Universia Knowledge Wharton. Hoy en día, prácticamente todo el mundo cree que las economías de Estados Unidos, Europa y buena parte del resto del mundo viven una situación caótica.

El día 25 de octubre, la empresa de investigaciones Conference Board informó que la confianza del consumidor americano había descendido hasta niveles no registrados desde el auge de la recesión. Los doce miembros de una "supercomisión" del Congreso tienen problemas para entenderse, y faltan sólo algunas semanas para que acabe el plazo de presentación de una fórmula que reduzca los déficits presupuestarios de EE.UU. antes de que entren en vigor de forma automática una serie medidas draconianas. En Europa, los gobiernos discuten como lidiar con la crisis de la deuda de Grecia y de otros países. ¿Las cosas están tan mal como parecen?

Desafortunadamente, sí, dicen los profesores de Wharton especializados en economía y mercados financieros. En una reciente presentación ante el consejo de Wharton, Franklin Allen, Richard Marston y Kent Smetters advirtieron que la recuperación aún va a tardar, y que las condiciones actuales pueden empeorar antes de mejorar (para más detalles sobre los desafíos que enfrenta la zona del euro, pulse aquí para ver un vídeo con Allen y Mauro Guillen, profesor de Gestión de Wharton).

¿EE.UU. ya estaría en recesión? "Técnicamente, no", dijo Smetters, profesor de Negocios y Políticas públicas, añadiendo que 4% de crecimiento anual del PIB en el segundo trimestre, así como las señales recibidas del mercado de futuros, muestran que los inversores creen que hay 75% de probabilidades de que el crecimiento prosiga.

Eso no significa, sin embargo, que las condiciones sean buenas. Gran parte del crecimiento está siendo anulado por el aumento de la inflación, de modo que el crecimiento "real", post-inflación, es de sólo un 1,3%, dijo Smetters. El PIB continúa muy por rebajo de donde estaría si hubiera mantenido su trayectoria anterior a la recesión, añadió.

Aunque algunas empresas americanas estén divulgando resultados muy buenos, otras no lo están, inclusive grandes bancos. Después de la reactivación económica que tuvo lugar en la primavera de 2009, y que se extendió hasta la primavera de 2011, el mercado bursátil está inquieto, porque los inversores temen al futuro. Continuará habiendo turbulencias en los mercados financieros de todo el mundo, pronosticó Smetters. Los costes de los contratos de opciones, usados como medio de garantía contra pérdidas en las inversiones, subieron de forma drástica indicando que ése es también el pensamiento de los inversores. "El precio es más del doble desde hace un año y medio o dos", dijo Smetters. "Con eso el mercado está diciendo básicamente que, sí, habrá mucha volatilidad".

Aunque EE.UU. está técnicamente en fase de recuperación, hay características inusuales en la recuperación actual, añadió Marston, profesor de Finanzas. "Básicamente, estamos en medio de una recuperación clásica en lo que se refiere a los mercados financieros y al consumo". Además, "las exportaciones están 10% por encima de lo que estaban antes del inicio de la recesión". El PIB, aunque por debajo de la tendencia de largo plazo observada hasta ahora, está situado a un nivel similar al de antes de la recesión, mientras que el consumo está siendo mayor que antes de la recesión, dijo Marston.

Entonces, ¿cuál es el problema? Normalmente, el consumo se dispara después de que acaba la recesión. Esta vez éste se ha recuperado, pero no se ha acelerado, dijo Marston. El balance patrimonial doméstico "continúa estando severamente dañado" en gran medida debido a las pérdidas procedentes del colapso del precio de la vivienda. Una vivienda común cuesta actualmente 20% a 30% menos que antes de la recesión, y cerca de ¼ de los propietarios con hipotecas deben más de lo que vale su casa. Millones de americanos corren el riesgo de que su vivienda sea embargada, vía ejecución hipotecaria.

Además, "la demanda de mano de obra continúa muy por debajo de lo normal", observó Marston. El elevado nivel de desempleo, que continúa estancado en torno a 9,1%, significa que millones de personas no están gastando tanto como lo harían normalmente, y muchos de los que hoy tienen empleo han reducido los gastos porque se sienten inseguros. El desempleo está extendiéndose más de lo normal, y por eso las competencias de los trabajadores se están quedando desactualizadas, haciendo que tengan menos oportunidades de lograr un nuevo empleo que esté igual de remunerado que su empleo anterior. Las perspectivas de empleo son particularmente sombrías para las personas sin educación superior: el desempleo para quienes tienen educación superior es de sólo 4,2%.

