El síntoma más claro de que la economía latinoamericana está fallando es que para este año se estima que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en la región sea inferior al de la eurozona.

De hecho, un menor impulso económico de América Latina en comparación con el desempeño de la alicaída zona del euro indica que la situación está realmente mal, particularmente porque es una región postrada en permanente crisis, amenazada por la posible salida de Grecia y temerosa de caer en una “trampa de liquidez” al estilo de Japón, con los riesgos de una larga etapa de estancamiento y deflación.

Así, viendo el cuadro macroeconómico de crecimiento mundial estimado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), sólo Rusia y la comunidad de estados independientes, que engloba a las exrepúblicas soviéticas, un área asolada por la caída de los precios de la energía, la guerra de Ucrania, las sanciones económicas y la ineludible recesión rusa, tendrá un desempeño peor que Latinoamérica.


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Con mejor escenario. Para la eurozona, el FMI estima que la economía crezca en este año 1,3%, dato que significó 0,3 puntos porcentuales por encima de lo pronosticado en el informe de octubre, incluso representa una ligera mejora respecto al crecimiento de 0,9% observado en 2014.

Sus expectativas han ido mejorando como resultado de la caída del precio de los combustibles, lo que liberará recursos a los consumidores europeos y reducirá los costos de producción, y de la depreciación del euro como consecuencia de la expansión monetaria del Banco Central Europeo (BCE), lo que abaratará las exportaciones de los países de la zona.

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Pierde brío. América Latina, por el contrario, se está desacelerando y el crecimiento esperado, inferior a uno por ciento, pone a la región muy cerca del estancamiento.

El FMI estima una expansión de 0,9%, lo que supone una rebaja de 0,4 puntos porcentuales, respecto a la previsión de octubre, y una desaceleración respecto a la tasa de crecimiento de 1.3 por ciento de 2014.

De hecho, Brasil, la economía más grande de la región, entrará en recesión: su PIB se puede contraer uno por ciento, en contraste con un crecimiento de 0.3 por ciento que el FMI preveía hace seis meses.

No obstante, una excepción en el desempeño económico de la región es México, y aunque su PIB se revisó a la baja en 0.2 puntos porcentuales, aun así el organismo internacional prevé un crecimiento en términos anuales de tres por ciento, daro que mejora la tasa anual de 2,1% que se observó en 2014.

Esta tendencia a la baja en el crecimiento de América Latina no es nueva, sino que viene de atrás. Este año marcará el quinto consecutivo de desaceleración económica: tras la recesión de 2009, cuando la economía de la región se contrajo 1.3 por ciento, aunque después el PIB se disparó 6.1 por ciento en 2010, ayudado por una base de comparación favorable y la rápida recuperación de los precios de las materias primas.

Pero a partir de ahí entró en una imparable senda de desaceleración que la ha llevado casi al estancamiento, toda vez que en 2011 creció 4,9%, en 2012 aumentó 3,1%, en 2013 su tasa de crecimiento fue de 2,9%, en 2014 subió 1,3%, y la estimación para este año es de una tasa de crecimiento anual de 0,9%.

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Seducción bajo fuego. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué ha sucedido para que se torciera la trayectoria de la prometedora región de América Latina? Veamos lo que ha acontecido en los últimos años.

Un cambio estructural importante fue que el destino de la economía de América Latina, de por sí asociado al comportamiento de las materias primas, se fue desligando de la actividad económnica de Estados Unidos y se fue atando al desempeño de China.

Como nunca antes en el pasado, el petróleo de Venezuela, Brasil, Colombia o Ecuador se dirigió al mercado chino, el mineral de hierro de Brasil, el cobre chileno y peruano, el oro de Perú, la soya brasileña.

En esos productos y en esos países se concentraron las exportaciones de América Latina a China. De hecho, ese comportamiento y sus consecuencias se explican porque esas naciones, junto con México, son las economías más grandes de la región y las que dirigen el rumbo de su crecimiento.

AL aumenta participación. Los casos más emblemáticos, en ese cambio de dirección, son Brasil, Chile y Perú, que juntos representan 50 por ciento del PIB de América Latina.

Los tres, en los últimos años, han cambiado a Estados Unidos por China como su principal socio comercial. Brasil, que en 2006 vendía seis por ciento de sus exportaciones totales a China, ha triplicado su peso y en 2014 entregó 18 por ciento de sus bienes y mercancías.

En ese mismo lapso de tiempo, Chile pasó de 8.8 por ciento a 24.4 por ciento y Perú de 9.5 a un 18.3 por ciento.

