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Ganó Trump, ganó la incertidumbre en los mercados
Jueves, Noviembre 10, 2016 - 10:03

La reacción inicial que tuvieron los precios de los principales activos del mundo es una muestra de lo que está por venir.

Observa.com.uy Incertidumbre. Esa es la condición que primó en los mercados en los últimos meses y que se verá exacerbada tras la victoria del candidato republicano Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos. ¿Que a cuánto va a estar el dólar a fin de año? ¿Que si las exportaciones uruguayas se van a recuperar el año que viene? ¿Que si Uruguay va a poder seguir endeudándose a tasas bajas? El triunfo de Trump introduce una cuota adicional de imprevisibilidad a un mundo ya de por sí reticente a las proyecciones de economistas y politólogos.

En el corto plazo, esa incertidumbre recae por completo en los mercados financieros. La reacción inicial que tuvieron los precios de los principales activos del mundo es una muestra de lo que está por venir. Trump representa para los mercados una incógnita difícil de digerir. Las amenazas proteccionistas y su impronta confrontativa en el plano de las relaciones internacionales ponen en riesgo los frágiles equilibrios en los cuales descansan las expectativas de recuperación de la economía mundial.

Durante la campaña, Trump se presentó a sí mismo como un perro suelto que persigue sus instintos sin medir consecuencias, y esa lógica es contraria a la que domina al mundo de los inversores y las finanzas, que se alimenta de la estabilidad y la previsibilidad a la hora de hacer sus apuestas.

Esa mayor incertidumbre –antes de Trump, abonada por la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea, la actividad del Estado Islámico y la crisis política en grandes países emergentes como Brasil–, tiene como respuesta una mayor sensibilidad de los inversores ante pequeñas decisiones o incluso cambios en el discurso de los que manejan la política mundial.

Los mercados financieros van a estar atentos a cada palabra del presidente electo de Estados Unidos. Toda reafirmación de sus posturas proteccionistas o cualquier exabrupto diplomático tendrán su correlato en las monedas y los demás activos financieros. Un giro más medido y conciliador de su discurso será visto como una bienvenida moderación que aliviará las tensiones. En todo caso, la volatilidad estará a la orden del día en los próximos meses.

El desafío para Uruguay será sortear una a una las olas que generen esos vaivenes en los mercados de capitales y no asumir como permanentes cambios transitorios en el ánimo de los inversores. Debe tener la flexibilidad para acompañar a los países de referencia en la evolución del tipo de cambio, estar atento a las amenazas y oportunidades que surjan de los mercados de deuda soberana, y no depender de la suerte de la moneda estadounidense y el precio de los commodities para mantener a raya la inflación.

En el mediano plazo, la incertidumbre pasará a cargarse sobre los flujos comerciales y de inversión. Es difícil pensar que el énfasis que puso Trump en su campaña en la defensa de medidas nacionalistas, proteccionistas y antiglobalización pueda ser abandonado sin más una vez que se asiente el polvo de la campaña, en aras de la gestión.

Quizás los países de América Latina, y en particular Uruguay, hayan llegado tarde en su reciente empeño por procurar nuevas alianzas más allá del Mercosur y los socios tradicionales. La región busca la apertura comercial en un momento en el cual el mundo, encabezado por las potencias anglosajonas, prefiere cerrarse. La incertidumbre no solo viene dada por las medidas concretas que pueda adoptar Estados Unidos sino también por la respuesta que esas políticas generen en el resto de los grandes mercados.

Ahí se juega Uruguay el partido para una verdadera reactivación del crecimiento económico y la estrategia que despliegue el gobierno va a ser fundamental para alcanzar el objetivo de mejorar la inserción externa. En un terreno cargado de obstáculos y reticencias desde el exterior, los pasos en falso y las desinteligencias domésticas se van a pagar muy caros.

Las cartas ya están echadas, pero poco nos dicen sobre lo que está por suceder.

 

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