Lo más importante es que "las inversiones en las empresas continúan siendo reducidas", dijo Marston. Ellas elevaron sus inversiones en torno a 20% desde el inicio de 2005 hasta el final de 2007. Ese número, sin embargo, disminuyó desde entonces, y hoy en día solo está cerca de 5% por encima del nivel de 2005. Algunas empresas de gran tamaño tienen reservas enormes que podrían financiar las contrataciones u otras formas de expansión, pero no gastan porque, con una demanda baja, no hay necesidad de expandirse. En una recuperación normal, las empresas gastan en edificios de oficinas, fábricas y otras instalaciones, impulsando la economía. "Esta vez, la expansión que tuvo lugar en el sector de inmuebles hace prácticamente innecesaria la búsqueda de más espacio", resaltó Marston.

Además, las empresas que quieren expandirse, pero no disponen de caja suficiente para pagar ese tipo de proyectos, tienen dificultades para obtener préstamos. Aunque muchos acreedores tengan dinero para prestar, ellos temen no recuperarlo si las condiciones económicas no mejoran, observó Marston. Los préstamos comerciales e industriales continúan muy por debajo de los niveles más elevados de principios de 2009, aunque los activos financieros en los bancos comerciales sean de unos US$2 billones, o sea, el doble del nivel registrado a principios de 2009.

Los bancos están guardando dinero para cumplir con las nuevas exigencias regulatorias, muchas de las cuáles todavía se están formulando, dijo Marston. Las instituciones financieras también necesitan tener reservas a mano en caso de que tengan que pagar sumas elevadas como resultado de acuerdos procedentes de acciones judiciales interpuestas por varios países contra bancos que comercializaron títulos hipotecarios cuyo valor se derrumbó.

El miedo de un efecto dominó. La crisis de la deuda en Europa acarrea mayores dificultades para EE.UU. Según Marston, los bancos americanos están interconectados a los europeos. Los problemas de Europa son la causa principal de que haya cada vez mayor discusión acerca de la posibilidad de que se produzca otra recesión en EE.UU., añadió Marston, resaltando que antes de la eclosión de la deuda europea en el verano, los mercados bursátiles estaban muy bien. Ahora están estancados. "Si Europa salta por los aires, todos nosotros entraremos en una profunda recesión", advirtió.

Actualmente, numerosas empresas americanas dependen mucho de los mercados europeos y de otras regiones, dijo Smetters. En 2008, por ejemplo, cerca de un 48% de los ingresos de las empresas incluidas en el índice Standard & Poor's 500 provienen de operaciones en el exterior, frente a menos del 42% en 2003. "Hace 25 años, ese porcentaje no llegaba a 20%". El hecho de que las empresas estén vinculadas hace que los problemas de una región afecten a otras. Es lo que se puede apreciar en el comportamiento de los mercados bursátiles de EE.UU. y de Europa, que hoy en día suelen caminar de la mano. Los altos y bajos de los dos mercados guardan relación o se mueven en tándem cerca de 85% de las veces, frente a menos del 50% en los años 90, dijo Smetters.

La crisis de la deuda de Grecia es el problema inmediato más serio de Europa, y el colapso de los precios de los bonos griegos empujó su rentabilidad hasta la estratosfera -de menos del 6%, hace un año, hasta más del 18% actualmente. Esas altas rentabilidades significan que el mercado no cree que Grecia pueda pagar lo que debe, dice Marston. El aumento de las rentabilidades de los bonos irlandeses y portugueses es señal de que los inversores también están preocupados por esos países.

Aunque los líderes de Francia, Alemania y otros países europeos estén esforzándose por solucionar el problema de Grecia, no pueden apoyar una ayuda semejante al Programa de Alivio para Activos Problemáticos de EE.UU. "Los europeos del norte no encuentran justa la transferencia fiscal [entre países]", dijo Marston, destacando que desde hace mucho tiempo las autoridades alemanas defienden que esas transferencias no deben ser una característica de la economía europea unificada. Los líderes del norte de Europa temen también que Grecia vuelva a tener problemas después de la ayuda financiera.

Al mismo tiempo, los europeos del norte temen abandonar a Grecia y dejar que quiebre libremente porque están preocupados por la posibilidad de un "efecto dominó" en Portugal, Irlanda y, tal vez, Italia y España. Los bancos franceses y alemanes tienen grandes cantidades de títulos de la deuda de esos países y se verían seriamente perjudicados por la quiebra griega, resaltó Marston.

