El Cairo. Egipto, el granero del antiguo imperio romano y que ahora es el mayor importador de trigo del mundo, está pagando un alto precio para mantener a su gente alimentada con pan barato y otros víveres.

Los US$5.500 millones que gasta al año en subsidios alimenticios, mayormente sobre el trigo, son una carga que ya no puede soportar mientras la economía se tambalea y el déficit se dispara tras el derrocamiento en febrero de Hosni Mubarak.

Pero la presión financiera no es el único costo para el sistema. Los subsidios han alterado la agricultura de Egipto.

El pan es tan barato que a veces es usado como alimento para animales. El foco en las importaciones ha conducido a un abandono de las granjas del país. Los productos a menudo se pudren antes de siquiera llegar al mercado.

Ahora el gobierno post-Mubarak está avanzando lentamente hacia reformas de gran alcance al sistema.

Nadie descarta los subsidios totalmente -el levantamiento fue en parte avivado por el malestar con la profunda división entre ricos y pobres-. Pero expertos dicen que la carga financiera podría reducirse y que el dinero podría gastarse mejor en fortalecer el sector agrícola.

"Necesitamos un cambio más radical en la forma en que manejamos nuestro subsidio del pan", dijo el ministro de Solidaridad Social, Gouda Abdel Khaleq, en un seminario sobre seguridad alimenticia en Egipto.

Su cartera está a cargo de la principal organización de compra de trigo del país y otros organismos que manejan los subsidios de los alimentos, si bien cualquier reforma necesita la participación de los ministerios de finanzas y agricultura.

Más de tres cuartos de los 80 millones de habitantes de Egipto pueden comprar, con cupones de racionamiento, rebanadas circulares de pan de 130 gramos a menos de un centavo de dólar cada una. Abdel Khaleq dijo que este sistema era insostenible.

En el año fiscal finalizado el 30 de junio, el gobierno gastó unos 33.000 millones de libras egipcias (US$5.500 millones) en subsidios al trigo, azúcar, arroz y aceite. Se prevé un déficit presupuestario de 8,6% del PIB este año, y los analistas dicen que podría superarse ese nivel.

Pocos cuestionan la necesidad de cambio. Pero alterar el sistema, creado hace 60 años por el presidente Gamal Abdel Nasser, es riesgoso. En 1977, el intento del presidente Anwar Sadat por aumentar los precios del pan terminó en disturbios. Mubarak también sufrió protestas en 2008 por falta de pan.

Incluso antes del derrocamiento de Mubarak, el gobierno hablaba sobre reformar los subsidios, pero hizo pocos avances.

Un plan para crear un sistema de cupones para tubos de gas butano para cocinar, debía ser implementado antes del levantamiento. Fue pospuesto y el actual gobierno apoyado por el Ejército ha comenzado con un esquema de prueba.

Cualquier cosa que el actual gobierno haga para cambiar los subsidios a los alimentos será plausible de ser revertida.

Las elecciones parlamentarias, que serán celebradas en etapas, empezarán en noviembre y terminarán en enero. Todavía no se ha definido una fecha para los comicios presidenciales. Con casi 50 partidos políticos compitiendo, predecir la forma del nuevo Gobierno es muy difícil.

Justicia social. El hecho que el actual gobierno esté dispuesto a atender el problema muestra el apoyo generalizado que tiene la reforma.

"El sistema de subsidio no es un reflejo de justicia social; alrededor de dos tercios de las personas que se benefician con él no son pobres", dijo Magda Kandil, directora ejecutiva del Centro Egipcio de Estudios Económicos.

Los molinos producen harina subsidiada para el Gobierno por 160 libras egipcias por tonelada, mientras su valor de mercado ronda las 2.000 libras. Expertos dicen que la harina subsidiada a menudo se filtra en el mercado abierto y deja ganancias.

Para ponerle freno a esto, el Gobierno evalúa hacer que los molinos y las panaderías compren el trigo y la harina a precios de mercado. El Gobierno entonces compraría el pan a precios de mercado pero lo vendería subsidiado a tenedores de cupones.

