El número 8 es símbolo de suerte en China, porque su sonido fonético es similar a la palabra “tesoro”, que representa dinero y fortuna. Hace más de seis años, el gobierno chino afirmó que para su estabilidad económica el país debería crecer a una tasa mínima justamente del 8%. La cifra se alcanzó fácilmente, superada incluso en dos puntos en 2009. Sin embargo, China cerró 2011 con cifras claras de desaceleración, con un crecimiento del 9.3%, más bajo que el 10,4% del año anterior.

Por eso, si 2011 se dedicó a combatir la inflación, el objetivo de 2012 es mantener la estabilidad. Se trata precisamente de “proteger el 8” en un año difícil. Y ya se han prendido las alertas, porque una caída en el crecimiento chino tendría efectos considerables, especialmente en el año de cambio de gobierno del gigante asiático.

En cuanto a proyecciones 2012, el FMI calcula un crecimiento del 8,4% anual. Los analistas del Banco de China, siguiendo con el simbolismo numérico, lo ubican en un 8,8%. Aunque una cifra por debajo del 9% no se vivía desde 2001, aún no resulta negativo. Esto, considerando una economía global “severa y complicada”, como la catalogó el Ministerio de Comercio chino. 

A mediados de diciembre pasado, China anunció para 2012 una política monetaria prudente y una política fiscal proactiva. No habrá grandes cambios en el plan quinquenal, puesto en marcha a inicios de 2011; la crisis de deuda de Europa y el débil gasto del consumidor en Estados Unidos exigen cautela. En este escenario, las exportaciones chinas se redujeron y para este año no se espera una mejoría. Este rubro disminuyó especialmente en los últimos meses, ubicando a noviembre pasado como la baja más fuerte desde 2001 (13,8%).

Las repercusiones en las pymes, de las cuales dependen cerca de 80 millones de empleos, ya se están manifestando. Cientos de fábricas cerraron en 2011 y se produjeron brotes de protesta social. En septiembre pasado, por ejemplo, ocurrió en una de las mecas de las pymes chinas: la ciudad de Wenzhou, en el sudeste de la República Popular. Allí cientos de trabajadores interrumpieron el tránsito clamando por sus salarios, tras la bancarrota de una fábrica de gafas de sol. Que la indignación se viva también en China es una clara señal de alerta.

La oportunidad latina. Por su dependencia de la exportación de materias primas, América Latina se verá afectada por la desaceleración china. Si bien son pocos los economistas que aventuran un pronóstico rotundo, la mayoría espera que, en el corto plazo, los vínculos comerciales sigan creciendo, pero a un ritmo menor.

“Al menos en los próximos tres o cinco años, la demanda de materia prima latinoamericana permanecerá fuerte”, dice Matt Ferchen, investigador en temas latinoamericanos de la Universidad Tsinghua de Pekín, resaltando que el mercado de commodities en 2012 no dependerá sólo de China, sino de otros agentes mundiales.

Es un hecho que, durante 2011, el mercado chino comenzó a dar más importancia a su demanda interna. “Antes centraba la atención en las inversiones públicas, el comercio exterior. Hoy debemos atender un tercer pilar que es nuestra demanda interna”, comenta el profesor Wu Guoping, de la Academia de Ciencias Sociales de China (ACCS).

Este mayor protagonismo del mercado interno abre una posibilidad mayor al ingreso de otros productos latinoamericanos, más allá de los manidos commodities. Por ejemplo, alimentos: Guoping destaca los casos de Chile, que ha buscado exportar, además del cobre, vinos y frutas; o de Argentina, que depende en un 75% de las exportaciones de soja, según datos de la Cepal. “China tiene que diversificar los productos de importación así como América Latina tiene que hacer un esfuerzo en exportar otros productos”, agrega el académico.

Este intercambio disminuyó su crecimiento en 2011, lo que aumenta el desafío de generar una oferta atractiva y novedosa.

Sin embargo, para acentuar su demanda interna, China debe enfrentar dos obstáculos: el problema crediticio y la inflación. Por esto, a mediados de diciembre de 2011 se anunció un corte en las reservas obligatorias para los bancos, en 50 puntos básicos. Por otra parte, el presidente del Banco Central chino anunció la intención de liberar el yuan antes de 2015. No obstante, analistas internacionales han puesto en duda la posibilidad real de este cambio. Por la inestabilidad que podría provocar la reforma en la moneda de la segunda potencia económica mundial. Por el momento sólo se trata de promesas ante un año difícil.

Por otra parte, se pronostica que por el aumento de costos en China, se llegará a un punto donde el sistema actual de producción no se sostendrá. “Tiene que cambiar su estructura de exportación. No puede seguir exportando productos manufacturados de bajo valor agregado, como vestidos o zapatos, sino que debe comenzar con productos de alto valor agregado”, comenta el profesor Guoping. Por eso, China debe empezar a considerar opciones a su actual modelo de crecimiento para lograr sus metas económicas.

La solución que propone el profesor Jiang Shixue, vicepresidente de la asociación de estudios latinoamericanos de la ACCS, es pensar en una alianza estratégica entre Europa, China y Latinoamérica: “La triangulación entre Europa, China y América Latina debe ser construida sobre relaciones económicas. Una de las grandes posibilidades puede ser la creación de un fondo común para facilitar la inversión europea y china en América Latina”, dice.

Tal como varios análisis oficiales del fin de año chino, el profesor Shixue resalta la importancia de que el mundo deje de pensar en la “amenaza china”. Guoping coincide en esta visión: “es el momento de comenzar alianzas”. Es un momento de reflexión, pero queda en suspenso la capacidad real de China de externalizar sus empleos y mano de obra, de compartir su éxito y avance hacia la supremacía económica, porque su ascenso no se ha detenido ni espera hacerlo.

Hasta el momento China ha sido un colchón para América Latina en cuanto a amortiguar la crisis financiera estadounidense y europea. Por lo mismo, si llueve en China en 2012 Latinoamérica debería buscar su paraguas.

En términos más específicos, si para alcanzar el 8% el gobierno chino decide impulsar decididamente la demanda a costa de la inversión, algunos commodities mineros podrían verse afectados. Queda por ver, en este escenario, si las empresas de la región están en condiciones de aumentar o abrir nuevas cuotas de mercado ante el consumidor chino.

En todo caso, una cosa es cierta: China no es un país de cambios rápidos ni movimientos bruscos. “La economía china es enorme y cualquier política tiene efecto después de mucho tiempo”, matiza Shixue.