Según algunos especialistas, sería mejor dejar a Grecia quebrar y sufrir la catástrofe económica, obligando el país a lidiar con el problema rápidamente, en vez de arrastrarlo de forma indefinida. Sin embargo, un sentimiento europeo de solidaridad hace que los líderes del continente no permitan que eso suceda, dijo Allen, que es profesor de Finanzas. Muchos creen que las medidas punitivas del Tratado de Versalles destruyeron la clase media alemana después de la Primera Guerra Mundial facilitando el ascenso de los nazis al poder. También hubo problemas después de que Francia fuera obligada a pagar sumas cuantiosas para la reparación de los daños causados por la Guerra Franco-Prusiana.

"Cuando las personas usan el término 'solidaridad', lo que ellas quieren decir es lo siguiente: no queremos pasar de nuevo por lo que sucedió a finales del siglo XIX y principio del siglo XX", dijo Allen. Alemania y Japón, por el contrario, florecieron después de la Segunda Guerra Mundial gracias a tratados muy magnánimos en comparación con los tratados anteriores.

"Una situación prácticamente insoportable". Según Allen, hay cinco desenlaces posibles para la crisis actual de la deuda, todos ellos con las mismas relativas probabilidades de que ocurran.

En el primero de ellos, los inversores soportarán pérdidas parciales sobre los títulos de la deuda griega, mientras el resto de gobiernos evitan, de algún modo, el impago o el rescate financiero. En un segundo escenario habría una especie de "corrección", permitiendo tal vez la impresión de más dinero y la prórroga de las deudas por 20 ó 30 años con tasas de interés bajas, dijo Allen.

Una tercera posibilidad supondría pérdidas mucho mayores sobre los títulos de la deuda, mientras una cuarta obligaría a Grecia a dejar la zona del euro y a volver al dracma. Quinto escenario: alguna situación totalmente imprevista, lo que siempre es posible cuando hay numerosos gobiernos involucrados. "Es un problema muy complicado", dijo Allen. "Hay escenarios positivos; otros, sin embargo, son terribles".

"Es preciso que se tenga algo de paciencia con los políticos", añadió Marston. "Ellos están frente a una situación prácticamente insoportable". Es el caso también de EE.UU., donde la deuda del gobierno amenaza con engullir una parte cada vez mayor de la producción económica, dijo Smetters.

Según cifras de la Oficina del Presupuesto del Congreso, el porcentaje de los ingresos procedentes de los impuestos federales (en relación al PIB) permaneció relativamente estable, es decir, en 19%, en 1970, y 18,5%, en 2007, estimándose que el nivel suba ligeramente hasta un 20,8%, en 2021. Pero los gastos del gobierno subirán, pasando del 19,3% del PIB, en 1970, y 19,6%, en 2007, hasta un valor previsto del 24%, en 2021.

El principal culpable es el aumento de los gastos en Seguridad Social, Medicare, Medicaid y otros programas de salud como consecuencia del envejecimiento de los baby boomers. Las personas viven más y los costes en salud no paran de subir. Los gastos en esos programas correspondían a 3,8% del PIB, en 1970, y a 8,2%, en 2007, y llegarán a 12% en 2021. Aunque se espera que otros gastos se disparen respecto al PIB, el aumento del volumen de gastos en programas de ayuda social hará que el déficit anual del presupuesto suba hasta 3,2% del PIB en 2021, frente a 1,2% en 2007 y 0,3% en 1970.

En agosto, el Congreso creó la Comisión de Selección Conjunta para la Reducción del Déficit constituida por 12 parlamentarios igualmente divididos entre el Senado y la Cámara, demócratas y republicanos. El grupo deberá hacer recortes de US$ 1,5 billones en los sectores deficitarios a lo largo de diez años. Si la comisión no se pone de acuerdo en relación al paquete, o si el Congreso no aprueba ningún paquete antes del 23 de diciembre, entonces, entrarán en vigor de forma automática una serie de recortes, inclusive en el sector de defensa.

A finales de octubre, no se sabía si la comisión sería exitosa, ya que los republicanos se oponían a los aumentos de impuestos y los demócratas se resistían a grandes recortes de derechos individuales, como Seguridad Social y Medicare. Aunque la comisión presente una propuesta que sea aprobada por el Congreso, EE.UU. aún tendrá serios problemas ante sí. "Aunque se recorten algunos billones de dólares en áreas deficitarias", dice Smetters, "incluso es muy poco en relación a lo que se necesita hacer".