En términos agregados, esos tres países han pasado de exportar a China 7.2 por ciento de sus exportaciones totales en 2006 a 19.5 por ciento en 2014; en cambio las ventas a Estados Unidos bajaron, en ese período, de 17.9 a 12.5 por ciento.

Así, la estrategia de reorientar las exportaciones, sobre todo de las materias primas, a China le produjo excelentes dividendos a la región tras la Gran Recesión a escala global de 2008-2009.

Motor global. Por un lado, China emergió como la gran locomotora económica mundial impulsada por un gran paquete de estímulo fiscal y una política monetaria expansiva. Por otro lado, los precios de las materias primas rebotaron con virulencia como resultado de la demanda del gigante asiático y la inyección monetaria global, sobre todo de Estados Unidos, lo que convirtió a las materias primas en atractivos activos refugio frente a la debilidad del dólar. Pero ese mundo ideal se ha ido torciendo.

Primero, China ha entrado en una senda de desaceleración que es una calca de la tendencia observada en América Latina.

Así, el ciclo económico de la segunda economía del planeta dicta el rumbo latinoamericano. China, cuya espectacular expansión económica estaba patrocinada por el explosivo aumento del crédito y la inversión, está mudando su modelo de crecimiento a uno más sostenible en el que la demanda interna vaya ganando más peso. La consecuencia ha sido que ha entrado en un ciclo de crecimiento moderado, toda vez que la economía asiática, que en 2010 reportaba tasas de dos dígitos (10.4 por ciento), crecerá este año, según el FMI, 6.8 por ciento, cifra que significó su tasa de crecimiento anual más baja desde 1990.

Entra en pausa. En el informe del FMI se corroboró que el dato del PIB de China muestra que que su economía pierde fuelle: la expansión durante el primer trimestre de este año fue de siete por ciento, en términos anuales, dato inferior comparado con el aumento de 7.3 por ciento del trimestre anterior. De hecho, esa tasa trimestral es la más baja desde 2009.

Los modelos estadísticos del Banco Mundial establecen que por cada punto porcentual que disminuye el crecimiento de China impacta a América Latina con una caída en el crecimiento de 0.6 puntos porcentuales. Pero además, la desaceleración de China ha ido acompañada de una menor demanda de materias primas y, por consiguiente, de un declive en sus cotizaciones.

Desde los máximos de este ciclo, el mineral de hierro se ha despeñado 63 por ciento, la plata 66 por ciento, el petróleo 51 por ciento, el aceite de soya 47 por ciento, y el cobre y el oro 36 por ciento.

El debilitamiento de la demanda junto con las menores cotizaciones ha implicado que el año pasado se observara una caída en las exportaciones a China.

El año pasado, las exportaciones de Brasil a China se contrajeron 11.8 por ciento, las de Chile 3.4 por ciento y las de Perú 5.2 por ciento, en todos los casos en términos anuales.

De hecho, ese menor desempeño ha puesto presión en las cuentas corrientes externas de los países latinoamericanos, así como en sus finanzas públicas, lo cual se ha traducido en recientes depreciaciones en las divisas de la región.

México, con menor deterioro. A América Latina le tomó desprevenida la desaceleración de China y la abrupta caída de las materias primas. México, cuyo principal mercado es Estados Unidos, una economía en plena expansión, es de los países que ha salido más ileso.

Es por eso que su crecimiento de tres por ciento supera en mucho el promedio de 0.9 por ciento esperado para América Latina. Aun así, el crecimiento de México será inferior al pronosticado para la economía mundial en 2015, el cual se ubicó en 3.5 por ciento, y muy inferior al de las economías en desarrollo de Asia.

En Latinoamérica le superarán países como Perú con una estimación de su PIB de 3.8 por ciento o Colombia con una tasa anual de crecimiento de 3.4 por ciento.

A todo esto hay que sumar los riesgos que para la región implica el que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) pueda empezar a subir las tasas de interés este mismo año, lo que ya ha derivado en episodios de volatilidad en Latinoamérica. Sí, un ciclo de alzas de tasas en Estados Unidos llega en mal momento para la región, en sus momentos más bajos, con varias vulnerabilidades: recesión en Brasil, fuertes crisis en Venezuela y Argentina, cuyo acceso al financiamiento está cerrado en los mercados internacionales, y desequilibrios fiscales y externos en algunos casos acuciantes. El FMI ya dijo que quedaron atrás los tiempos de las “vacas gordas”.