Atenas. Grecia se preparaba este martes para una huelga general de 48 horas contra un nuevo plan de austeridad, que el Parlamento votará esta semana para asegurar que el país pueda cumplir las metas acordadas con sus acreedores externos.

La basura se amontonaba en las calles de Atenas y los barcos permanecían varados en el principal puerto de la ciudad, en el preámbulo de una huelga convocada para el miércoles y el jueves por sindicatos que representan a cerca de la mitad de los 4 millones de trabajadores griegos.

Una ola de huelgas más reducidas en los últimos días, protagonizadas por grupos que van desde los recolectores de basura hasta funcionarios de la oficina de impuestos y periodistas, ha oficiado de anticipo de las protestas de esta semana que culminarán con una manifestación masiva frente al Parlamento, escenario de violentos incidentes en junio.

La protesta, apodada "la madre de todas las huelgas" por el diario Ta Nea, sería la mayor desde que comenzó la crisis hace dos años y provocaría el cierre de oficinas estatales, del comercio e incluso de tiendas de consumo diario como las panaderías.

El primer ministro George Papandreou, que enfrenta la presión de los acreedores externos para lanzar medidas incluso más duras, ha llamado a la unidad, diciendo que el plan de austeridad, que sería votado por el Parlamento este miércoles o jueves, debe ser aprobado para que Grecia salga de la crisis.

"El país está en un momento crucial y tenemos que estar unidos. En esta batalla, los necesitamos a todos", dijo el primer ministro en una reunión de gabinete celebrada en la noche de este lunes. "Todo el mundo debe asumir sus responsabilidades", afirmó.

Mientras los líderes europeos corren contra el tiempo para tener un nuevo plan de rescate listo para la cumbre del 23 de octubre, crece la especulación sobre una intervención más directa que restringiría la soberanía griega a cambio de más ayuda.

Algunos países europeos presionan para que un grupo especializado de la Comisión Europea reciba poderes directos para intervenir en áreas tales como la supervisión del plan de privatizaciones

A última hora del lunes, Papandreou sufrió un revés cuando el legislador oficialista Thomas Robopoulos renunció en rechazo a los nuevos recortes, aunque las normas del país permiten que sea reemplazado por otro miembro del partido gobernante, dejando intacta la mayoría de cuatro asientos del Gobierno.

Otros dos legisladores oficialistas también amenazaron con votar en contra del plan, pero dado que uno de los partidos más pequeños de la oposición votaría a favor, el paquete sería aprobado.

El plan incluye nuevas alzas de impuestos, recortes salariales, despidos del sector público y cambios en las normas de negociación colectiva.

Atrapada en una profunda recesión desde hace tres años, Grecia enfrenta una deuda pública que equivale a cerca del 162% del Producto Interno Bruto y hay crecientes dudas de que pueda salir de la crisis sin declarar antes una cesación de pagos.

En una muestra de la gravedad de la crisis, el martes se conoció que el desempleo subió a un 16,5% en julio, un mes en el que tradicionalmente el turismo da un impulso al empleo.

Una misión de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional dejó Atenas la semana pasada tras recomendar el desembolso de un nuevo tramo de ayuda, pero dijo que Grecia estaba rezagada en el cumplimiento de sus metas presupuestarias.

El Parlamento abrirá posteriormente el martes lo que serán tres días de debate, después de que Papandreou se reúna con miembros de su partido PASOK para cerrar filas en torno al plan.