equilibrio entre complacer a los mercados y mantener inversiones que Brasil necesita para resolver sus problemas de infraestructura.

La difícil decisión que enfrenta es una prueba al estricto presupuesto de Brasil, que en buena parte es fijado por ley y no puede ser reducido en el corto plazo.

Los gastos que pueden ser blanco de recortes que elevarían la eficiencia, como el proyecto de ley sobre el salario de funcionarios públicos, no pueden ser cortados tan rápidamente.

"Lo más fácil es realizar recortes en gastos en inversiones, que es lo último que necesita la economía brasileña", dijo Neil Shearing, economista de Capital Economics en Londres.

"No espero que los recortes sean lo suficientemente profundos como para que se vayan los problemas de un sobrecalentamiento inflacionario", agregó.

Un aumento de los gastos durante el último año de Gobierno del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva presionó a la inflación en el 2010 a su máximo nivel en seis años.

Eso representó una prueba temprana a la promesa de Rousseff de mantener la estabilidad económica que ha convertido a Brasil en uno de los destinos más cotizados del mundo para realizar inversiones.

La inflación del país alcanzó un 5,99% en los 12 meses hasta enero, sobre el centro de meta del Banco Central de un 4,5% anual, con una tolerancia de más o menos dos puntos porcentuales.

Recortes sustanciales son cruciales para aliviar la presión para que se suba la ya alta tasa de interés de Brasil, que está provocando un fortalecimiento de la moneda y quejas de exportadores.

Los recortes también ayudarían a mejorar lo que muchos economistas consideran como la menguante credibilidad fiscal de Brasil.

El gobierno recurrió a lo que es ampliamente considerado como contabilidad creativa para cumplir con la meta de superávit presupuestario primario del año pasado de un 3,1% del producto interno bruto (PIB).

Decisiones que no son fáciles. Cualquier evaluación sobre el impacto real de los recortes presupuestarios debe comenzar descontando alrededor de 20.000 millones de reales de la cifra que será anunciada esta semana.

Ese es el monto con que el Congreso ha inflado su propuesta de presupuesto y que Rousseff puede cortar antes de tomar cualquier decisión dura sobre el gasto.

La mandataria ha jurado que no tocará el programa de infraestructura estrella conocido como Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), dejando la puerta abierta para recortar las sustanciales inversiones públicas que caen fuera del programa.

El diputado Márcio Reinaldo Moreira, ex ministro de Planificación, Presupuesto y Gestión que ha formulado presupuestos, espera que el Gobierno primero trate de recortar costos operacionales, luego montos para el Congreso y finalmente inversiones.

"Llegarán a un punto en que el presupuesto para infraestructura se verá afectado. No tengo duda de ello", sostuvo.

Un verdadero recorte de más de 16.000 millones de reales comenzaría a afectar a proyectos cruciales, como los que involucran al Mundial de fútbol 2014 y a los Juegos Olímpicos 2016, dijo la consultoría Eurasia Group, y agregó que es improbable que Rousseff ponga a esos certámenes en peligro.

El resultado seguramente sería una cifra nominal para recortes que decepcione o una cifra complaciente de alrededor de 50.000 millones de reales que el Gobierno no implementará completamente, sostuvo.

"El problema es que Rousseff no tiene ninguna elección fácil", dijo en un informe.

Después de evaluar los números, el economista Alexandre Schwartsman, de Banco Santander Brasil, concluyó que el Gobierno necesitaría recortar al menos 70.000 millones de reales para alcanzar la meta de superávit primario para este año sin recurrir a trucos contables.