El Informe Económico y Financiero de ESADE - Junio 2018, anticipa un crecimiento de la economía mundial cercano al 4% y eleva al 2,4% y al 2,9% los de la zona euro y Estados Unidos, respectivamente.

El estudio, dirigido por David Vegara, profesor asociado del departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad en Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE), y elaborado con el apoyo del Banco Sabadell, cuenta con un capítulo especial dedicado a Argentina donde se analiza cómo el préstamo del Fondo Monetario Internacional y las reservas del Banco Central pueden ser suficientes para persuadir a los inversores de la capacidad del país para controlar el tipo del cambio del peso.

Previsiones al alza a escala global. La revisión al alza en la previsión del crecimiento de la zona euro hasta un 2,4% -0,4 puntos que lo pronosticado en enero-, y de la de Estados Unidos, del 2,9% -otros 0,9 por encima de las previsiones de hace solo seis meses-, es consecuencia de una economía mundial que ha seguido creciendo durante la primera mitad de 2018 favorecida por las buenas expectativas, las políticas monetarias de aún expansivas, las condiciones financieras favorables y por los efectos que la reforma fiscal norteamericana ha tenido en las expectativas de los agentes.

La inversión sigue siendo el principal motor de los países avanzados e incluso en los últimos meses se ha observado la recuperación de ésta en bastantes países exportadores de materias primas.

Por su parte, el consumo ha sido el impulsor del crecimiento en China y la India, que han seguido observando tasas de crecimiento notables en el primer semestre del año —un 6,6% y un 7,7%, respectivamente—, y el crecimiento del comercio internacional, que suele ir muy de la mano de la inversión, ha continuado creciendo a un ritmo cercano al de finales de 2017 —un 4,9%—.

Estas circunstancias, unidas al reciente aumento del precio de las materias primas, están eliminando la presión sobre gran parte de las economías emergentes, y llevan a los expertos de ESADE a pronosticar que la economía mundial podría crecer cerca del 4% en 2018.

Parte del buen ritmo del crecimiento también se ha visto favorecido por el hecho de que algunos riesgos económicos y geopolíticos con los que se inició 2018 han tomado un cariz menos dramático, como las medidas proteccionistas de Trump y el Brexit.

Argentina en dificultades. Cuando Mauricio Macri llegó a la presidencia en 2015, escogió una estrategia gradualista para la corrección de los desajustes macroeconómicos del país, especialmente en lo que se refería a la reducción del déficit público y a la contención de la inflación. Esta estrategia necesitaba que los inversores internacionales mantuvieran la confianza en la economía argentina hasta que esta pudiera financiar su déficit público, que disminuía a un ritmo lento, mediante el ahorro interno.

Desde el pasado mes de marzo, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha venido realizando intervenciones en el mercado de divisas para evitar que el proceso de depreciación del peso sea demasiado rápido y se entre en una espiral de depreciación.

La estrategia tiene el doble objetivo de mantener la confianza de los inversores internacionales y, al mismo tiempo, evitar que la depreciación se traslade a la tasa de inflación y dificulte el proceso de reducción de esta.

Las ventas de dólares del BCRA consiguieron mantener relativamente estable el valor del peso durante el primer trimestre del presente año 2018. Sin embargo, el 25 de abril, el BCRA intentó compensar una caída de las monedas de algunas economías emergentes con una venta de activos denominados en dólares por valor de US$1.500 millones.

El impacto de la intervención fue muy limitado, lo que convenció a los mercados de las serias dificultades del BCRA para mantener el tipo de cambio y motivó que el peso se siguiera depreciando como resultado de las ventas. El 27 de abril el BCRA aumentó el tipo de interés oficial en 300 puntos básicos y de nuevo en 300 puntos básicos el 3 de mayo, pero no consiguió frenar el impulso de las ventas en el mercado de divisas, con un peso que se depreció por encima del 15% en un mes.

Con un tipo de interés situado ya en el 38,5%, el BCRA intentó frenar las compras internas de dólares por parte del sistema bancario argentino. Una estrategia que suponía una presión adicional para la depreciación de la moneda.

 

Ante estas dificultades y para insistir en su compromiso de estabilizar el tipo de cambio y evitar que la depreciación se traduzca en inflación, el pasado 8 de mayo, el presidente Macri anunció que iba a solicitar un crédito al FMI. Pocos días después, el Fondo Monetario Internacional (FMI) confirmaba la concesión de un crédito stand-by por valor de US$50.000 millones, en lo que constituye el mayor programa de apoyo financiero del FMI hasta la fecha. Si a esta cantidad se suman las reservas de dólares del BCRA, unos US$58.000 millones de dólares, es posible que sea suficiente para persuadir a los inversores de la capacidad del BCRA para controlar el tipo de cambio del peso.

El Gobierno también podría utilizar el crédito para financiar la deuda pública que ha de emitir debido al déficit público del ejercicio 2018. Con el crédito procedente del FMI, Argentina parece haber sido capaz de limitar los efectos del episodio y ganar tiempo para proseguir con la agenda de reformas. Sin embargo, debe recordarse que los créditos stand-by del FMI conllevan determinadas condiciones.

Viejos y nuevos riesgos para todos. Parte del buen ritmo del crecimiento también se ha visto favorecido por el hecho de que algunos riesgos económicos y geopolíticos con los que se inició 2018 han tomado un cariz menos dramático —como es el caso del diálogo abierto con Corea del Norte— o que todavía no se han materializado o se están empezando a materializar solo recientemente. En este apartado se encuentran las medidas proteccionistas de la Administración Trump —aún sin respuesta relevante por parte de la UE o China— y el Brexit.

En relación a este último, en el nuevo Informe Económico y Financiero de ESADE se ha advertido que “el tiempo pasa y no se concretan suficientemente los términos de la salida del Reino Unido de la UE”, en un contexto caracterizado, por un lado, por la tensión del gobierno británico y de los partidos que lo sustentan y, por otro, por la firmeza con la que las autoridades europeas parecen estar gestionando la negociación, que no auguran una transición sin dificultades.

Además, la economía mundial tampoco deberá perder de vista a partir de ahora dos nuevas amenazas que llegan desde Irán —debido la ruptura unilateral por parte de Estados Unidos del acuerdo nuclear y la imprevisible reacción de este país a las sanciones anunciadas— y desde Italia —que no ha visto aumentar su PIB per cápita en términos reales desde que entró en la zona euro, que ha perdido cuota en las exportaciones mundiales y que sigue aumentando sus niveles de deuda pública—.

“Habrá que ver cómo el programa del nuevo gobierno y la expansión fiscal que éste conlleva cuadran con los compromisos en el marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y de la necesidad, con o sin Comisión Europea vigilando, de reducir la deuda del sector público del país transalpino, que alcanza el 132% de su PIB”, han explicado los autores del estudio de ESADE.

Con todo, los expertos han insistido en que el principal riesgo desde la perspectiva financiera continúa siendo un aumento de los tipos de interés del Banco Central Europeo y de la Reserva Federal norteamericana más rápido de lo anticipado hasta ahora, lo que podría ocurrir en caso de una evolución desfavorable de los índices de precios.