Berlín. La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, dieron muestra de unidad en una cumbre este lunes, tras semanas de tensiones entre los dos países, cuya alianza se considera fundamental en Europa para la cohesión política del continente.

Los dos líderes intentaron llegar a compromisos sobre el principal tema de disensión últimamente: cómo remodelar la eurozona para evitar que crisis económicas como la de Grecia afecten a la moneda común.

Merkel admitió que Europa necesita un "gobierno económico" más integrado -un argumento francés que Alemania se resistía a aceptar-, mientras que Sarkozy aceptó que dicha coordinación debería darse principalmente entre los 27 integrantes de la Unión Europea, y no -como insistía Francia hasta ahora- en el círculo de 16 países que integran la eurozona.

"Ambos dimos un paso el uno hacia el otro", dijo Sarkozy en una rueda de prensa tras las conversaciones de los líderes en la sede del gobierno en Berlín.

En los últimos meses, la relación entre Francia y Alemania se ha visto sacudida por una tensión desconocida desde que los dos países superaron su enemistad histórica y se asociaron para liderar la integración de Europa en la década de 1950. La crisis de deuda en Grecia y otros países del sur de Europa ha puesto de manifiesto las profundas diferencias entre Berlín y París en cuanto a política económica y sobre la estructuración futura de Europa.

Alemania considera la crisis en el sur de la eurozona como un síntoma del fracaso de otros países para imitar la disciplina fiscal alemana y las modificaciones estructurales de su economía. Las soluciones que propone se centran principalmente en obligar a otros países a reducir sus déficit públicos.

Por su parte, Francia cree que el gran superávit comercial de Alemania y su débil demanda interna son parte del problema de la eurozona, ya que obligan a economías más débiles a pagar sus importaciones con deuda en lugar de con exportaciones al mercado alemán, que es el mayor de Europa.

Merkel y Sarkozy chocaron en mayo por la renuencia de Alemania a respaldar el fondo de rescate para países de la eurozona que, como Grecia, pierdan el acceso a la financiación en los mercados de bonos. Alemania aceptó la creación del fondo sólo si se aceptaban condiciones estrictas, como una dolorosa austeridad presupuestaria en los países que recurran a esta ayuda.

En el marco de los temores del mercado a que España sea el próximo miembro de la eurozona que recurra a esta ayuda para apuntar su sistema bancario, Merkel dijo que no desea alimentar rumores que podrían convertirse en profecías autocumplidas. Sin embargo, también dijo que España, como los demás países de la eurozona, sabe que tendrá acceso a las ayudas de la UE si las necesitara.

La cumbre franco-alemana del lunes estaba prevista para hace una semana, pero la reunión se aplazó a última hora, según los franceses por culpa de los alemanes y viceversa. Esto pone de manifiesto el clima "glacial" del que últimamente han hablado tanto franceses como alemanes.

Con todo, el lunes los líderes de ambos países intentaron por todos los medios presentar un frente unido. "Francia y Alemania están más decididas que nunca a hablar con una sola voz", dijo Sarkozy.

El presidente francés aseguró que lo que los observadores externos podrían considerar tensiones entre los dos presidentes se debe al carácter inflexible de ambos: "A la señora Merkel hay que convencerla [con argumentos], igual que a mí", señaló.

Pero Francia y Alemania siguen mostrando opiniones opuestas sobre la importante cuestión de qué debería hacer el "gobierno económico" de Europa. La ministra de Finanzas gala, Christine Lagarde, ha pedido "coordinación y eficacia ejecutiva" que garanticen la reducción de los desequilibrios económicos entre países fuertes y débiles.

Eso implicaría, como Lagarde ha dicho en repetidas ocasiones este año, que Alemania debería aumentar su demanda interna para ayudar a crecer al sur de Europa, en lugar de reducir los salarios en el país para maximizar las exportaciones germanas.

Berlín sigue rechazando el consejo, ya que teme una pérdida de competitividad mundial. En su lugar, sus propuestas hasta la fecha se han centrado en los modos de conseguir que otros países impongan una mayor disciplina presupuestaria.

"Los alemanes creen que tienen el modelo económico correcto y no se dan cuenta de que podrían ser parte del problema", dijo Ulrike Guerot, alto representante del Consejo Europeo de Asuntos Exteriores.