Tokio. El peligro de la radiación desde una planta nuclear dañada en Japón se cernió el miércoles luego de que aparecieron niveles peligrosos para infantes en el agua de Tokio y de que Estados Unidos se convirtió en la primera nación que bloquea las importaciones de alimentos nipones.

Autoridades de Tokio dijeron que el agua en una planta de purificación tenía 210 becquerelios de yoduro radiactivo - más de dos veces el nivel seguro para los infantes.

"Estos es sin duda, un efecto de la planta Fukushima Daiichi" dijo un funcionario del gobierno metropolitano de Tokio, en referencia a la central nuclear dañada.

El gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara, dijo sin embargo que el nivel de radiación no representaba un riesgo inmediato a la salud y que el agua aún puede ser usada.

"Pero para infantes de menos de un año, quisiera que (sus padres) se abstengan de usar agua del grifo para diluir fórmula para bebés", declaró.

Cristalizando la ansiedad internacional, la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) dijo que detuvo las importaciones de leche, verduras y frutas desde cuatro prefecturas en el noreste de Japón.

Corea del Sur podría ser la próxima nación que prohíba las importaciones de alimentos desde Japón luego de la peor crisis atómica desde Chernóbil en 1986.

En la planta nuclear Fukushima, dañada por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo, ingenieros luchan por enfriar los seis reactores del recinto para contener una contaminación adicional y evitar una fusión del núcleo.

En un problema de rápida expansión, Japón dijo el miércoles que se descubrió radiación sobre los niveles seguros en 11 tipos de verduras del área afectada, así como en la leche y el agua.

Funcionarios insistieron, sin embargo, que no hay un peligro importante para los seres humanos e instó al mundo a no sobrereaccionar.

El Gobierno nipón estima que el daño directo por la peor crisis que afecta al país asiático desde la Segunda Guerra Mundial oscilaría entre 16-25 billones de yenes (US$185.000-US$308.000 millones), con lo que este sería el desastre natural más costoso del mundo.

La cifra no incluye las pérdidas en actividad económica por los cortes de energía programados o el impacto económico más amplio de la emergencia nuclear en Fukushima.

El terremoto y el posterior tsunami dejaron casi 23.000 muertos o desaparecidos, en su mayoría en ciudades costeras arrasadas.

Más de 250.000 personas ahora residen en albergues, mientras rescatistas y perros sabuesos revisan los escombros y el lodo en busca de cuerpos.

En una situación empeorada por la ignorancia sobre los detalles técnicos de la radiación, la inquietud pública está creciendo en todo el mundo y se han detectados partículas radiactivas en lugares tan distante como Islandia.

Japón ya detuvo el envío de algunos alimentos desde el área y dijo a las personas que dejaran de comer verduras de hojas.

Los vecinos asiáticos de Japón están revisando las importaciones en busca de contaminación, y Taiwán aconsejó a las embarcaciones que dejen de pescar en aguas niponas.

Pese a que se han registrado avances para restaurar la energía a la planta Fukushima 13 días después del accidente, el operador de la planta Tokyo Electric Power Co (Tepco) dijo que necesitaba más tiempo antes de poder decir que los reactores están estabilizados.

Los técnicos que trabajan dentro de la zona de evacuación en torno a la planta, ubicada a 250 kilómetros al norte de Tokio, conectaron exitosamente cables de energía a sus seis reactores y comenzaron a bombear agua a uno de ellos para enfriar las barras de combustible nuclear.

La preocupación sobre el reactor número 1 ha aumentado, luego de que su temperatura llegó a 400 grados Celsius, sobre el límite de su diseño de 302.

Aumentando la presión en el lugar, dos trabajadores resultaron heridos mientras restauraban la energía, informó la agencia de noticias Kyodo.

Además, ingenieros en el reactor número 2 debieron abandonar el lugar cuando la radiación alcanzó los 500 millisieverts por hora, en la zona de peligro.

Tepco también enfrenta acusaciones de una lenta respuesta al desastre y preguntas sobre por qué almacenó más uranio en la planta del que podía contener según su diseño.