Pero el pan subsidiado sería aún más barato que el alimento para animales, una distorsión que alienta el desperdicio.

"Las personas que no necesitan el subsidio están quedándose con el pan y dándoselo a sus animales", dijo Kandil.

Como el pan es tan barato, los egipcios tienen uno de los más altos índices per capita de consumo de trigo del mundo. Los egipcios consuman entre 180 y 200 kilos de trigo al año, comparado con los 51 kilos que comen los mexicanos.

"Necesitamos cambiar los hábitos de consumo para que no consumamos tanto pan. En México, por ejemplo, ellos comen más papa. ¿Por qué no podemos empezar a ir en esa dirección?", dijo Saad Nassar, asesor del ministro de agricultura.

Por eso, junto a la reforma de los subsidios, funcionarios y expertos egipcios están debatiendo cómo cambiar la producción agrícola y hacerla más eficiente.

Recuperando tierra. Egipto consume aproximadamente 14 millones de toneladas de trigo al año pero produce la mitad. Beshai dijo que el país necesita producir al menos el 70% de sus necesidades de trigo si quería mayor seguridad alimenticia. Sostuvo que eso podría lograrse expandiendo la agricultura más allá del Valle y el Delta del Nilo, donde ahora está centralizada.

La agricultura en la costa norte del Mediterráneo, que era cultivada en tiempos romanos, podría expandirse, dijo Beshai. Gran parte de la zona, repleta de centros turísticos, ahora es un retiro de verano para egipcios adinerados.

"Hay más de 600.000 hectáreas detrás de estos centros turísticos listas para ser cultivadas e irrigadas con agua subterránea. Se puede cultivar trigo allí", afirmó Beshai.

Hasta ahora, Egipto ha tenido resultados mixtos con la recuperación de la tierra para fines agrícolas. En la década de 1990 se lanzó el proyecto Toshka, pensado para recuperar tramos del desierto que se irrigan con la represa Aswan al sur del país, pero ha tenido un progreso limitado.

Sin siquiera expandir la tierra de labranza, Egipto podría reducir las importaciones, mejorar su producción y generar más dinero con las exportaciones mejorando su sistema distributivo para reducir la cantidad de alimento que se pierde antes de que llegue al consumidor.

"Actualmente, las pérdidas post-cosecha redundan en la destrucción del 30% de lo producido. En el caso de los tomates, las pérdidas pueden llegar al 60%," dijo Angie Helmy, vicepresidente de Egyptian Agrofoods Co.

"Los productos son mal envasados, apilados de cualquier forma sobre los camiones y no reciben refrigeración alguna", agregó. Helmy, quien ha estado exportando productos frescos a mercados europeos durante un año y medio, dijo que atender estos problemas salvaría grandes cantidades de mercadería.

El uso eficiente del agua es otro asunto delicado. La mayor parte de la irrigación es realizada mediante la inundación de campos a través de canales. Los expertos dicen que esto redunda en desperdicios que Egipto no puede costear cuando depende casi únicamente del Nilo para obtener agua dulce.

Técnicas avanzadas de irrigación, como los sistemas pivotales que rocían agua de forma más eficiente, implicarían que haya más agua disponible para la recuperación de tierra.

Los expertos dicen que los granjeros que usan estas técnicas y que son ayudados por inversores privados podrían expandir su producción para exportar a Europa y otros mercados. Puede que eso no reduzca lo que se gasta en la importación de trigo, pero generaría más divisas para pagar por ella.

En Egipto se ha hablado sobre estas reformas de la agricultura durante años pero a menudo fracasaron debido a la burocracia, que hace que invertir en el sector sea un desafío. Muchos de los granjeros de Egipto poseen parcelas muy pequeñas, lo que dificulta el cambio de prácticas de cultivo y la creación de grandes granjas económicamente eficientes.

Pero el éxito de la reforma de los subsidios a los alimentos podría alentar al gobierno y al sector privado a avanzar con cambios más amplios en el sector agrícola, habilitando a su vez fondos del gobierno para promoverlos.