Reikiavik. El pedido de ayuda comienza con una publicación en Facebook.

Los miembros de un grupo islandés conocido como "Home Guard" (Guardia de hogares) se entera de una ejecución, comparten los detalles y se reúnen en el lugar para manifestarse.

Para Arnar Mar Thorisson, un obrero de la construcción desocupado, la presencia de 50 miembros de Home Guard fue suficiente para levantarle el ánimo mientras esperaba la llegada del alguacil.

El y su hijo de 11 años debían ser desalojados de un departamento que habían comprado hace seis años, cuando la economía estaba en auge.

"Tendrán que sacarme de mi casa en andas", dijo Thorisson, parado en una desordenada cocina sin calefacción. En medio de la cocina había un horno, listo para ser trasladado. Sobre una de las mesas había una cafetera de lujo, un recordatorio de los buenos tiempos.

A simple vista, parece que Islandia ha pasado por lo peor. La moneda de la isla ha experimentado una recuperación parcial, las tasas de interés son mucho más bajas y el crecimiento económico está a la vista.

Pero en terreno, los islandeses dicen que la vida nunca ha sido tan dura. Ha habido entre poco y nada de alivio de la enorme pila de deudas, muchas de las cuales estaban vinculadas a la inflación y que en consecuencia se dispararon con el aumento de precios.

"La gente ahora está gastando sus ahorros", dijo Fridrik O Fridriksson, presidente de Home Coalition, un grupo de voluntarios de Islandia que asesora al Gobierno sobre asuntos de vivienda.

"Están vendiendo muebles para cubrir gastos básicos como comida, electricidad y calefacción", sostuvo, agregando que las ejecuciones habían aumentado tres veces este año.

Dos años después de que golpeara la crisis financiera internacional, las filas en las estaciones de entrega de comida gratuita de Islandia, como Church Aid y el Centro Islandés de Ayuda Familiar, son más largas que nunca.

Casi un cuarto de los hogares en la isla de 320.000 habitantes han tenido problemas para cubrir sus gastos, según el Banco Central. Casi 4 de cada 10 hogares valen menos que sus hipotecas.

"La gente lo siente bajo su piel. Hay mucho enojo. El Gobierno está recortando todo lo que puede. No creo que las cosas vayan a mejorar el año que viene", dijo Magnus Magnusson, un profesor de la Universidad Bifrost.

Muy tarde. Una manifestación de casi 10.000 personas en octubre, cuando la gente arrojó llaves y huevos al Parlamento, trajo a la memoria las protestas de principios del 2009, que dieron lugar a la renuncia del gobierno y propiciaron el escenario para un cambio político hacia la izquierda.

La tensión está nuevamente en aumento a medida que la gente es forzada a dejar sus hogares y soportar lo que muchos llaman un humillante proceso de subasta.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha descrito la debacle inmobiliaria de Islandia como "una tormenta casi perfecta".

Fridriksson dijo que una delegación del FMI de Washington había solicitado una reunión con la organización Home Coalition esta semana para hablar sobre avances realizados. Su grupo, mientras tanto, está en tratativas con el gobierno para ver lo que puede hacer para ayudar a los propietarios de casas.

"Debemos corregir las hipotecas, tenemos que bajar las tasas de interés, tenemos que implementar algunas nuevas leyes y cambios bastante grandes en el sistema de préstamos mismo, indicó.

El ministro de Finanzas de Islandia dijo a Reuters que podrían implementarse nuevas medidas para ayudar a los entre 10.000 y 15.000 hogares que están en problemas más serios, la mayoría de los cuales tomó grandes préstamos desde el 2005 al 2008, justo antes de la crisis.

La primera ministra Johanna Sigurdardottir dijo que un comité especialmente designado estaba trabajando en posibles propuestas.

"Espero que eso ocurra la semana próxima", sostuvo a Reuters.

Pero puede que las medidas hayan llegado demasiado tarde para Thorisson, quien recorre su departamento, ofreciéndoles café y una pequeña rebanada de pan con manteca, bananas y mermelada a miembros de Home Coalition envueltos en abrigos y sombreros de lana.

Los manifestantes bloquearon el jardín del frente de su casa con cinta amarilla. Aclamaron cuando se enteraron de que las autoridades finalmente no iban a sesionar. Ganaron la batalla, al menos por ahora.

"Creo que es más importante que las personas tengan sus casas que los bancos contabilicen más y más ganancias. Pienso que ya han ganado suficiente", dijo un estudiante de 23 años durante una manifestación.