Las finanzas de Argentina no se verán afectadas si el Gobierno se ve forzado a retrasar la emisión de un nuevo bono por US$1.000 millones la próxima semana, tal como esperan muchos inversores, gracias principalmente al uso de reservas del Banco Central.

La presidenta Cristina Fernández impulsó un decreto para usar US$4.400 millones de las reservas del Banco Central este año y así pagar a acreedores privados, una decisión respaldada por el Senado mediante un proyecto de ley aprobado la semana pasada.

El Gobierno puede usar otros US$2.200 millones en reservas para cumplir compromisos con organismos multilaterales. Y podría continuar accediendo a los fondos de la ANSES, el administrador del sistema estatal de pensiones, y otras entidades públicas, si fuese necesario, dijeron analistas.

"La realidad es que el Gobierno tiene las cajas necesarias como para cubrir la brecha", dijo Federico Cohen, economista de Fundación Capital.

Argentina había planeado emitir US$1.000 millones con el nuevo bono global 2017 para retornar a los mercados internacionales de crédito, junto con una oferta para canjear nuevos bonos y efectivo por US$18.300 millones en deuda incumplida.

Pero el objetivo del Gobierno de emitir el bono a una tasa por debajo de 10% se complicó por la aversión al riesgo asociada a la crisis de deuda europea, y la emisión podría ser demorada, dijo esta semana el ministro de Economía, Amado Boudou.

El precio del papel iba a ser fijado el viernes, pero la fecha fue extendida al martes de la próxima semana.

Boudou describió el nuevo bono global de US$1.000 millones de dólares como "simbólico" y reiteró que Argentina no necesita ese dinero.

Economistas privados en general están de acuerdo con eso, pero dicen que las cuentas fiscales están empeorando por el elevado gasto público, cuyo ritmo de crecimiento está muy por encima del incremento de los ingresos, a pesar de un fuerte repunte de la economía.

El Gobierno enfrenta al menos US$13.000 millones en cumplimientos de deuda este año, y las estimaciones privadas de la brecha de financiación varían ampliamente entre los US$3.000 y los US$7.000 millones.

Carola Sandy, del Credit Suisse, dijo que el Gobierno ni siquiera debería necesitar los US$6.600 millones en reservas del Banco Central para cumplir con sus obligaciones, agregando que estaría "sobrefinanciado" por aproximadamente US$1.000 millones, si lo hiciera.