Cuando Jean-Claude Trichet llamó en junio pasado a la creación de un Ministerio de Finanzas europeo con poder sobre los presupuestos nacionales, la idea parecía caprichosa, un sueño distante que tomaría años e incluso décadas para convertirse en realidad, si es que alguna vez se concretaba.

Un año después, con la crisis de deuda de la zona euro amenazando con dividir al bloque, Alemania presiona a sus socios precisamente para adoptar ese tipo de medidas hacia la integración fiscal que el ahora ex presidente del Banco Central Europeo tenía en mente.

Tras el poco éxito de su "compacto fiscal" sobre disciplina presupuestaria, la canciller alemana Angela Merkel presiona por medidas mucho más ambiciosas, entre las que se incluye una autoridad central para manejar las finanzas de la zona euro, y la creación de grandes poderes para la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y la Corte Europea de Justicia.

También busca un enfoque europeo coordinado hacia una reforma de los mercados laborales, los sistemas de seguridad social y políticas tributarias, dijeron funcionarios alemanes.

Hasta que los estados acepten esas medidas y la inédita reducción de soberanía que suponen, funcionarios dijeron que Berlín se opondrá a considerar otras iniciativas, como la emisión conjunta de bonos de la zona euro o una "unión bancaria", con garantías de depósitos comunes; medidas que dice sólo podrán adoptarse en una segunda ronda.

La meta es que los líderes de la Unión Europea acuerden desarrollar un mapa de ruta hacia la "unión fiscal" en una cumbre del 28 y 29 de junio, donde altos funcionarios europeos, entre los que se cuentan el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, presentarán una serie de propuestas iniciales.

Los países europeos desarrollarán el plan durante la segunda mitad del 2012, según dijeron a Reuters varias fuentes europeas, incluyendo un calendario para reformar los tratados de la UE, una medida que Berlín considera vital para establecer una integración más cercana.

"La pregunta fundamental es relativamente simple. ¿Nuestros socios realmente quieren más Europa, o sólo quieren más dinero alemán?", dijo un funcionario gubernamental en Berlín.

Si los países europeos siguen adelante, las medidas representarían el salto de política más grande desde que acordaron abandonar sus divisas nacionales y ceder control sobre su política monetaria 13 años atrás.

Sin embargo, los obstáculos son gigantescos. "El mundo no se acaba, en cambio, se siente como si estuviéramos en el umbral de otra gran medida de integración europea", dijo Erik Nielsen, jefe economista de Unicredit.

"¿Pero por qué estas iniciativas sólo se dan cuando estamos al borde del precipicio, donde el riesgo de un accidente es mucho más alto?", agregó.

España, cuyos problemas bancarios le han hecho estar en el blanco de los mercados financieros, señaló el fin de semana que estaba de acuerdo con un elemento clave del plan.

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, apoyó la creación de una nueva autoridad fiscal para todas las naciones del euro con las características esbozadas por Trichet en su discurso del año pasado en Aachen, Alemania.

No obstante, otros estados que incluyen a Francia -el segundo miembro más grande del bloque-, tienen profundas reservas respecto a ceder tanta soberanía.