El 22 de julio de 1944 concluyeron en el complejo hotelero de Bretton Woods, en el estado de New Hampshire, la reunión que dio lugar a los Acuerdos de Bretton Woods, donde quedó configurado el nuevo orden mundial y se crearon las dos instituciones multilaterales más influyentes del planeta: FMI y Banco Mundial.

Hoy, 70 años después, ese orden se ha quedado obsoleto respecto a la nueva realidad emergente, ésa que ha quedado representada, a veces de forma simplista, bajo el acrónimo de Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), término acuñado por el economista de Goldman Sachs, Jim O’Neil, en 2001. Esas naciones se ha propuesto desafiarlo y proponen un “nuevo paradigma” en el que ellos tengan un mayor protagonismo en el escenario mundial.

Protagonismo global

Lo exige, sobre todo, China, la segunda economía del planeta y, por mucho, la de mayor crecimiento en los últimos 50 años, el país más poblado del mundo, la nación que con sus monumentales superávit comerciales y US$4billones en reservas internacionales (en torno a 3,3 veces el PIB de México) se siente rica, pletórica y poderosa como la de Estados Unidos de principios del siglo XX.

Pero si a China se unen los otros cuatro países, ellos juntos producen 20% del PIB mundial, 17% del comercio internacional (aunque mayormente se concentra con China) dan cobijo a 40% de la población del planeta, ocupan 27% del territorio y alberga a casi la mitad de los más pobres del orbe, en torno a mil 700 millones de individuos.

Nuevo orden internacional. Goldman Sachs considera que, para 2050, China, India, Brasil y Rusia habrían rebasado a las actuales potencias y coparían las primeras plazas de la economía mundial junto con Estados Unidos y Japón.

Sin embargo, ellos no quieren esperar hasta 2050. Y por eso, desde 2008 se llevan reuniendo de manera sistemática. Se percataron de que esa marca, esa etiqueta de los Brics, podría ser redituable, que uniendo fuerzas se podrían hacer oír más. La crisis les hizo verse más hercúleos. Mientras los países desarrollados, atenazados por su colosales deudas, entraban en una fase de estancamiento, las economías de los Brics crecían de manera firme y vigorosa y se convertían en la locomotora del crecimiento mundial. Mientras Estados Unidos pasa por su peor crisis desde la Gran Depresión, China le presta y financia para evitar lo peor.

Limitan actuación. Pero ese mayor músculo no se ha reflejado en un mayor peso en los organismos internacionales. La última revisión de cuotas del FMI aconteció en diciembre de 2010, y estaban destinado a duplicar los recursos del fondo y modificar el peso relativo de cada país miembro del FMI. Sin embargo, los cambios propuestos están bloqueados por el Congreso de Estados Unidos y no se han llegado a materializar.

Por eso, en medio de la resaca del futbol, en la ciudad brasileña de Fortaleza, los Brics dieron el primer paso firme para hacer frente al actual orden mundial, para crear alternativas, para acabar con el monopolio de Estados Unidos y su aliado europeo en el escenario económico global, para crear un “nuevo paradigma”, como les gusta decir a los gobernantes de los Brics.

Instrumentos de desarrollo. Allí acordaron crear un nuevo banco de desarrollo, el “New Development Bank”, y un Fondo de Reservas de Contingencia. ¿Para qué sirve cada uno de ellos?.

El objetivo del banco de desarrollo es financiar los proyectos de infraestructura de los Brics y de otros países emergentes. Sería el equivalente del Banco Mundial, que en sus primeros días surgió con el mismo propósito, el de financiar la reconstrucción de Europa tras el final de la Segunda Guerra Mundial bajo el nombre de Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF).

Por tanto, la creación de ese nuevo organismo obedece a una necesidad: la de obtener financiamiento para crear infraestructura y desarrollo. Aunque algunos lo han interpretado como una amenaza o un sustituto del Banco Mundial, debe ser observado como un complemento. Si las antiguas instituciones se han quedado pequeñas o no les dan el espacio suficiente, entonces creemos una nueva. Y es preciso porque las necesidades de infraestructura de los Brics son perentorias.

