Los estudios académicos dictan que la variable financiera más difícil de pronosticar en el corto plazo es el tipo de cambio, toda vez que el mercado de divisas es el más líquido del mundo y el que más rápidamente incorpora toda la información relevante del mercado.

Según el Banco Internacional de Pagos (BIS, por su sigla en inglés), el mercado de divisas mueve un promedio de US$5,3 billones al día, y en un escenario de volatilidad, ¿cómo modelar tan elevado caudal de decisiones individuales en el día a día?

En el mediano plazo, la variable económica que mejor explica el comportamiento de una divisa es la balanza de pagos. Ahí se expresa la demanda y oferta de divisas extranjeras contra la moneda nacional, a través de los pagos que los residentes realizan al exterior y de los ingresos que reciben.

Bajo esta premisa, ¿qué es lo que nos está contando la balanza de pagos sobre el peso mexicano?

Exportaciones. Examinemos primero la cuenta corriente, donde se anotan las transacciones de exportaciones e importaciones reales de bienes y servicios. Y lo que se observa es que cada vez es mayor la diferencia negativa entre los ingresos recibidos por las ventas del exterior y los pagos que hay que realizar por las compras que los mexicanos realizan al resto del mundo.

Eso nos lo revela el déficit corriente y es resultado, en esencia, del derrumbe de las exportaciones petroleras observada en la balanza comercial.

En la primera mitad de 2015, los ingresos petroleros se han desplomado 44%, respecto al mismo lapso del año pasado, lo que implica una merma de más de US$10.000M.

Eso ha implicado que en la primera mitad del año se observe un significativo déficit en la balanza comercial, el cual ha rebasado US$4.000M, mientras que en igual lapso de 2014 el saldo negativo fue de US$300M.

Dado que no se cuenta con los ingresos por exportaciones suficientes para cubrir los pagos de las importaciones, la única manera de saldar esa diferencia es recurrir a los dólares de la economía mexicana para cubrir el exceso de pagos al exterior (lo que significa una disminución de las reservas de dólares) o adquirir deuda, esto es, pedir un préstamo neto al resto del mundo.

Por eso contar con un déficit en las transacciones corrientes implica, necesariamente, un aumento de las necesidades de financiamiento externo por el mismo monto.

Financiamiento externo. Pues bien, en el primer trimestre del año el déficit corriente representó 3,2% del Producto Interno Bruto (PIB), nueve mil 446 mdd, comparado con un promedio en 2014 de dos por ciento del PIB, lo que se traduce en un sustancial aumento de las necesidades de financiamiento de México.

Ahora bien, lo importante, una vez observado que se ha producido un aumento de las necesidades de financiamiento, es discernir si el préstamo que te va a otorgar el resto del mundo es de buena calidad, esto es, si es de largo plazo y estable como reflejo de la confianza económica en el país y sus expectativas de crecimiento, o de corto plazo y circunstancial, para lo cual hay que evaluar la cuenta financiera.

El financiamiento de largo plazo viene reflejado en la Inversión Extranjera Directa (IED). Esos recursos son los más deseables a la hora de financiar las cuentas externas de un país por ofrecer estabilidad: su comportamiento cambia de manera gradual, conforme mudan las fuerzas generales de la economía. Sin embargo, en el primer trimestre de 2015 dichos recursos fueron insuficientes para financiar el déficit corriente.

El país captó, por concepto de IED, US$7.000M, monto inferior, respecto a US$11.398M obtenidos el año pasado.

Si, además, consideramos que los mexicanos invirtieron tres mil 58 mdd en el exterior se obtiene que el saldo neto de la IED que ingresó en el país fue de cuatro mil 515 mdd, cifra inferior en comparación con el monto de nueve mil 162 mdd que se reportó en el primer trimestre de 2014.

Afectaciones por debilidad económica. Un crecimiento económico moderado y por debajo de las expectativas, junto con la situación de inseguridad que asola al país y, sobre todo, una caída del precio del petróleo, que ha ahuyentado a potenciales inversionistas que pretendían apostar por el sector energético mexicano, ha recortado las expectativas de entrada de flujos de la IED en México en un momento en el que las necesidades de financiamiento son más urgentes.

Así, el ingreso de cuatro mil 515 mdd de la IED neta de México lograron cubrir 48% del déficit corriente, por lo que para financiar el resto del desequilibrio externo, cuatro mil 932 mdd restantes de la llamada “balanza básica” tuvo que recurrir a la inversión de cartera, esto es, a la compra por parte de inversionistas extranjeros de títulos de deuda pública, bonos de corporaciones privados y acciones, una inversión de carácter más errático y volátil y que depende más de los cambios de la política monetaria global que de las perspectivas de crecimiento que ofrece México en el largo plazo.

Lo malo es que en el primer trimestre, la cuenta financiera, que engloba los ingresos netos por la IED, por inversiones de cartera y por el rubro de otras inversiones, no alcanzó a cubrir el déficit corriente.

De hecho, una vez sumados todos esos recursos se alcanzó un total de siete mil 400 mdd, dejando aún al descubierto algo más de dos mil mdd.

Afortunadamente, hay un rubro que se llama errores y omisiones que en el primer trimestre arrojó un saldo favorable de cinco mil 100 mdd, frente a tres mil 797 mdd en el primer trimestre del año pasado, por lo que ese rubro permitió cerrar el déficit corriente y todavía permitir que se acumularan reservas en dólares por algo más de dos mil mdd.

Demanda de dólares. Sin embargo, la estructura y composición de la balanza de pagos empieza a arrojar algunos elementos inquietantes sobre el tamaño de las necesidades externas y la solidez de su financiamiento.

Esa tendencia puede haberse complicado más en el segundo semestre, aunque tendremos que esperar al 25 de agosto, cuando Banxico publicará el reporte de la balanza de pagos para el segundo trimestre, para conocer exactamente su salud.

Entre tanto, la apreciación del dólar contra el peso nos indica que hay una demanda ávida de dólares, que hay multitud de agentes económicos que precisan de billetes verdes: uno, los importadores de bienes y servicios, que precisan pagar sus compras; y otros, los inversionistas que llegaron a México atraídos por el jugoso rendimiento de sus activos, pero que pueden abandonar sus inversiones en el país conforme Estados Unidos aumente las tasas de interés, por lo que convertirán sus activos en pesos a dólares.

Esos agentes, sin embargo, cada vez tienen más dificultad para encontrar divisas estadunidenses dado que han caído los ingresos petroleros y se ha entumecido la inversión extranjera en México, tanto directa como de cartera.

Política monetaria. La consecuencia es que, ante mucha demanda de dólares y poca oferta, el precio del dólar sube (o el precio del peso baja), pero para frenar esa tendencia el Banco de México (Banxico) tuvo que inyectar más dólares al sistema.

Sin embargo, si esa tendencia persiste, si los inversionistas extranjeros siguen abandonando a México, el Banxico tendrá que tratar de retenerlos mediante un incremento de tasas de interés que permita mejorar el atractivo de los activos mexicanos, de modo que puedan seguir financiando el déficit corriente.

Y aunque pareciera que ésa es la solución más adecuada: la contrapartida es que se encarecerá el crédito y será un obstáculo más para la recuperación de la actividad económica mexicana.