En una tarde del todavía caluroso otoño porteño, Dujovne recibe a Elías Selman Carranza y a Annabella Quiroga en su despacho del Palacio de Hacienda con amplios ventanales que miran hacia la Plaza de Mayo en primer plano, con Puerto Madero y el Río de la Plata en el horizonte. Descontracturado y sin corbata, en esta conversación con AméricaEconomía, Dujovne defendió la política fiscal del macrismo, que prioriza el crecimiento económico antes que la reducción del déficit. Pese a que hoy las cuentas públicas tienen un rojo del 3,9% del PIB, sin contar el pago de intereses, y a que el gobierno se sigue endeudando para evitar un ajuste mayor que provoque protestas sociales en la siempre convulsionada Argentina. Y aunque en las últimas semanas la economía mostró datos positivos, como la baja del desempleo y la pobreza, y la expansión de la construcción y la industria, el recrudecimiento de la inflación, que sigue por encima del 20% anual, y el impacto de la sequía sobre el PIB, se han convertido en las nuevas amenazas con las que debe lidiar Nicolás Dujovne.

-Cuando asumieron, Argentina estaba aislada y ustedes la volvieron al circuito internacional. Arreglaron con los tenedores de bonos, se terminó el control de cambios y comenzaron a eliminar los subsidios. Ya pasó más de la mitad de la gestión y las políticas que aplican son hipergradualistas. Apuestan a licuar el déficit con el crecimiento del PIB, pero ¿qué pasa si hay un shock externo?

-Cuando asume Macri, la economía iba directo al colapso. Casi no teníamos reservas netas, las exportaciones se destruían por el atraso cambiario y no teníamos financiamiento externo. Si no se tomaban medidas muy drásticas, íbamos a terminar como Venezuela. La economía estaba estancada, con inversión creciendo al 2% anual y mucha inflación... Cuando asumimos, hubo medidas muy concretas: se normalizaron las estadísticas, se salió del default, se empezaron a eliminar los subsidios y a recomponer las reservas del Banco Central, y todo eso permitió que la Argentina evitara una de esas crisis que tiene cada diez años y que nos dejan un tendal de pobreza y de frustración. En 2017, tuvimos un programa fiscal muy, muy estricto, que permitió que por primera vez en muchísimo tiempo se empezara a achicar el tamaño del gasto público. En 2015, teníamos un gasto consolidado de 42 puntos del PIB entre nación y provincias. En 2016, se mantuvo en 42%; en 2017, hubo una baja de 4% real del gasto antes de intereses. Con eso, más el crecimiento de 2,9% de la economía, bajamos el gasto público consolidado de 42% a 40% en medio de un supuesto hipergradualismo que no existe. Este año va a terminar en 38 puntos y va converger a 32 puntos del PIB en 2023, si Argentina crece al 3% por año.

Hemos eliminado impuestos por dos puntos del PIB: sin esa eliminación, hoy el déficit sería mucho más bajo, pero el sector privado tendría serios problemas de rentabilidad y tal vez no estaríamos creciendo. Entonces, tenemos un doble desafío; bajar el déficit e ir eliminando impuestos distorsivos.

-Pero la deuda pública todavía no ha bajado...

-No, porque todavía tenemos déficit. La deuda pública neta todavía está aumentando y va llegar a 37 puntos del PBI en 2020.

-Hoy está en 56%.

-No, no, esa es la deuda bruta, que incluye toda la deuda que está en manos nuestras también. Son activos del sector público contra nosotros mismos. Todo el fondo de garantía de sustentabilidad de la previsión social o la del sector público con el Banco Central explica 25 puntos del producto. La deuda neta es 27/28 puntos del producto. La neta se va a estabilizar en 37 o 38, y a partir de 2021 va a empezar a bajar.

-Eso asumiendo un crecimiento del 3% promedio anual.

-Sí. Crecimos 2,9% el año pasado, este año vamos a estar muy cerca de 3%, y si uno mira el relevamiento de expectativas de mercado, también el sector privado está esperando un crecimiento cercano al 3%. Es una tasa moderada y razonable; no es que nosotros tengamos supuestos más optimistas que los del sector privado.

No coincido con la visión de que Argentina está haciendo hipergradualismo. El déficit baja despacio porque no solo bajamos el gasto público, sino porque también bajamos impuestos. Hemos avanzado con un conjunto de leyes importantísimas: una reforma tributaria, una ley de responsabilidad fiscal, una ley de consenso fiscal con las provincias y una reforma de la previsión social que modifica el cálculo de cómo se pagan las jubilaciones. La reforma tributaria establece varios cambios, pero los más importantes son que bajamos la alícuota de las ganancias corporativas de 35% a 25% para las no distribuidas, de los cuales los primeros cinco puntos ya bajamos este año y otros cinco bajan en 2020. Luego estamos con una baja muy fuerte de los impuestos al trabajo por parte de las empresas. Hemos establecido un mínimo no imponible debajo del cual no se pagan impuestos por los primeros cinco años y luego se pagan por la diferencia.

