Bogotá. Tras una década de la devastadora crisis económica que golpeó varios países, finalmente se ha logrado el punto de inflexión para una reactivación de las economías.

Los mercados globales se están expandiendo, una ola de crecimiento sincrónico está creando empleos, haciendo que las fortunas crezcan y atemperando los temores de descontento popular, publica El Espectador.

Por un lado, Estados Unidos ha sido impulsado por el gasto gubernamental desatado durante la administración anterior, más un reciente recorte de impuestos de US$1,5 billones. En tanto, Europa ha sentido los efectos del dinero barato bombeado por su banco central.

La  convalecencia ha producido una recuperación mundial que dista mucho de ser acelerada, y los riesgos geopolíticos amenazan con acabar con ella. Muchos economistas son escépticos de que los beneficios del crecimiento vayan más allá de la clase educada, rica y políticamente conectada que ha captado la mayor parte del botín en muchos países y ha dejado atrás a los trabajadores.

Según los analistas, no hay garantía de que esta fase expansiva traiga más equidad, pero si el crecimiento fuera a evolucionar, reforzando los salarios y aumentando la seguridad de las clases medias, el inicio sería algo similar al momento actual.

“Ahora el mundo depende menos de unas cuantas estrellas”, dijo Barret Kupelian, economista sénior de la oficina londinense de la compañía global de contabilidad y consultoría PwC. “Si algo malo sucede en una economía, el hecho de que el crecimiento global se haya extendido otorga seguridad de que esto es más sostenible”.

El resultado es una recuperación esperanzadora, aunque frágil, vulnerable a las inclinaciones cada vez más impredecibles de los líderes mundiales.

Estados Unidos, la economía más grande del mundo, está en su noveno año de crecimiento; el Fondo Monetario Internacional ha elevado sus expectativas de expansión a 2,7% para este año, cuando antes había pronosticado 2,3%, debido a los recortes de impuestos.

China ha disminuido los temores de una interrupción abrupta de su trayectoria de crecimiento, que ya lleva décadas. Europa, desestimada como anémica y vejada sin remedio por la disfunción política hasta hace muy poco, está emergiendo como uno de los líderes del crecimiento.

El aumento de los precios del petróleo ha dado aliento a los productores en Rusia y Medio Oriente, mientras que México ha superado hasta ahora los temores de que la retórica comercial del gobierno de Trump afecte negativamente a su economía. Brasil, que aún sufre los efectos de una verdadera depresión, da señales de que se está recuperando.

El resultado es una recuperación esperanzadora, aunque frágil, vulnerable a las inclinaciones cada vez más impredecibles de los líderes mundiales.

Las amenazas de aniquilación nuclear intercambiadas por el presidente Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un han sembrado temores. La salida pendiente del Reino Unido de la Unión Europea, conocida como “brexit”, tiene el potencial de suceder sin un acuerdo, lo que sometería a Europa a una gran incertidumbre sobre las reglas del comercio, especialmente en el terreno de las finanzas.

Además, la confusión generada por las promesas intermitentes de Trump de terminar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte mientras desencadena una guerra comercial con China alimenta el riesgo de descarrilar el crecimiento.

Se espera que la economía mundial crezca un 3,9 por ciento este año y el próximo, según el FMI, frente a los 3,7 del año pasado y el 3,2 de 2016. Esto es positivo. Sin embargo, en los años anteriores a la crisis, el crecimiento global generalmente excedía el 4%.