Nueva York. Ambos estados del noreste del país están realizando referendos para aumentar la práctica, que alguna vez fue considerada ilegal. Así, se suman a estados como Massachusetts y Nueva Hampshire, que ya han adoptado los juegos para aumentar los ingresos y el empleo en tiempos difíciles.

Maine medirá el apoyo para inaugurar un nuevo casino y máquinas tragamonedas en dos hipódromos, conocidos como "racinos", mientras Nueva Jersey busca revocar una ley federal que prohíbe las apuestas deportivas.

"Cuando los estados experimentan dificultades económicas, se dedican al juego", dijo Cory Morowitz, presidente de Morowitz Gaming Advisors. "Después del 2008, casi todos los aumentos del juego están relacionados a la crisis económica", agregó.

La campaña de construcción de casinos y aumento de salas con tragamonedas en hipódromos, sobre todo en el noreste, se hace eco de medidas similares vistas a inicios de la década de 1990, cuando la economía también atravesaba una recesión.

Estados cuyos residentes cruzan las fronteras para gastar su dinero en juegos de azar están buscando oportunidades para mantener esos recursos dentro del estado.

Este otoño boreal, la legislatura de Massachusetts aprobó tres casinos y una sala de máquinas en un proyecto de ley en virtud del cual un 25 por ciento de los ingresos del casino y un 50 por ciento de los ingresos de los tragamonedas retornarían al estado.

En Nueva Hampshire, la semana pasada se votó a favor de permitir dos casinos. La propuesta todavía se enfrenta a varios obstáculos legislativos.

Fuera del noreste, los legisladores de Minnesota luchan por encontrar una manera de proporcionar financiación pública a dos tercios de un proyecto de 1.100 millones de dólares para el estadio público de fútbol de los Minnesota Vikings y han propuesto varias opciones para ampliar los juegos de azar en el estado.

Estos incluyen permitir máquinas tragamonedas en las pistas de carreras de caballos.

Illinois, que está entre los estados más complicados en lo financiero, en mayo votó la autorización de nuevos casinos que podrían generar hasta 1.000 millones de dólares por año, incluyendo uno en Chicago.