Una parte de los recursos que perdemos porque bajamos las alícuotas, los recuperamos porque va a haber una mayor formalización de la economía. No nos olvidemos de que la Argentina tiene cerca de un 30/35% de la economía en la informalidad. Buena parte de esa informalidad se explica por las altas cargas impositivas. A medida que vayamos bajando las cargas impositivas, vamos a generar los incentivos para una mayor formalidad.

-¿Por qué si están bajando el gasto público la inflación está tan rebelde y no han podido cumplir con las metas?

-Tuvimos 37% de inflación en 2016, que era esencialmente inflación que había sido reprimida por el gobierno anterior, por haber sincerado la situación cambiaria y haber comenzado a normalizar el precio de las tarifas de servicios públicos que habían sido congeladas durante doce años. En 2017, la inflación bajó a 24,8%. Este año va a bajar sustantivamente, tenemos una meta de 15% y la meta es de 10% para el año que viene y de 5% para 2020. Está bajando, lo que pasa es que veníamos de diez o doce años de una inflación persistente, al ritmo del 20/ 25% anual.

ECONOMÍA CERRADA

-Durante el gobierno de Pinochet se hicieron reformas importantes, despidos masivos de empleados públicos y se focalizó el gasto social. Eso permitió que Chile fuera más competitivo, algo que ustedes no han logrado aún.

-Nuestro programa tiene varios componentes. Uno es el programa fiscal, en el cual tenemos una fuerte restricción al crecimiento del gasto. Tenemos un programa con metas de inflación, en donde estamos eliminando el financiamiento monetario. En 2014, el Banco Central proveía al Tesoro de 5 puntos porcentuales de financiamiento. Eso bajó a un punto del PIB este año; el año que viene baja a medio punto y a partir de 2020 solo aumenta según la demanda de dinero. En lo internacional, en 2015 la economía argentina es una de las tres más cerradas del mundo, junto con Nigeria y Sudán. Todas las importaciones requerían de autorización previa. Muchas veces se obligaba a los importadores a que exportaran por un monto equivalente al que iban a incurrir, una cosa muy primitiva, casi de trueque. Todo eso ha sido removido. Hoy cumplimos con las normas de la OMC: solo quedan algunas licencias automáticas, en sectores muy sensibles, muy de trabajo intensivo, que han estado cerrados durante mucho tiempo. Por ejemplo, textiles y electrónicos. En el resto hay libertad absoluta de comercio, con aranceles externos todavía elevados que son los que tiene el Mercosur. Pero estamos en un proceso de empezar a integrarnos. Estamos en conversaciones muy avanzadas con la Unión Europea y esperamos en el primer semestre de este año llegar a acuerdo.

-Está muy peleada la negociación con Francia por el tema de la carne.

-Ha habido conversaciones, hubo que superar obstáculos. Somos muy optimistas.

-Pero los manufactureros argentinos estaban asustados por el plazo que se les daban, porque decían que diez años era poco para volverse competitivos.

-Bueno, diez años es bastante tiempo.

-Pensamos lo mismo...

-Hoy Argentina tiene acuerdos comerciales con el 9% del PIB mundial, mientras que Chile tiene acuerdos con el 80/90%, y Colombia con 70/80. Con el acuerdo con la Unión Europea vamos a llegar al 35% del PIB mundial. Nuestra visión es que la Argentina tiene que acercarse al mundo.

-¿Tienen pensado acercarse a la Alianza del Pacífico?

-Hoy somos observadores de la Alianza del Pacífico. La prioridad es la Unión Europea. Lo ideal sería que se integre el Mercosur a la Alianza del Pacífico como observador, para empezar a negociar, porque es el organismo mediante el cual hacemos acuerdos. Brasil tiene que pasar por el período de cambio político antes de fin de año, pero si las nuevas autoridades están de acuerdo, seguramente daremos nuevos pasos para una mayor integración internacional.

Nuestros objetivos son claros: queremos ir hacia el equilibrio fiscal, converger a tasas de inversión similares a las que rigen al resto de los países de la región y un programa de reformas micro de desburocratización, que hacen que el sector público sea mucho más eficiente.

LUCHA CONTRA LA INFLACIÓN

-Argentina ha tenido estancado su productividad desde los 80. ¿Tienen indicadores de productividad recientes?

