Un estudio del Banco Mundial dado a conocer este martes establece que la clase media de Latinoamérica tuvo un espectacular crecimiento de 50% en la última década. Sin embargo, esta buena noticia también trae advertencias, y una de ella, quizás fundamental para el futuro de la región, es el tema de la educación y las brechas que aún persisten en esta área.

El estudio “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina” indica que “lamentablemente, a pesar del movimiento ascendente de los ingresos a lo largo de la vida de una generación, la movilidad intergeneracional sigue siendo limitada en América Latina”.

Se explica que para hacer el análisis, los ingresos de los padres de los actuales trabajadores resultan difíciles de obtener, por lo que la mayor parte del estudio de la movilidad intergeneracional realizado se basa en los datos sobre los años de escolarización y logros educativos.

Y de acuerdo a ello, lo que se desprende del estudio, es que el tema de la educación de los padres tiene una incidencia importante en sus hijos.

Una forma de comparación entre países “es considerar el efecto de una desviación estándar de los años de escolarización de los padres en los años de escolarización de los hijos. Según este indicador, hay una persistencia intergeneracional mucho mayor -es decir, hay mucha menos movilidad- en los países de América Latina (como Brasil, Ecuador, Panamá, Perú) que en la mayoría de los demás países -ricos o pobres- para los cuales hay datos disponibles”, señala el informe.

Asimismo -aunque con contrastes menos marcados- se observa que los antecedentes socioeconómicos de los padres, se refleja en los resultados de los alumnos sometidos a los exámenes del Programa para la evaluación internacional de alumnos (Pisa).

Los datos sugieren “que los antecedentes familiares constituyen un determinante más importantes del aprendizaje de los alumnos en América Latina que en otras regiones”.

Hay variaciones. Tal es el caso de México, donde “parece haber una relación más pequeña entre los antecedentes de los padres y los resultados de los tests Pisa que en otros países de América Latina o en varios países de otras regiones”.

El estudio del Banco Mundial alerta que la mayor parte de las naciones de la región “muestran no sólo una movilidad intergeneracional más baja en logros educativos sino también unos niveles muy bajos de aprendizaje de los alumnos”.

Ello, para la entidad, constituye “una combinación desafortunada” que deja un importante espacio de acción para las intervenciones de las políticas en materias educativas.

Las desigualdades. Un problema que se observa en Latinoamérica, es la división que hay entre los estudiantes de acuerdo a las capacidades socioeconómicas de sus padres. “Parece ser que el sorting -el proceso por el cual los alumnos de hogares más aventajados se concentran en los mismos colegios, de los cuales están excluidos los alumnos de familias menos privilegiadas- es un factor explicativo más importante de la inmovilidad intergeneracional en América Latina que en otras regiones”, dice la entidad.

Este aspecto es de relevancia, pues las escuelas a las que van los alumnos ricos tienen mejor calidad que a las que asisten los estudiantes pobres, tanto en tema de infraestructura como de calidad docente. Otro punto que influye en el desarrollo cognitivo infantil, es que los hijos de personas con mejor situación socioeconómica tienen una alimentación más completa, están expuesto a un “vocabulario más rico” y acceso a recursos materiales en el hogar.

Lo esperanzador en este contexto, es que, según el análisis, “la movilidad intergeneracional en los niveles educativos parece haber aumentado a lo largo de la última década en la mayor parte de la región”.

La educación como mecanismo de movilidad, queda de manifiesto en que “en la mayoría de los países de América Latina era más probable que los hogares vivieran una movilidad ascendente si el cabeza de familia tenía más años de escolarización el año inicial. Concretamente, el movimiento hacia la clase media era mucho más probable entre las personas con algún nivel de educación terciaria”.

En este punto las políticas sociales que llevan a cabo los gobiernos tienen algo que decir. El análisis enfatiza que “se observó una correlación entre la movilidad económica general y el gasto en salud pública y educación”.

El Banco Mundial concluye en su estudio que “en términos intergeneracionales, América Latina no es una sociedad móvil, y las señales de que se está convirtiendo en una sociedad algo más móvil son vacilantes y, hasta ahora, se limitan a los niveles educativos. Este panorama coincide con lo que se sabe acerca del alto nivel de desigualdad de oportunidades que sigue caracterizando a la región”.