La inflación constituye una variable de atención para la política económica, pero por la cual no se puede comprometer el resto de las áreas prioritarias. Así lo señaló la coordinadora del Área de Coyuntura del Instituto de Economía (Iecon) de la Universidad de la República de Uruguay.

-¿Uruguay tiene el crecimiento asegurado o es posible identificar algunas luces de alerta?

-Estamos en un momento positivo a nivel general, pero sin duda que las hay. Europa es la zona con más dificultades para salir de la crisis, donde se arrastran problemas como el endeudamiento y los elevados déficits fiscales. No creo que se avecine una crisis profunda, pero esta situación trae complicaciones que pueden llegar a afectarnos por el lado de la moneda y la competitividad. Eso puede complicar el manejo macroeconómico, que de hecho ya está presentando dificultades para lograr los equilibrios.

-¿Cuando los países desarrollados retiren sus políticas de estímulo y vuelvan a subir las tasas, ¿Uruguay tiene de qué preocuparse?

-Hay que estar alerta para que los cambios no nos tomen desprevenidos. Pero el cambio no va a ser radical. La afluencia de capitales va a continuar porque en Uruguay hay muy pocos capitales de corto plazo. No hay un mercado de capitales desarrollado. Sí, volveremos a tener una moneda no tan apreciada respecto a los países desarrollados.

-¿Detectan otros problemas a corto y mediano plazo que requieran atención de la política?

-En el terreno macroeconómico las luces siempre se encienden, porque los equilibrios son muy inestables. La inflación siempre sobrevuela y hay que estarle encima, pero muchas veces exige políticas que actúan en sentido contrario y es necesario priorizar. La cuestión con el gasto público es quizá el punto en el que hay menos acuerdos.

-¿Cuál debería ser hoy la prioridad?

-Hay una serie de prioridades en las que el gasto público es fundamental. La inflación es un problema a tener en cuenta, pero hay que usar otras herramientas. La reducción del gasto a veces aparece como una solución sencilla que no necesariamente es efectiva. Hoy en día, el gasto no presiona el alza de precios. Es cierto que su reducción podría compensar y quitar presiones, ¿pero qué costo estamos dispuestos a pagar para desacelerar la inflación?

-¿Cómo evalúa las políticas impulsadas por las autoridades?

-El gobierno se ha manejado básicamente desde la política monetaria, lo cual constituye una novedad porque nuestra política históricamente estuvo atada al precio del dólar. Es un cambio radical que cuesta interiorizar. Nuestra economía siempre funcionó con un dólar al alza. Pero no porque no sea efectivo hay que dejar de implementarlo y volver a cosas del pasado que nos trajeron tan malas consecuencias. Eso impide juzgar en el corto plazo.

-¿La baja del dólar es un problema?

-Siempre que un país crece rápidamente su moneda se valoriza. Al mismo tiempo, Uruguay se encarece respecto a Europa y a Estados Unidos, que están en crisis. Pagamos, en cierta medida, el costo de su salida. Pero no nos pasa solo a nosotros. La baja del dólar y del tipo de cambio real no generó una caída de las exportaciones, sino un problema de menores ingresos para los exportadores. Ir en contra de esa tendencia tendría un costo tan alto que no parece adecuado.

-¿Qué tan sostenibles son las actuales tasas de desocupación en mínimos históricos?

-El desempleo es bajo pero todavía tenemos problemas de calidad en el empleo. Y además, hay otros sectores donde falta mano de obra calificada. La educación y la posibilidad de crear condiciones para que la gente se siga formando es fundamental. Eso sí es un llamado de alerta. Hay que prender todas las luces porque se precisan respuestas inmediatas. Pero no es una tarea que el Estado deba desarrollar solo.

-¿Uruguay ha sabido capitalizar el actual período de crecimiento?

-Eso se va a ver dentro de 15 o 20 años. En infraestructura todavía estamos discutiendo las nuevas leyes que van a ayudar al país a dar un salto. La fuerte expansión nos permite concentrarnos en los problemas de largo plazo sin preocuparnos de cuestiones inmediatas, pero la realidad social todavía está muy lejos de superar sus problemas. No podemos decir que Uruguay capitalizó este período de crecimiento.