-Son medidas muy de largo plazo. Dentro de algún tiempo podremos identificar quÉ es lo que ha pasado con la productividad. sospecho que hemos pegado un salto muy importante. En 2017, la inversión creció 11%. Es una cifra que no se veía desde 2011. Ejemplo de esto es Vaca Muerta. Argentina tiene el segundo yacimiento de energía no convencional más grande del mundo, en Neuquén. Estamos viendo un proceso de inversión gigantesco allí. La producción de energía no convencional está creciendo al ritmo del 20 o 25% anual y se va a ir acelerando. En 2020/21, Argentina va a volver a ser exportador neto de energía. Chile va a ser uno de los grandes beneficiarios; vamos a poder volver a exportar gas a Chile.

Otro ejemplo es la aeronavegación. En los últimos diez años, el tráfico aéreo interno en Latinoamérica se multiplicó en la mayor parte de los países entre 3 y 4 veces; en la Argentina creció 15% y ahora está creciendo a un ritmo de 25/30% anual. Cuando termine el presidente Macri, se va a haber duplicado el tráfico aéreo. Eso está llevando a una explosión del turismo. El turismo que viene de Europa y Estados Unidos está creciendo al 8/9% anual.

-La tasa de inversión hoy en Argentina es del 15%.

-Medida a precios corrientes es 15%; a precios constantes es 21%. Hay una discrepancia enorme entre ambas mediciones. cuando tengamos la nueva base del PIB, el número nos va a permitir ver que seguramente es de la mitad de esos dos registros.

-Porque 15% es muy bajo.

-Bajísimo.

-Pero el país estaba en el hoyo más profundo y las cosas no son automáticas.

-Sabemos que el punto de partida es ese, pero lo importante es la dirección. El año pasado la inversión creció 11%, y este año va a crecer más de 15%.

-Otro frente en el que se esperaban resultados más rápidos es en la Inversión Directa Extranjera (IED). Ustedes tienen 1,7% del producto y el promedio de Latinoamérica es 3%.

-La Argentina tenía 1,3% o 1,4% durante el gobierno precedente, pero contando ahí todas las ganancias que eran forzosamente reinvertidas en el país, porque con el control de capitales no se podían remitir las utilidades al exterior. Ahora este 1,7% que tenemos es totalmente genuino, comparado contra 1,3 o 1,4 forzoso durante el gobierno anterior. Y no tengo dudas de que en 2018 va a ser mucho más alto. Estoy seguro de que vamos a converger al 3% de la región muy pronto.

-Hay cierta intranquilidad en los mercados -como se vio en Davos, cuando arribó Macri- en torno a la independencia del Banco Central, respecto de su política monetaria para bajar la inflación.

-Las metas de inflación son determinadas por el Poder Ejecutivo, que la fijó al inicio de la gestión del presidente Macri en 25% para 2016, y 17% para 2017. Habiendo transcurrido dos años y estando muy lejos de las metas, el gobierno decidió cambiarlas para que sigan gozando de credibilidad. Y eso es lo que está permitiendo que vuelvan a actuar como una guía en la lucha contra la inflación y que la mayor parte de los acuerdos salariales se estén cerrando en torno al 15%.

-En diciembre pasado subieron las metas de inflación de 10 a 15% para este año, en momentos en los que había señales de que la economía se desaceleraba. Pero tras la recalibración las expectativas de inflación subieron. ¿Fue un error haber tocado las metas?

-Nosotros sabíamos que iban a subir las expectativas de inflación, independientemente de lo que ocurriera con las metas. Y eso era en buena medida porque el sector privado no había hecho una contabilidad muy cercana de la suba que iban a tener los precios regulados. No tiene que ver con una supuesta desaceleración de la economía, de la que no tenemos datos.

-¿Qué va a pasar con el impacto de la sequía en el PIB?

-Nosotros tenemos una proyección oficial de crecimiento del 3,5% para este año, que es la que está en el Presupuesto. No tenemos proyecciones oficiales al margen de esa. Habiendo dicho esto, es claro que la sequía va a tener un impacto relevante. Pero también están ocurriendo cosas que no teníamos relevadas y que están elevando la proyección de crecimiento. La industria manufacturera, producto de la recuperación de Brasil, está teniendo un desempeño muy fuerte. En febrero, creció por encima del 7% interanual, y en el primer bimestre las exportaciones manufactureras crecieron al 20%, cifras que superan nuestras previsiones originales. La recuperación de Brasil, que es nuestro principal socio comercial, está en buena medida compensando el impacto de la sequía. Los números del empleo son muy firmes. La tasa de desempleo cayó de 7,6% a 7,2%. Estamos confiados en que vamos a tener una buena cifra de crecimiento, más allá de la sequía.

-Este es un mercado laboral con muchas trabas, super imperfecto. ¿Tienen algún plan para corregirlo?

-No desistimos de nuestro intento de seguir reformando la economía argentina. Independientemente de que tenemos minoría en ambas cámaras del Congreso, intentaremos este año avanzar con reformas del mercado laboral. Tal vez no sean todas las que consideramos necesarias, pero vamos a poder avanzar con algunas de ellas.