La economía de Brasil se contrajo un 1,9% en el segundo trimestre, sumiendo al país en una recesión que ha diezmado la popularidad de la presidenta Dilma Rousseff, que lucha por preservar la nota de grado de inversión en la mayor economía de América Latina en medio de un enorme escándalo de corrupción.

La contracción trimestral, reportada el viernes por el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), fue mayor a la baja del 1,7% esperada por el mercado, según la mediana de las estimaciones de 26 analistas consultados en un sondeo de Reuters.

El IBGE también revisó el crecimiento del primer trimestre a una contracción de 0,7%, más que el declive del 0,2% reportado en mayo.

Los esfuerzos de Rousseff por recortar el gasto, aumentar los impuestos y contener la inflación han hecho poco por restaurar la confianza de los consumidores e inversores y han generado problemas al interior de la coalición de Gobierno.

La inversión cayó un 8,1%, un declive por octavo trimestre consecutivo, en la racha bajista más larga desde el inicio de la serie actual de datos en 1996.

El consumo de los hogares bajó un 2,1% debido a que el desempleo alcanzó máximos en cinco años y los precios al consumidor escalaron cerca de un 9% en 12 meses.

El índice de aprobación a Rousseff ha caído a cifras de un dígito en sondeos recientes mientras la economía se estanca y la situación política empeora, ante crecientes evidencias de un esquema de sobornos en que se sustrajeron miles de millones de dólares de empresas estatales.