Atenas. Los airados griegos siguen tomando las calles de Atenas para protestar contra las medidas de austeridad, pero muchos dicen sentir que su malestar hará poco por cambiar su destino o frenar la caída de su endeudado país a la bancarrota.

Este miércoles, miles de funcionarios dejaron sus puestos de trabajo para manifestarse contra los recortes de presupuesto, las subidas de impuestos y los despidos que el Gobierno dice son necesarios para sacar a Grecia de una enorme crisis fiscal que ha sacudido los mercados mundiales y la eurozona.

Decenas de jóvenes se enfrentaron con la policía tirando piedras, pero la mayoría de los manifestantes marcharon de forma pacífica, decididos a que su voz sea escuchada aunque admiten que no esperan que tenga mucho efecto sobre los políticos, que han dejado de escuchar.

"En el fondo creo que ya hemos ido a la bancarrota, pero debemos seguir luchando", dijo Nili Xydous, de 52 años y que tiene dos hijos desempleados y un marido que se arriesga a perder su puesto en el Estado.

"Quiero que el Gobierno dé un paso atrás, pero ¿de qué sirve tener elecciones ahora? Nada va a cambiar", agregó mientras protestaba en la plaza Klafthmonos -o plaza de las Lágrimas-, bautizada en honor de los funcionarios civiles que se manifestaron allí hace un siglo por sus derechos laborales.

La del miércoles es la primera huelga nacional en meses, pero sigue a otros paros convocados por los sindicatos desde que Grecia recurrió el año pasado a la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional para el primero de sus dos grandes rescates.

En la mitad de su legislatura de cuatro años, el Gobierno socialista está por detrás del conservador partido Nueva Democracia en los sondeos de opinión, pero el creciente malestar con los políticos implica que los partidos de oposición no se han beneficiado mucho de la ira ciudadana.

Aunque la mayoría de los griegos quiere seguir utilizando el euro, las encuestas indican que casi cuatro de cada cinco espera que el país se declare en suspensión de pagos de su enorme deuda en cuestión de meses.

"No, no queremos volver al dracma, pero quizá tengamos que llegar al fondo para empezar de nuevo", comentó Petros Kloutsos, un funcionario de 54 años. "Ahora no tenemos dinero ni para comida. ¿Cómo llegaremos a fin de mes?", agregó.

Pese a la última ola de reformas, el Gobierno dijo esta semana que no cumplirá su objetivo de déficit para 2011 y pidió al público que muestre solidaridad y acepte las reformas.

Frente al Parlamento, los manifestantes que portaban banderas negras y carteles de "¡Resistimos!" y que acusan el golpe de las medidas de austeridad y un desempleo por encima del 16 por ciento dijeron que temen que lo peor esté por llegar.

"Sólo podemos gritar y resistir e incluso eso parece difícil ahora", dijo el profesor de 60 años Costas Stylianou, que protestaba con su esposa. "No hay forma de que nos saquen de esta crisis, sólo nos están hundiendo más en ella", añadió.

"No hemos llegado al punto de no tener nada que comer, pero no sé si tendré suficiente para pagar mi préstamo el mes que viene. Veo días duros por delante", sostuvo.