Budapest. El gobierno de Hungría seguirá adelante con los planes para implementar un impuesto bancario, desafiando los pedidos del FMI y la UE por mayores recortes de gastos estructurales, en momentos en que se prepara para unos comicios locales.

El gobierno ha mostrado muy poca sensibilidad a los mercados después de ganar una elección parlamentaria en abril y los analistas creen que es poco probable que ceda en los puntos de conflicto con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, para evitar perder el respaldo de los votantes.

El florín cayó con fuerza después de que la UE y el FMI suspendieran el fin de semana una revisión de un acuerdo con el gobierno húngaro por 20.000 millones de euros firmado en octubre de 2008 para evitar un colapso de su sistema financiero.

Las conversaciones se rompieron por la falta de disposición del gobierno a implementar medidas de ajuste exigidas en el programa de rescate.

El primer ministro Viktor Orban rechazó las acusaciones de la UE y el FMI, diciendo que es de "exclusiva responsabilidad nacional" de Hungría decidir cómo alcanzar la meta de un déficit fiscal de 3,8% del PIB en el 2010.

En una conferencia de prensa en Berlín, Orban indicó que discutirá el próximo presupuesto con la UE, pero que no tenía sentido analizar temas de largo plazo con el Fondo Monetario Internacional tras la suspensión de las negociaciones.

"Necesitamos alcanzar un acuerdo no con el FMI, sino con la UE sobre cómo reducir nuestro déficit desde 3,8% a un nivel inferior a 3%. Lo haremos", sostuvo Orban en la conferencia, flanqueado por la canciller alemana, Angela Merkel.

"Haremos nuestro presupuesto para el próximo año con la Unión Europea, en línea con estas negociaciones", agregó Orban.

El primer ministro declaró que su país había tenido un desempeño de un campeón mundial a la hora de consolidar sus finanzas. Merkel dijo que aunque Hungría no es parte de la zona euro, las normas presupuestarias de la UE se aplican a todos los países.

El partido de gobierno, Fidesz, ganó más de dos tercios de los escaños en el Parlamento, dando a Orban el margen suficiente para cambiar cualquier ley.

El partido oficialista se ha ceñido a sus promesas de campaña de reducir impuestos y crear empleos para estimular el crecimiento económico, en lugar de buscar los profundos recortes solicitados por los prestamistas y adoptados por el Partido Socialista, castigado por los votantes en la elección de abril.

Lajos Kosa, vicepresidente del Fidesz, despertó las alarmas el miércoles al señalar que el FMI debería ser realista al considerar una meta para el déficit fiscal en 2011 del 2,8%.

"Es obvio que la situación de Hungría es una de las más difíciles entre todos los miembros de la Unión Europea. En esta situación, esperar que bajemos el déficit (...) lo pueden decir, pero no va a funcionar", dijo en la cadena televisiva M1.

"El FMI debe ser consciente y permanecer conectado a las realidades", afirmó.

Los analistas no ven posible un cambio de postura en el gobierno a corto plazo.

"Orban se apega a un asunto que él cree puede ganar (...) y creo que con el impuesto bancario no va a retroceder", dijo Csaba Toth, analista político del instituto Republikon.

Según él, en algún momento se llegará a un acuerdo con la UE y el FMI, pero sólo después de intensas negociaciones.

Fidesz quiere aprobar el impuesto bancario el jueves para recaudar 200.000 millones de florines (US$900 millones) en impuestos al sector financiero este y el próximo año, aún cuando los prestamistas sostienen que la reducción del déficit debe basarse en medidas estructurales, especialmente en el 2011, para hacer sostenible el presupuesto a largo plazo.

Con esto, busca maximizar su respaldo para la elección local del 3 de octubre. Adoptar las medidas de austeridad que tanto criticó durante su campaña electoral podría costarle el respaldo de los votantes.

Una vez que concluya la elección, los analistas creen que Fidesz debería tener un mayor margen de maniobra, con la próxima elección nacional recién en el 2014.