Cuando la Organización Internacional del Trabajo anunció en su informe que Venezuela era una de las pocas economías en la región cuyo salario mínimo había caído 5% en 2010, se activaron las alarmas sobre la necesidad de mejorar ese indicador más allá de la inflación para no salir reprobado en el informe anual de la OIT.

En lo interno, el gobierno, que se "picó" por los datos de la organización, se ufana de decir que los venezolanos tienen el mejor salario de América Latina, pero cuando se analizan las cifras de los organismos internacionales, la realidad se impone.

Si se aprueba un aumento de 30% y la inflación cierra en ese entorno, puede haber un "equilibrio" o se puede registrar una sustancial menor caída del salario real con respecto a 2010.

Y si es 35%, como se ha venido señalando, es muy probable que para finales de este año, la OIT reporte que en Venezuela se recuperó el salario real mínimo, lo que se convertirá en una bandera.

Eso no le vendría mal al gobierno para el arranque de un año electoral en el que lo mediático también funciona.