La calificación de riesgo de Bolivia subió de B a B+, gracias a su estabilidad macroeconómica, solvencia fiscal, reducción de la deuda, según la última evaluación de Fitch Ratings, que sin embargo observa debilidad en la ejecución de la inversión pública, gobernabilidad y clima de negocios.

Según Fitch Ratings, la nota obtenida por el país mejoró pero aún es baja por los factores mencionados y se compara a Venezuela o los países africanos. La calificación obtenida representa el equilibrio alcanzado en materia fiscal y la habilidad de las autoridades para mantener la estabilidad y puntualidad de pagos de su deuda.

Fitch destaca el crecimiento económico de 3,4% el 2009 y la tasa de más de 4% que se espera para el período 2010-2011 gracias a la recuperación de la demanda externa, fortalecimiento del consumo y la inversión pública. También resalta la continua acumulación de las Reservas Internacionales Netas (RIN), que representan hasta el 50% del PIB.

Sin embargo, la calificadora de riesgo observa falencias estructurales evidenciadas por la “debilidad de los indicadores de gobernabilidad y clima de negocios poco favorable, que restringen la habilidad de la economía para crecer a un ritmo más fuerte”.

A su vez, advierte de la débil capacidad de ejecución de la inversión pública, lo cual ha contribuido a mantener un déficit fiscal bajo. “Para el periodo que cubren las proyecciones, Fitch espera que persista la subejecución de las inversiones presupuestadas, lo que mantendrá el balance fiscal controlado, a la vez que se restringe la acumulación de deuda”.

La calificación otorgada al país también advierte la vulnerabilidad de la economía a los impactos de los términos de intercambio, la alta dependencia del gobierno de los ingresos derivados de los commodities y los riesgos que representa la alta (si bien ha ido a la baja) dolarización financiera.

Estos aspectos se ven “parcialmente mitigados por los altos niveles de RIN que actúan como una gran protección contra los impactos externos”, afirmó Erich Arispe, director del Grupo de Soberanos de Fitch.

La calificadora resalta, por otra parte, que las tensiones políticas y sociales se han suavizado considerablemente desde el 2009, con la aprobación de la nueva Constitucción Política del Estado (CPE) y la reelección del presidente Evo Morales.

Además, recuerda que el grado de aprobación de su administración se mantiene alto a pesar del descontento que puedan mostrar algunos sectores de la población al demandar más ayuda y transferencias sociales.

Fitch Ratings considera que esta situación no influirá considerablemente  sobre la estabilidad macroeconómica y cree que la consolidación de la estabilidad política y social y mejora en los factores estructurales que repercutan en el crecimiento, podrían fortalecer la calidad crediticia del país.

Fitch no espera que esta situación influya considerablemente sobre la estabilidad macroeconómica. El gobierno ha mostrado su disposición para pagar su deuda, incluso durante periodos anteriores de mayor desasosiego social.

La consolidación de la estabilidad política y social, así como la mejora en los factores estructurales que resulten en un aumento de la tendencia de crecimiento, podrían fortalecer la calidad crediticia de Bolivia. El fortalecimiento considerable del balance externo y gubernamental, también sería positivo para la calidad crediticia. Por otro lado, la debilidad fiscal que ponga en peligro la estabilidad macroeconómica y la dinámica de deuda, el resurgimiento de las presiones políticas  y sociales, o un alza de las tensiones políticas que afecte la legislación y resulte en desbalances macroeconómicos, podría generar una presión a la baja de las clasificaciones del soberano.

La resistencia de la economía quedó evidenciada por una tasa de crecimiento real del PIB de 3,4% en 2009 (una de las más altas en Latinoamérica), mientras que el crecimiento para el periodo 2010-2011 se mantendrá por sobre el 4%, impulsado por una recuperación de la demanda externa y el fortalecimiento del consumo y el gasto en inversiones públicas.

Una tendencia de crecimiento más alta se encuentra actualmente restringida por los bajos ratios de inversión, que son parcialmente resultado de un clima de negocios poco favorable y una ejecución de inversiones en el sector público menor a la esperada.

Además, de la vulnerabilidad que aún tiene la economía a los impactos de los términos de intercambio, la alta dependencia del gobierno de los ingresos derivados de los commodities (materias primas), y los riesgos que representa la alta (si bien ha ido a la baja) dolarización financiera.

Los recientes y considerables superávit experimentados, así como el alivio de la deuda derivada de la Iniciativa para los Países en Desarrollo Altamente Endeudados (Heavily Indebted Poor Countries Initiative - HIPC) y la Iniciativa para el Alivio de Deuda Multilateral (Multilateral Debt Relief Initiative - MDRI) han reforzado los índices de deuda pública y externa.

La deuda gubernamental ha bajado a 30,4% del PIB en 2009, nivel que se encuentra por debajo de la media de la categoría 'B' (44,5%), para el que además se proyecta una tendencia a la baja. El financiamiento gubernamental debe permanecer manejable, mientras que la composición de la deuda sigue mejorando dado el aumento de la participación de pasivos locales, reduciendo el riesgo que representan los movimientos de las tasas de cambio.

Asimismo, los ratios de solvencia de Bolivia se comparan favorablemente con las medias de la categoría 'B'. El soberano también ha seguido reforzando su posición como acreedor externo neto, mediante la continua acumulación de reservas internacionales, las que actualmente representan hasta un 50%.