- ¿Cómo ve el avance del tema Europa y su crisis?

- Hay que ser optimista. La situación europea ha sido confusa y podría haberse resuelto con rapidez. Pero creo que al final del día van a resolver el problema. Pero, claro, tendremos una Europa sin dinamismo por los próximos cuatro o cinco años. El año que viene y el siguiente van a ser años de bajo crecimiento y alto desempleo.

- ¿Lo mismo espera para EE.UU.?

- Yo creo que EE.UU. es una economía que tiene gran capacidad de reacción porque tiene un marco de política, la flexibilidad que no tienen otros países. Pero el tema político en EE.UU. también se ha enredado. EE.UU. no va a poder tener el crecimiento que esperábamos hace 6-7 meses, pero va a salir.

“La lección (de Europa) es clara: no pretendamos dar saltos mortales antes de tiempo y concentrémonos en cosas realistas y pragmáticas”.

- Seguimos rezando a los chinos entonces.

- Si China continúa creciendo al 9%, seguirá demandando todo lo que nos demanda. Eso mantendrá la ventaja que ha tenido América Latina, especialmente América del Sur, en los últimos años. Pero si hay un ajuste en la economía mundial las exportaciones de China tendrán que bajar. Y el crecimiento de la demanda interna no será tan rápido como para compensar. Hay que estar preparados para eso. Además, puede venir una contracción en los flujos de capital que puede apretar a América Latina, afectando las líneas de crédito y el acceso a los mercados de capital.

Pero aun cuando eso no pase, la región debe hacer las reformas micro que le permitan crecer a tasas más altas que el 4,5% actual. La región requiere tasas de expansión superiores al 6% si se quiere lograr una convergencia en unos 20-25 años como los países industrializados y, especialmente, si se quiere resolver el problema central, que es el de la desigualdad.

- Muchos observadores han señalado que la economía china podría tener en 2012 una caída en su tasa de expansión más pronunciada. ¿Cuál sería el efecto de ello?

- El impacto más directo es una reducción en la demanda de los commodities, lo que afectaría su precio. Eso afectaría la capacidad de la región de acceder a divisas. Si eso coincide con una situación no tan favorable en los flujos externos de capital y de las líneas de créditos de bancos que alimentan al comercio (y especialmente un acceso más difícil a los mercados de capital), el impacto podría ser fuerte. La parte positiva es que las cuentas fiscales de la mayor parte de los países son satisfactorias y no hay problemas de deuda externa. Y, tercero, los países de la región tienen reservas internacionales sorprendentemente altas, esto incluso para los países más pequeños. Mi país, por ejemplo, Bolivia, tiene reservas internacionales superiores a los US$ 10.000 millones, o sea, alrededor del 50% del PIB. Claro, no hay reserva que resista si hay una crisis larga y profunda, pero podemos ser razonablemente optimistas.

- Ud. siempre ha abogado por la integración de América Latina, con el modelo europeo en mente. Pero esta crisis ha dejado a la luz sus debilidades. ¿Qué lecciones arroja para América Latina?

- Con todos sus defectos el modelo europeo es interesante. Tiene características que en América Latina no se han dado y que explican por qué la región no ha avanzado en temas de integración. Está basado en algo real: el carbón y el acero. Además incluye una decisión de tener una zona de efectivo libre comercio. Tercero, y muy importante, la decisión de dos países de hacer un esfuerzo de lograr una simetría con los países de menor desarrollo. Donde no marchó bien el asunto es haber hecho el salto a la unión monetaria, donde se llegó a un acuerdo de manera voluntaria. Pero no ocurrió lo mismo en materia de política fiscal. Entonces para mí la lección es clara: no pretendamos dar saltos mortales antes de tiempo y concentrémonos en las cosas que son realistas, pragmáticas y que pueden resultar en un proceso de integración concreto.

- Al parecer para la CAF no hay crisis: cierran 2011 con varios socios nuevos.

- En este año nos hemos consolidado como una entidad regional. Hace un par de años se cambió el convenio constitutivo, lo que permitió a otros países de América Latina ser miembros plenos. En ese contexto, Brasil, Uruguay, Paraguay y Panamá solicitaron serlo. Este año ha sido importante porque todos ellos cumplieron los requisitos para ser incorporados en el seno del directorio.

- Eso implica también un incremento en la capitalización de la CAF.

- Sí, claro. Y es que también se han ido aprobando incrementos de capital por US$ 6.000 millones para 2016. Eso significa que en el próximo año el patrimonio se va a duplicar, lo que permitiría a la CAF hacer operaciones por US$ 90.000 millones en los próximos cinco años, que es bastante más que los US$ 47.000 millones que se han aprobado en los últimos cinco.

- Entonces ya están alcanzando al Banco Interamericano de Desarrollo, ¿no?

- Lo digo en otra forma. Hace 15 años, en términos de los multilaterales, nosotros representábamos en América Latina el 8% de las operaciones. Hoy estamos en más del 30%. Hay dos áreas, además, en las cuales sí hemos tomado liderazgo y es en infraestructura y energía, donde en dos años hemos aprobado más operaciones que los otros multilaterales. Yo creo que hay espacio, la región requiere del trabajo de todos estos programas y en ese contexto nos hemos posicionado como un jugador importante.

- Si bien ustedes son más importantes en tiempos de crisis, sus préstamos no han estado exclusivamente vinculados a la crisis global.

- Cuando se produjo la crisis de Lehman en 2008 se tomaron decisiones de apoyo contracíclico que se tradujeron en programas de unos US$ 5.000 millones. Además, se aprobaron préstamos sectoriales y un aumento importante en las líneas de crédito al sistema financiero de la región, la mayor parte de ellos bancos privados. Y tercero, la aprobación de líneas contingentes. La buena noticia es que muchas de esas líneas no se usaron o se usaron muy poco. Desde entonces, en los últimos dos años, el comportamiento de la región ha sido positivo pese a la crisis de Europa y Estados Unidos. Con ello, los préstamos de contingencia han disminuido y se ha potenciado el financiamiento de infraestructura, sectores productivos, desarrollo social, programas de educación y salud. Eso no significa que no los vayamos a necesitar en el futuro: obviamente necesitamos estar preparados para poder actuar de la misma manera que lo hicimos en 2008.