Países con política monetaria con objetivos de inflación, como Brasil y Chile, desean proteger sus monedas contra los flujos masivos de capital generados por las políticas expansivas de las economías desarrolladas. Brasil lo ha estado haciendo de manera muy activa a través de intervenciones del banco central en el mercado de cambios.

Por su parte Chile ya ha expresado su deseo por defender su moneda de la revaluación. En este sentido, los bancos centrales estarían adoptando implícitamente un mandato monetario dual.

En este sentido, Brasil ha tratado de intervenir en su tipo de cambio a través de la imposición de controles de capital. Más recientemente, el banco central ha intervenido muy activamente en el mercado cambiario a través de operaciones de compra de dólares para debilitar al real.

"Brasil parece estar convencido de que su falta de competitividad industrial se debe en mayor medida a la revaluación cambiaria generada por los flujos de capital", señala, Alfredo Coutiño, director de Moody’s Analytics para América Latina.

Lo anterior, dado que los controles de capital solo han sido efectivos en el corto plazo, ahora el país se enfoca a usar medidas más transparentes y menos distorsionantes para proteger la competitividad de su moneda a través de las intervenciones del banco central en el mercado de cambios.

La persistencia brasileña con estas acciones cambiarias parece indicar que el país está decidido a seguir el modelo chino de flotación intervenida.

Sin embargo, esta acción de intervención cambiaria impone una restricción a la política monetaria de objetivo único como la vigente en Brasil y en Chile, la cual tiene como objetivo prioritario el combate a la inflación.

Esto es así porque entonces el banco central tendría que enfocar la política monetaria a la consecusión de los dos objetivos: inflación y tipo de cambio. A pesar de que los dos objetivos pueden ser bastante compatibles, ello impone la necesidad de tener que calibrar la política monetaria de manera que se alcance un nivel de inflación consistente con un nivel de tipo de cambio deseado, señala Coutiño.

Esto puede llevar a una situación en que el banco central tendría necesariamente que aceptar mayores niveles de inflación para evitar una costosa sobreacumulación de reservas internacionales.

De esta manera, las intervenciones permanentes del banco central en el mercado de cambios implicaría que la política monetaria de objetivos de inflación no funcionaría completamente en el país.

Por lo tanto, si las autoridades desean preservar un sistema de flotación cambiaria intervenida, entonces el banco central estaría implícitamente aceptando un mandato monetario dual, para dejar de ser un “inflation targeter”.