Debilidad estructural. Según los estudios de Bhattacharya, Romani y Stern, cuyos trabajos han tenido mucha influencia entre los gobiernos de los Brics, las necesidades anuales de inversión en infraestructura (sin incluir las fases de operación y mantenimiento) entre los países emergentes y en desarrollo podría elevarse de un rango de entre US$800 mil y US$900 mil millones en la actualidad a una cifra en torno a US$1,8 y US$2,3 billones para 2020. Eso implicaría pasar de algo así como 3% del PIB de los países emergentes y en desarrollo, a una escala de entre 6% y 8%. Los números señalan que, al actual ritmo de inversión, entre US$1 y 1,4 billones en necesidades de infraestructura no se están cubriendo, necesidades que se concentran en el sector eléctrico, en infraestructura hidráulica, en transporte y en telecomunicaciones.

Ante esas necesidades, poseer una nueva fuente de financiamiento es crucial. Según los estudios de Bhattacharya y Romani, hoy en día la mayor parte de los recursos salen de los presupuestos nacionales, que junto con los Bancos de Desarrollo Nacionales costean casi 75% del total. Acelerar la dinámica de inversión en ese marco implicaría incurrir en déficit excesivos, poniendo en riesgo al estabilidad macroeconómica. La segunda fuente de financiamiento en importancia es el sector privado, que aporta al año entre US$150 mil y US$250 mil millones. Sin embargo, esos recursos sólo llegan a los países emergentes de éxito y depende mucho del ciclo económico, pudiendo llegar a secarse el financiamiento en tiempos de crisis.

Acortando la brecha. Los organismos multilaterales, donde quedaría catalogado este “New Development Bank”, aporta entre US$40 mil y US$60 mil millones.

Esta nueva institución, en un principio, estaría dotada con un capital de cien mil mdd, en el que todos los socios harían una aportación igual, y su sede estaría ubicada en Shanghai. Esos recursos contribuirían a reducir la brecha entre el actual nivel de inversión y las necesidades que requieren los países emergentes. Hacerlo es fundamental por varios motivos: uno, se derriba uno de los obstáculos que está limitando el crecimiento. Al dinamizar el sector de infraestructura se incorpora al sector privado y se generan empleos; dos, la inversión en proyectos de infraestructura eleva el crecimiento potencial de la economía en el futuro y favorece una dinámica de desarrollo sustentable; y tercero, el mayor crecimiento y equipamiento de un país mejora la calidad de vida y reduce los niveles de pobreza, principal lastre de los países emergentes.

Junto con el Nuevo Banco de Desarrollo, los BRICS acordaron crear un Fondo de Reservas de Contingencia, cuyo papel sería equivalente al del FMI. El Fondo estaría constituido por un colchón de 100 mil mdd destinados a solventar crisis de balanza de pagos y enfrentar futuros shocks de inestabilidad financiera proveyendo liquidez de corto plazo. Su creación lo justifican por los insuficientes recursos del FMI y las fuertes (y quizás inapropiadas) condiciones a las que someten a los países que se acogen a su ayuda.

Los BRICS, por tanto, se mueven. Ahora a ver cómo se materializan esos proyectos. No atraviesan tampoco las mejores horas. China ha perdido dinamismo y se enfrenta al riesgo de potenciales burbujas de crédito e inmobiliarias; Rusia ha sido expulsada del G-8 por el caso de Crimea, y en pleno conflicto con Ucrania, y sometido a severas sanciones, está estancada. Y Brasil también anda alicaída. A su vez, existen tensiones dentro de los propios BRICS, países que además no gozan de gran tradición democrática y que, por el contrario, padecen altos niveles de corrupción. A ver cómo se gobiernan entre ellos.