Atenas. El gobierno de Grecia buscó este martes aplacar la ira helena por los planes de la Unión Europea de desplegar un equipo permanente de inspectores extranjeros para supervisar las finanzas del país, lo que fue visto por muchos griegos como una humillante renuncia a la soberanía.

En una señal de la desconfianza entre Atenas y los prestamistas extranjeros después de años de promesas incumplidas de Grecia, los ministros de Finanzas de la zona euro exigieron una "presencia mayor y permanente" de inspectores de la UE para asegurar que el país cumplirá con los punitivos términos de un rescate de 130.000 millones de euros (US$172.000 millones) para evitar la moratoria.

La idea de que los inspectores extranjeros -apodados "comandos" en la prensa griega- estén en Atenas hurgando las cuentas nacionales ha enfurecido al ciudadano griego, cuyo sentido del orgullo nacional ya ha sido herido por la amenaza de la bancarrota.

"Es como si no tuviéramos gente educada o capaz en Grecia para gobernar el país", dijo el comerciante de frutas de 67 años Raptis Michalis.

Pero el portavoz del Gobierno, Pandelis Kapsis, dijo que no ve "nada dramático" en la exigencia.

"Habrá algunos equipos para asistencia técnica en Grecia, que nos ayudarán a recopilar y supervisar correctamente los datos, eso es todo", dijo Kapsis a la televisión griega.

El ministro de Desarrollo, Mihalis Chrysohoidis, le dio un giro positivo al tema cuando afirmó a Reuters que una presencia permanente sería "beneficiosa y funcional".

"No crea ningún problema. Por el contrario, ayudarán a Grecia y transferirán conocimiento", sostuvo.

La Comisión Europea tiene en estos momentos un "equipo de trabajo" para Grecia de cerca de 50 funcionarios, la mayoría de los cuales visita Atenas intermitentemente para asesorar a los Ministerios sobre las reformas necesarias para mejorar la competitividad de la economía y rebajar la enorme deuda del país.

El equipo, que empezó a trabajar en septiembre del año pasado, está dirigido por un funcionario de Alemania, el país más escéptico respecto al compromiso griego de reformar la economía y recortar el gasto y los empleos del abultado sector público heleno.

La crisis de deuda ha visto llegar las relaciones entre Atenas y Berlín hasta amargas asperezas. La prensa griega y los manifestantes callejeros han recordado con frecuencia la ocupación de Grecia por la Alemania Nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Funcionarios de la UE dijeron que los detalles del nuevo sistema de vigilancia se irán concretando esta semana.

El país se comprometió con un recorte de 3.300 millones de euros en sueldos, pensiones y empleos, pero los líderes de la UE han perdido la paciencia con el fracaso griego de mantener promesas anteriores de ajustes.

Bajo los términos del rescate, el segundo para Grecia desde el 2010, Atenas tendrá además que depositar fondos para pagar su deuda en una cuenta especial para garantizar los pagos.

"La cuenta manejada por terceros sugiere que el país no es confiable", dijo George Koumoutsakos, un diputado griego en el Parlamento europeo.

Koumoutsakos es un miembro del partido Nueva Democracia, la mitad conservadora de la coalición de Gobierno de dos partidos.

Con una elección en abril, el partido y su líder, Antonis Samaras, están persiguiendo un delicado equilibrio entre apoyar el rescate y criticar sus términos.

Si bien a Koumoutsakos no le gusta la cuenta manejada por terceros, criticó más fuertemente el programa de supervisión. "El mecanismo de vigilancia es mucho más degradante", dijo.